cuadro-del-partido-justicialista
(aporte de Fatiga, gracias)
Publicado por IGB en 30 - Mayo - 08
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Publicado por IGB en 30 - Mayo - 08
Un recurso muy usado por los publicistas es apelar a la memoria como método de unificación de una población objetivo. Sentimos que nos hablan a nosotros cuando nos hacen acordar de nuestra infancia.
Me acuerdo de los golpes que había que darle al televisor de 14 pulgadas blanco y negro. Me acuerdo de los gritos al mover la antena para que apuntara a la ciudad más cercana por la tormenta que nos alejaba de Buenos Aires. Me acuerdo de los gritos por el uso del agua cuando otro se bañaba. Me acuerdo de la necesidad de calentar el falcón todas las mañanas, del cebador que olvidado aceleraba al límite al pobre auto. Me acuerdo de abrir los ojos despacio para ver si ya se habían ido los Reyes Magos. Me acuerdo del día que llegaron y se llevaron mis zapatillas. Me acuerdo de bajar la escalera decepcionado y encontrar un enorme camión con ellas arriba. Me acuerdo de sentarme en la punta del asiento del auto, por el espacio que ocupaba la mochila.
Me acuerdo de caminar hasta la unidad básica del PJ donde sonaba la marchita y papá siempre hablaba con alguien. Me acuerdo de cantar la marchita peronista saltando en la cama la noche de las elecciones del 83. Me acuerdo de pasar en auto con mis tíos por el Obelisco el domingo que ganó Alfonsín. Me acuerdo de la radio prendida, me acuerdo de mi viejo con la oreja en el parlante, me acuerdo de la guerra de Malvinas. Me acuerdo de los viajes en tren. Me acuerdo de la policía. Me acuerdo del miedo de los otros. Me acuerdo de los fascículos del Diario del Juicio que mamá juntaba prolijamente, me acuerdo del juicio a las Juntas. Me acuerdo de Semana Santa. Me acuerdo del 3 de diciembre de 1990, me acuerdo de los carapintadas. Me acuerdo del bombardeo sobre Bagdad, me acuerdo de esa primera guerra.
Me acuerdo del colegio. Me acuerdo del despertador. Me acuerdo de las puertas que tenían la manija muy alta. Me acuerdo de llegar tarde. Me acuerdo del timbre del recreo, de los olores del lunes. Me acuerdo de lo despiertos que estaban todos menos yo. Me acuerdo de olvidarme el papel glasé. Me acuerdo de la cartuchera, de nunca tener punta en el lápiz, de olvidarme el saca puntas. Me acuerdo de copiar apurado porque la batalla naval con el de atrás nos había atrasado. Me acuerdo de Rush, la maestra de segundo grado.
Me acuerdo de los dos pizarrones en altura. Me acuerdo de lo grande que era todo. Me acuerdo del salón de actos. Me acuerdo de la cantidad de apellidos inentendibles. Me acuerdo de los cuadernillos de colores. Me acuerdo de lo poco que me interesaba. Me acuerdo de preparar Historia el día antes. Me acuerdo del bochazo. Me acuerdo del ingreso al Nacional.
Me acuerdo de correr al colectivo en la terminal de trenes de Once. Me acuerdo de que cuando mamá venía con nosotros teníamos taxi. Me acuerdo de llegar a Pueyrredón, mi casa, con el tiempo justo para dormir antes de ir al colegio. Me acuerdo, otra vez me acuerdo, del despertador. Me acuerdo del cartel que una mañana dejó la vieja que empezaba diciendo: “Nació Juan Monteverde”, mi primer sobrino. Me acuerdo del sueño de todas las mañanas. Me acuerdo del día que mi viejo tocó bocina y bajamos a ver el falcón nuevo. Me acuerdo del televisor. Me acuerdo de cambiar los canales. Me acuerdo de quedarme en un lugar, porque servía de antena. Me acuerdo de la antena, apoyada en una ventana, con un alambre que salía al balcón, atado a la baranda. Me acuerdo de la televisión sin transmisión, de los carteles mostrando todos los colores, la hora y temperatura, con música de fondo. Me acuerdo de no ver nada, de ver algo. Me acuerdo del primer recital que vi, Michael Jackson. Me acuerdo de que mis viejos estaban en el campo. Me acuerdo de ir a la plaza. Me acuerdo de sacar la sortija y otra vuelta más.
Me acuerdo de mi primer caballo, la tobiana. Me acuerdo de la yegua en la mitad de los perales el día que me la regalaron. Me acuerdo de la ilusión. Me acuerdo de las lecturas del Martín Fierro, tenía 6 años y para mis viejos era la lectura para practicar. Me acuerdo del primer cassette de Les Luthiers. Me acuerdo del primer walkman. Me acuerdo de rebobinar los cassette con una birome. Me acuerdo del toca discos.
Me acuerdo de los discos doblados de los Beatles. Me acuerdo de las vacas. Me acuerdo de los días de vacunación, de las pobres vacas a las que les clavaban unas agujas larguísimas. Me acuerdo de los ruidos del tambo, de los olores del tambo, del olor del alimento balanceado, del tarro de leche y de como se le sacaba la nata. Me acuerdo de Alfonso. Me acuerdo de la primera alazana. Me acuerdo del día que me la regalaron, del primer recado.
Me acuerdo de los cortes de luz por la tormenta. Me acuerdo de la inundación. Me acuerdo de las velas que se apagaban con el viento. Me acuerdo del andá a dormir. Me acuerdo de escuchar las conversaciones de los grandes, de horas en la escalera. Me acuerdo de la penitencia. Me acuerdo del monte oscuro. Me acuerdo de las casitas. Me acuerdo de mis primas. Me acuerdo de los escondites. Me acuerdo y guardo recuerdos.
Me acuerdo y no tengo buena memoria.
Me acuerdo del viejo cuando me dio a leer un cuento de él que empezaba diciendo, me acuerdo de…
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Publicado por IGB en 29 - Mayo - 08
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