Pabellón Político

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son imprescindibles", Brecht

Asco y pena

Publicado por Indalecio González Bergez en 16 - julio - 11

Lo que dijo Fito Paez es una pálida sacarina comparado a lo que realmente debe decirse del electorado porteño. Que el diario Página 12 quiera limpiar silencios hipócritas de sus plumas entregandole la contratapa merece una crítica a parte. Sinceremos de una vez por todas el mensaje. Todo el mensaje. 678 lucha todos los días por aclarar quien es quien y desde dónde habla cada uno. Página 12 tiene que tener en la pluma propia notas sobre el triste electorado porteño al que nada le importa el Fino, Posse, la UCEP y el me recago en el prójimo del propio Macri. Lo tiene que hacer porque es Página 12. Quién es quién y el lugar de pertenencia desde donde se opina es algo que defendemos desde 2003 como nunca antes.

Lo que dijo Fito Paez queda en un muy segundo plano y no tiene ninguna importancia.
¿Qué dijo? Nada. Nada que no sepamos. Nada nuevo.
¿Dónde lo dijo? En la contratapa de Página. Todo está en su lugar. ¿Qué nos exalta!?

El flaco favor a Filmus? El 30% de Buenos Aires está de acuerdo. Un 50% cree que Fito es un boludo, que el gobierno nacional una dictadura o que CFK es la amante de Amado. A quién le importa!? Dentro de ese 50% dicen muchos hay un votante de CFK. Pensemos un minuto en ese votante. Pensemos en su perfíl. Pensemos en el voto a Macri y su razón. La conclusión más fácil y seguramente más cierta es que el tipo no quiere cambios. Como estamos, estamos bien. Bueno, ese voto de Macri leerá la nota de Fito y… votará nuevamente por Macri? Ahora el punto importante es el 20% de Pino y demás. Ese es el voto! Qué piensa el votante de Pino de Paez? Cuánto le importa a ese votante a conquistar que un artista como FP diga tan claramente que Macri da asco?

Lo más probable es que nada cambie la contratapa en cuanto a voto. Solo sirve para que el 50 aludido ponga el grito en el cielo, como lo hace con las carteras, el luto mentiroso o la bipolaridad de la presidenta. Me parece que la crítica de los propios tiene más que ver con la impotencia por la paliza y canalizó una tristeza o bronca por el lugar equivocado. Las cartas están totalmente echadas. Y por suerte! Era hora de ubicarnos y ubicarlos públicamente. Era hora!

Norberto Galasso en su Carta abierta a Fito Páez fue más claro: no dan asco, dan pena. No son unos hijos de puta, son unos pobres imbéciles que votan por un sentido de pertenencia a una clase que los oprime. Son idiotas útiles.

Y vaya si le asiste razón. Cuando la confusión llegó al río en 2008, 300 mil porteños se manifestaron en defensa de los intereses de los dueños de la carne y el pan. Reclamaban mejores ganancias para el almacenero aún a su propia costa. Y no era un acto solidario por la bonanza propia, fue un acto estúpido propio del idiota útil.

El próximo 31 de julio Buenos Aires votará nuevamente y muy probablemente le dará 4 años más a Posse, el Fino, la UCEP, el aumento del ABL, el recorte al Garrahan, el abandono total a lo público, Macri y la recalcada… Lo hará por necesidad de pertenencia. Por la triste necesidad de pertenencia al club donde los pisan y desprecian. Dan asco. Dan pena.

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Por Indalecio González Bergez
indaleciogb@gmail.com

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Brillante

Publicado por Indalecio González Bergez en 16 - julio - 11

LOS VOTANTES PORTEÑOS

Carta abierta a Fito Páez

Publicado el 14 de Julio de 2011. Tiempo Argentino

Por Norberto Galasso
Historiador.

No hay que confundir al enemigo, Fito. Si hay que tener asco, tengámoslo a los responsables del aparato mediático y cultural, los que tergiversaron la Historia y la economía, los que robaron la capacidad de razonar a muchos compatriotas, no a estos. A estos hay que convencerlos.
Estimado Fito: Comprendo tu reacción, tu bronca, tu explosión en caliente, propia de un artista. Pero así como la comprendo no la comparto. No me da asco ese 47% de votos macristas. Me da pena.
En todas las grandes ciudades de América Latina y de cualquier otro país dependiente, las minorías privilegiadas utilizan todo su poder para dominar a los sectores medios, para ponerlos de su lado, para infundirle falsedades. Jauretche lo llamaba la “colonización pedagógica”. Igual que a vos le provocaba grandes broncas, pero distinguió entre los promotores de la mentira y los engañados. Quizás los primeros le dieron asco igual que a vos, los otros le daban pena y trataba de desazonzarlos.
El fenómeno es semejante en Buenos Aires, como en Lima o Guayaquil y otras grandes ciudades. Hay que disputar la influencia sobre los sectores medios y destruir los mitos con los que quieren dominarlos.
Desde los letreros de las calles y los nombres de los negocios (basta darse una vuelta por la avenida Santa Fe), desde los cartelitos de las plazas y las estatuas de los supuestos próceres, desde las grandes editoriales y los “libros de moda”, convertidos en best sellers por los comentarios pagos, desde la prédica liberal en economía y la prédica mitrista en Historia, desde las geografías exóticas y los literatos que cultivan la evasión y lo fantástico, desde la TV farandulizada y superficial, con mesas redondas de bajísimo nivel político alentada por los dueños del privilegio, desde gran parte de los periodistas vendidos al mejor postor, y académicos y catedráticos tramposos, todo ese mundo domina el cerebro de amplios sectores medios que se suponen cultos, se suponen radicalmente superiores a los “oscuramente pigmentados”, se suponen ejemplo de moral (aunque evaden impuestos, se roban ceniceros de los bares y toallas de los hoteles). Sobre ellos recae también la literatura que Franz Fannon llamaba de “los maestros desorientadores”. Vos los conocés, los Marcos Aguinis, los Asís, los  Kovadloff, y las peroratas con latines de aquel viejo comando civil que se llama  Mariano Grondona, y tantos otros.
Pobre gente, Fito. Con todo eso que le tiran encima a la clase media, una buena parte de ella termina votando a Macri. Están presos de un engaño enorme: creen que Macri gestiona (cosa que hace mal o simplemente no hace) y que Macri no tiene ideología (la tiene y bien de derecha). Por otra parte fue el responsable del contrabando de autos cuando dirigía empresas de su padre, además de las escuchas telefónicas, la eliminación de becas y subsidios escolares, los negociados con empresas constructoras (única explicación de las bicisendas), lo mismo que su molestia porque los hospitales de la Ciudad atienden a gente “morocha” del Conurbano.
Se trata, además, que cierta parte de la clase media vive su pequeña vida: asegurarse las vacaciones para el verano, lavar el auto los domingos con más ternura que la que le dedica a la esposa, han mejorado su nivel de vida con los Kirchner y no quieren olas, que nada cambie y creen que algo habrá hecho Macri para esa mejoría que tuvieron. No les importa que el hospital público no funcione porque tienen medicina prepaga y han sido formados en el individualismo. No les importa que en el Borda se mueran de frío porque tienen estufas de tiro balanceado, no les importa que en las escuelas públicas falten materiales porque sus hijos van a escuelas privadas donde, como “el cliente siempre tiene razón”, aprueban. Además, creen en el dios Mercado –no obstante que el mercado libre del menemismo a muchos los dejó deteriorados o fundidos– pero no comprenden a los sindicalistas y se les eriza la piel cuando lo ven a Moyano. Y bueno, son así, Fito. ¿Qué le vas a hacer?  Lo que no justifica tu asco, sino en un momento de bronca.
En la vida es necesario a veces tener asco y tener odio también. Eso me lo enseñó el confesor de Eva Perón, el sacerdote Hernán Benítez. Me decía: “Mire, m’hijo, hay que odiar. Hay que odiar a todos los que frustraron el país, lo entregaron, provocaron miseria y represión. Yo, todas las mañanas, me doy un baño, me tomo una taza de café caliente y después me siento en mi sillón y odio…” Yo me asombraba y le decía: “Pero, padre, usted es un cristiano…” Y él seguía: “Sí, odio (no asco, Fito). Odio a la oligarquía (ya lo dijo también ese talento que es Leonardo Favio en una canción), odio a Bernardo Neustadt, odio al almirante Rojas… Sabe después qué bien me siento para el resto del día.” Así hablaba un cristiano de la Teología de la Liberación.
Por eso no hay que confundir al enemigo, Fito. Si hay que tener asco, tengámoslo con los responsables del aparato mediático y cultural, los que tergiversaron la Historia y la economía, los que robaron la capacidad de razonar a muchos compatriotas, no a estos. A estos hay que convencerlos. Con la modestia que usaba Jauretche: Usted tiene que avivarse (vea 6,7,8, escuche a Víctor Hugo). Se lo aconsejo yo –decía–, que no me creo un vivo, sino apenas “un gil avivado”.
Hay que ganarlos, Fito. No ratificarles que pertenecen al bando del privilegio donde está la Sociedad Rural (¿cuándo vieron una vaca esos que votaron a Macri?, ¿qué saben de la renta agraria diferencial?), y decirles cómo operan las grandes multinacionales y ciertas embajadas y las corporaciones mediáticas.
Los necesitamos, Fito. Comprendo tu bronca, la de un artista. Comprendeme a mí, desde la Historia y la política.
Te mando un fuerte abrazo. Y te digo: en octubre, ganamos lejos.

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El disparador

Publicado por Indalecio González Bergez en 16 - julio - 11

La mitad

Por Fito Páez *

Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.

Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.

Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.

No quiero eufemismos.

Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.

* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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CFK por la reelección

Publicado por Indalecio González Bergez en 21 - junio - 11

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El Modelo

Publicado por Indalecio González Bergez en 08 - junio - 11

Lo que se hizo, lo que falta: una agenda de discusión
Año 4. Edición número 159. Domingo 05 de junio de 2011

Por Política
politica@miradasalsur.com

 

El último informe del Instituto Cifra valora las transformaciones iniciadas desde 2003 y permite debatir cómo profundizarlas.

Pasados en limpio, los datos de la recuperación económica iniciada desde el 2003, no sólo que impresionan sino que aparecen como indiscutibles: desde las cifras del crecimiento a las del llamado desendeudamiento, desde la creación de empleo a la solvencia fiscal, o desde la multiplicación de las exportaciones a la inversión que viene haciendo el Estado en políticas sociales. Al mismo tiempo, lo que revela ese mismo repaso es que hay mucho por hacer si se trata de “profundizar el modelo”, tanto ante el problema de la pobreza, como el del empleo en negro, el del salario real o la distribución de la riqueza. Con generosa abundancia de datos, estas conclusiones aparecen en el último informe de coyuntura elaborado por Cifra (Centro de Investigación y Formación de la República Argentina). Lo que sigue es un punteo con lo esencial del informe.

Tasas chinas. Entre 2002 y 2010 la economía exhibió uno de los niveles de crecimiento más elevado de la historia reciente: una tasa anual acumulativa del 7,6 por ciento. Según el Indec, en el 2010 la economía generó un 59,9 por ciento más de valor agregado que en el 2001 y un 106,8 más que en 1991. Entre 2001 y 2010 el PIB per cápita se expandió en un 44,7 por ciento. El PIB en dólares per cápita fue en el 2010 un 23,9 por ciento más elevado que el de 2001.
Los protagonistas del crecimiento. No se trata sólo de las tasas chinas, dice Cifra, sino de “un crecimiento diferencial a nivel sectorial con respecto a lo acontecido durante el régimen de convertibilidad”. “Los sectores productores de bienes, y en particular la industria manufacturera, lideraron el crecimiento. Mientras que durante la vigencia del régimen de convertibilidad la industria manufacturera se contrajo al 0,7 por ciento anual acumulativo, en el período posterior dicho sector se expandió a una tasa anual acumulativa del 8,1 por ciento”, un quiebre de la tendencia anterior “al desmantelamiento y reprimarización de la estructura productiva”.

• Mito 1. No es sólo la soja. Dice el informe: “La industria manufacturera y la construcción, que habían registrado una notoria contracción a lo largo del régimen de convertibilidad, lideraron la expansión económica desde el 2002. Si bien la producción agropecuaria se expandió a tasas que duplicaron la verificadas a lo largo del régimen de convertibilidad, presentó un desempeño inferior” al de los otros sectores.
• Mito 2. El campo es (toda) la Patria. El sector industrial explica el 56 por ciento del crecimiento 2002-2010 de los sectores productores de bienes. La producción agropecuaria creció al 4,2 por ciento anual. Su aporte al crecimiento global de la economía es sólo un 10 por ciento.
• Mito 3. No atraemos inversiones. La inversión bruta interna fija (Ibif) se expandió a una tasa anual acumulativa del 17,5 por ciento entre 2002 y 2010. En ese último año representó el 22,8 por ciento del PIB. Diez años antes promediaba sólo el 11,3. La Ibif fue en 2010 un 92,2 por ciento mayor que la registrada en promedio entre 1993 y 2001. Subrayados importantes que añaden los investigadores de Cifra: “El aumento de la inversión estuvo estrechamente asociado a la sensible elevación en la tasa de rentabilidad empresaria. Este último proceso implicó, a su vez, un techo a la mejora de la estructura distributiva”.
• Mito 4. A nuestros vecinos les va mejor. La tasa de crecimiento de Venezuela entre 2002 y 2010 fue del 4,6 por ciento. La de México 2,1. La de Uruguay 5,7. La de Chile 4, igual que la de Brasil. Con el 7,4 por ciento anual acumulativo, Argentina lideró en el período el crecimiento latinoamericano, casi duplicando a Brasil y Chile.
• Mito 5. El Estado se desmadró con el gasto. Entre 1992 y 2001 la cuenta corriente registró un saldo promedio deficitario de US$ 8.783 millones. Entre 2002-2010 hubo un saldo superavitario que promedió los US$ 6.886 millones. El superávit de cuenta corriente posibilitó un notorio incremento de las reservas del Banco Central, que pasaron de menos de US$ 10.000 millones a comienzos del 2002 a más US$ 52.000 millones a finales del año pasado. Estos resultados tienen evidente relación con el superávit comercial: entre 1992-2001 el saldo comercial tuvo un déficit promedio de US$ 3.769 millones. Entre 2002-2010 se pasó a un saldo superavitario que promedió los US$ 14.146 millones. Algo igualmente interesante sucede cuando se desgrana el incremento de las exportaciones: a las manufacturas de origen industrial (MOI) corresponde el 35,4 por ciento de lo que se vendó al exterior en el año 2010 y su peso en la canasta global creció 4,1 puntos respecto del 2001.
La baja de la deuda. Tras el estallido de la Convertibilidad el endeudamiento del sector público representaba casi el 150 por ciento del PBI. Hoy ronda el 44,6. Si no se incluye el endeudamiento con entidades del sector público, la proporción baja al 20,9.

Agenda de lo que falta. Contra todos estos datos de transformación, más otros muchos que hablan de solvencia fiscal, millones de empleos generados, baja del empleo no registrado o políticas activas del Estado en términos de inversión social, Cifra señala los desafíos a afrontar. Así, aunque se pasó del 49,2 por ciento de empleo no registrado a 35,7, esa proporción elevada es similar a la de los años ’90. De un modo parecido, los salarios reales del conjunto de los ocupados “mostraron una sensible recuperación” hasta el 2007, pero desde entonces “se incrementaron sólo levemente, en el marco de la aceleración en el ritmo de variación de los precios”, pese al crecimiento a tasas chinas. Les fue mejor a los trabajadores registrados: en 2010 “verificaron un nivel de ingresos 15 por ciento superior al vigente a fines del régimen de convertibilidad”.
Estos claroscuros en la recuperación del salario real explican en parte los límites de la participación de los asalariados en la distribución de la riqueza. Todavía hoy estos “apropian una porción inferior del ingreso que a comienzos de la década del noventa”. Los datos del informe de Cifra también reflejan “una notoria disminución de la pobreza y la indigencia entre los años 2003 y 2006”, pero esa recuperación fue declinando. El cálculo de Cifra es que hoy la pobreza alcanza al 22,9 por ciento de la población y la indigencia al 6,1. La Asignación Universal por Hijo sólo se traduce en una disminución parcial en ambas mediciones. Cabe aclarar que para establecer su cálculo sobre pobreza e indigencia, Cifra apela no a las cifras del Indec sino a una canasta más creíble elaborada en base a las estadísticas de la Eph-Indec, más el Índice de Precios al Consumidor de siete provincias.
El final del informe de Cifra sintetiza logros y límites para avanzar en las posibles discusiones que vengan. Lo que proponen los investigadores es sostener “políticas activas tendientes al desarrollo de la industria manufacturera, que independicen a este sector de la evolución del tipo de cambio”. También hablan de avanzar en “una reforma fiscal progresiva, la modificación de la Ley de Entidades Financieras, un nuevo marco regulador de las ART” y de “incrementar el impacto de la Asignación Universal por Hijo, a través de un aumento en el valor de la prestación y en el nivel de la cobertura”.

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