Posts etiquetados ‘Felipe Solá’
¿¡Qué le pasó!?
Publicado por Indalecio González Bergez en 30 - Octubre - 09
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Definición de traidor. Por Fatiga
Publicado por Indalecio González Bergez en 01 - Junio - 09
Según la definición del diccionario que tengo más a mano, traidor es el que comete traición y traición es a su vez el delito que se comete quebrantando la fidelidad (exactitud en el cumplimiento de una cosa) que se debe guardar, bien sea a un Estado, una entidad o a una persona.
Me meto con el tema porque se ha puesto de moda calificar de traidor a cualquiera que no piense como nosotros (lo que agrandaría el concepto de traición hasta el infinito).
Por eso quiero hacer un somero análisis sobre tres casos emblemáticos.
El primero es Agustín Rossi, presidente del bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados y candidato por la provincia de Santa Fe enfrentado a Reutemann. De los ejemplos que elegí, tal vez sea el menos identificable con la figura del traidor, pero es el insulto que más le han dicho en los escraches que le hicieran últimamente.
El concepto, respecto de él, es totalmente errado, porque Rossi llegó a la Cámara y se desempeñó en ella siendo siempre lo mismo, un hombre del Frente para la Victoria, que se jugó entero por la causa. Los que lo acusan de traidor nunca lo votaron, por lo que mal pueden haberse sentido traicionados. Simplemente son unos energúmenos que no merecen más que desprecio.
En definitiva, Rossi siempre honró el mandato que recibiera, siendo una espada fundamental dentro del armado del frente del gobierno y se dio por entero a favor del proyecto por el que había sido elegido.
El segundo caso emblemático, es el de Felipe Solá. Aquí la cuestión es un poco más compleja. Si bien Felipe fue elegido como primer candidato en la lista del Frente para la Victoria y terminó pasándose a las filas de Unión Pro, no resulta menos cierto que cuando encabezó la lista, venía de haber sido vicegobernador en ejercicio durante dos años, y posteriormente cuatro años de gobernador encabezando su propia fórmula.
Hay que reconocer que es discutible si los votos que obtuvo como primer candidato a diputado le pertenecían o eran del partido al que representaba. Pero a pesar de no estar para nada de acuerdo con él, al no haber sido candidato salido de internas partidarias y, teniendo en cuenta sus cargos anteriores, puede presumirse que efectivamente un número importante de los votos que lo eligieron, lo hubieran hecho por seguirlo a él personalmente. Siendo así, es posible que algunos de los que lo votaron hubieran entendido, al igual que él, que la falta de espacio que decía tener dentro del Kirchnerismo y los cambios que él le atribuye al gobierno, justificaran su paso a las filas de la Unión Pro y sus votos en contra del bloque oficialista. De esta manera, si bien puede haber algunos que lo vean como un traidor, lo cierto es que existe un margen para la duda, sobre todo si se piensa en aquellos que por compartir su visión, lo pueden haber seguido en su traspaso. Por eso, concluyo que tampoco le corresponde el calificativo de traidor, en tanto no estaría quebrantando la fidelidad de sus directos seguidores.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar que si no traicionó, no correspondía que renunciara a su banca, porque había sido elegido por cuatro años. Y si él consideró que ya no compartía la visión del bloque al que pertenecía y que debía renovar el mandato en virtud de su nueva filiación, debió renunciar a la banca antes de votar contra los proyectos presentados y defendidos por el oficialismo.
El tercer caso es el del Vicepresidente. Y he aquí sí, un caso paradigmático de traición. Y es que el vicepresidente, figura bastante decorativa dentro del ordenamiento constitucional, sólo tiene reservado el voto para desempatar en la Cámara que preside (donde nunca tiene voto), como una forma de garantizarle al Poder Ejecutivo dentro del Congreso, un plus para los proyectos que impulsa. Es decir que no importa cuál sea su pensamiento personal, sino el de la fórmula que integra, o mejor dicho el del propio Poder Ejecutivo.
Si como en el caso de la 125, supone que un mandato divino le impide votar como DEBE, corresponde que dé un paso al costado y deje el voto extra de la presidencia en manos del vicepresidente primero de la Cámara. A nadie le importa (constitucionalmente hablando) qué es lo que piensa el vicepresidente, hasta tanto no se haga cargo en forma efectiva del Poder Ejecutivo.
Esto, que debió ser especialmente resaltado por esa (y permítaseme la expresión) MANGA de constitucionalistas que ahora se rasgan las vestiduras por tratar de figurar en defensa de la democracia por la presentación de las candidaturas testimoniales, dado que tiene una entidad y una gravedad muy superior por el daño institucional (porque en el caso de las testimoniales hay que recordar el principio rector del derecho que dice que nadie puede ser obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que ella no prohíbe), termina siendo la más clara muestra de traición por quebrantamiento de la fidelidad al mandato que el 45% de la población había otorgado a favor del gobierno.
En la democracia, el pueblo no gobierna sino a través de sus representantes. Por eso, la traición de Cobos resulta imperdonable. Porque el 45% que lo votó, lo hizo para que gobernara en su nombre, sabiendo que sería Cristina y lo que ella representaba, lo que se estaba respaldando y él, aprovechando que la Constitución ponía en sus manos la decisión, se hizo el desentendido e interpretó que lo dejaban decidir a él cuando el voto le pertenecía claramente a su cargo.
Para cerrar, la acusación de traidor es de una gravedad extrema y es, a su vez, muy agraviante y muy insultante. Creo que para que no pierda esas cualidades, debe usarse con mucha prudencia y exactitud. Si todos son traidores, nadie es traidor. Y no es eso lo que pasa. Debemos darle a cada quien el reconocimiento que se merece.
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Breve Comentario. Por IGB
Fatiga, he encontrado en estas líneas la coincidencia plena con usted y esto no ocurría hace mucho tiempo.
A enviado mucho material a este blog para su publicación, pero no siempre coincidimos. Incluso ha salido al cruce duramente en varios de mis post. Finalmente nos encontramos hasta en las comas de este.
Sin embargo, me quedé con ganas de unas líneas más en esta reflexión sobre el correcto uso del lenguaje y la necesidad de reservar a cada palabra su espacio y verdadero significado.
Al pasar, en el primer párrafo, usted menciona los escraches sufridos por el diputado nacional por la provincia de Santa Fe, Agustín Rossi. Yo incluiría la palabra escrache a la lista de palabras que deberían recobrar su significado histórico.
El escrache fue, es y será una buenísima forma de fotografiar en dónde vive y quién es el vecino cuando este integró la lista de secuestradores, torturadores y asesinos de la última dictadura.
Equiparar los escraches a los dictadores con lo que hacen los de la Sociedad Rural con un legislador nacional elegido por el pueblo, es lamentable. Lo que se le ha hecho a Rossi es un acto de lamentable cobardía, no un escrache. Es lo que se cuestiona de las barras bravas: van en patota y en solo en patota actúan. No se animarían nunca a encararlo solo. No se animarían nunca a increparlo en la mitad de un acto partidario si fueran minoría. No se animarían nunca porque son una lacra que no merece respeto. Que no deberían tener cara para mirar a sus hijos a los ojos. Son lamentables ellos y los que dicen cosas como: “Yo no avalo los escraches, pero la gente está muy enojada”, o “Rossi no debería ir a algunos lugares”.
Publicado en b) Notas publicadas en otros medios, c) Cortito y al pie | Etiquetado: Agustín Rossi, Felipe Solá, Julio Cobos, Traición | 2 Comentarios »
Confusiones electorales. Por IGB
Publicado por Indalecio González Bergez en 22 - Abril - 09
Ayer conversaba con mi viejo. Su pregunta casi impaciente: ¿Cuál es tu ideología política? Y me quedé pensando: ¿Cuál es?
Desde 2003 que miro con simpatía al kirchnerismo. Lo voté en cada una de las elecciones siguientes. Lo defendí cada vez que fue atacado. Cada vez con más entusiasmo, aunque ya no por sus pasos, sino por sus contras. El 2008 fue muy fácil para eso. Los que empezaban a dudar de sus resoluciones y los que aun sosteníamos que era el proyecto que el país necesitaba, nos juntamos espalda contra espalda a defender la presidencia de Cristina. Incluso cuando empezó la pelea con los representantes del agro, algunos de los más lejanos, defendían pero con reservas. Con el paso del tiempo, mientras el conflicto avanzaba, se iban sumando a la defensa incondicional. En julio era ya total la defensa de unos y las criticas de otros. El país se había dividido perfectamente en dos y todos sabíamos con certeza cuál era nuestro grupo de pertenencia. Insisto, más por ver quienes lo criticaban que por las actitudes oficiales.
Pasado el conflicto y, sobre todo después del voto no positivo, quedaron los resabios de apoyo. Y la seguimos. Seguimos bancando con los ojos cerrados sus resoluciones para no dar el mínimo espacio a los otros a un “viste” o similares. La necesidad de encontrarnos justo en la vereda opositora a lo que la oposición representaba, facilitaba todo.
Los meses pasaron y el oficialismo logró fortalecerse. Pasó el tiempo y pudimos volver a tomar distancia y a analizar cada paso oficialista y cada paso opositor.
Ya no era necesario el apoyo incondicional. Nuevamente nos encontrábamos apoyando lo que considerábamos aprobable y criticando lo criticable. Aunque aun con resabios del golpe de julio, ante críticas pelotudas que nunca faltan, volvíamos a ponernos la camiseta y a poner los tantos en su lugar. Que nadie confundiera las cosas. Las críticas son desde adentro. Y desde adentro este gobierno es muy criticable.
Empezó el 2009 y se acercó la campaña. Empezó la campaña y oficialistas y opositores empezaron a opinar ya de cara a octubre.
Oportunistas con elecciones locales seguras y nacionales dudosas, resolvieron dentro de sus leyes electorales, desdoblarlas. Rápido de reflejos, el Gobierno Nacional, modificación de ley electoral de por medio, unificó el cronograma.
Se aceleró todo muchísimo y ya no es tan claro dónde estamos parados. Ya no es tan fácil sostener nuestra defensa a cualquier costa. Podemos decir con seguridad con quién no queremos estar. Con quien no estaremos. Perdónenme los kirchneristas duros, pero creo que ya pasó el conflicto que marcó la cancha y, si sirve como atenuante en mi juicio, siempre me encontrarán de vuestro lado cuando sea necesario.
El punto es que hoy ya no estoy tan seguro de ser kirchnerista. No como antes. Si bien el proyecto en líneas generales me parece el mejor de todos, sus actuales referentes y algunos de sus actos, ya no me tienen como fiel adepto.
Daniel Scioli fue elegido por el proyecto para gobernar Buenos Aires y lo entendí. No me gustó, pero lo entendí. Tener que soportarlo a Scioli como vicepresidente del Partido Justicialista ya es mucho. Ahora que sea una de las figuritas más relevantes me parece demasiado y no lo defiendo. Scioli es perfectamente el aliado incondicional de Mauricio Macri en las elecciones de 2011. Lo único que puede enfrentarlos, aunque no sabría decir si no será un enfrentamiento en internas, es que ambos lucharán por la presidencia. Eso lo saben Néstor y Cristina. Entonces por qué tenemos que soportarlo los demás. Por qué se lo levanta como un referente del “verdadero peronismo”.
El conurbano está repleto de intendentes que se cargan el municipio al hombro y todos los días salen a la calle a enfrentar los problemas. Esos intendentes fueron cafieristas, menemistas, duhaldistas, ruckaufistas y felipistas. Kirchner llegó a ellos desde la crítica. Entiendo sus necesidades, entiendo que luego los abrazara, entiendo a Cristina cuando abraza a Mario Ishi. Porque banco a Ishi. Políticamente es un cuadro increíble que gobierna José C. Paz desde su formación. Tiene el apoyo del pueblo de su municipio, uno de los más pobres del gran Buenos Aires. Respeto por don Mario. Pero si llegamos a abrazarlo a Ishi no salgamos a criticar esa forma de hacer política por la otra puerta. Seamos honestos. Intelectualmente honestos.
En San Miguel el kirchnerismo apoyó, con idas y vueltas, con internas en la propia Rosada, pero apoyó a Joaquín de la Torre. La otra línea política fuerte es el ex intendente Aldo Rico. No puede ser que se le dé luz verde a Carlos Kunkel para que coquetee con Rico. Y todo vale. Hay que sumar votos. De la Torre no puede gobernar San Miguel con Rico soplándole en la nuca. Muchachos, también me lo tengo que tragar a Rico?
Si el vasco Othacehe, intendente de Merlo, es un aliado y Cacho Álvarez otro, desde dónde podemos criticar a Osvaldo Mércuri.
Todo tiene un límite. Estamos hablando de política y para eso hay que entender las reglas del juego. Una vez que las aceptamos, desde el lugar desde donde las aceptemos y con los reparos que cada uno quiera poner, juzguemos a todos los que se presentan a elecciones con la misma escala.
Carlos Heller, los de Solidaridad e Igualdad, Miguel Bonasso, Claudio Lozano y hasta Felipe Solá son defendibles. Son defendibles y apoyábles. Claro, con límites. Pero los mismos límites que se les ponen al kirchnerismo. Por qué no me digan que lo aceptan con los ojos cerrados. Ya no.
Puedo decir que no estoy con: los hermanos Rodriguez Saá, los Romero, la Coalición Cívica, el radicalismo, el cobismo, el PRO, los Menem. No estoy con ellos y con muchos otros que no están en la lista por olvido más que por respeto.
Puedo decir que estoy con el proyecto kirchnerista, pero con salvedades, que estoy con Solá, pero con salvedades (la alianza con Macri, aunque no creo que llegue lejos), con Carlos Heller, con el SI.
Nunca me subiré a la crítica pelotuda contra D’Elía, Moreno o De Vido. Son terriblemente útiles y los banco. Tampoco me encontraré en la crítica deshonesta a los que fueron dando un paso al costado, pues entiendo sus razones.
No nos pongamos extremistas. Ni uno es todo ni el otro es traidor. Todos son políticos que se mueven defendiendo intereses. Intereses mezquinos en el medio e intereses loables en el fin. Pero todos tienen intereses de los dos tipos.
Publicado en a) Los escritos por Indalecio | Etiquetado: Elecciones Legislativas, Felipe Solá, Ideologías, Néstor Kichner | 10 Comentarios »