Una y mil veces más

El 24 de octubre de 1999 hubo elecciones presidenciales en la Argentina. Por cuarta vez consecutiva, desde la promulgación de la Ley Saenz Peña, los argentinos elegimos presidente de la Nación. Había ganado la Alianza. Una y mil veces más fue escrito el 25 de octubre de 1999. Se veía un escenario politicamente complicado. Ni la sombra de lo que fue. La Alianza duró menos de un año. El presidente electo apenas dos años.

Por cuarta vez consecutiva los argentinos votamos Presidente, algo que no ocurría desde la Lez Saenz Peña (1914).

El 24 de octubre más del 80 % del electorado votó a quien manejará los destinos del país por los próximos cuatro años. Fue una de las mejores elecciones de las que se tenga memoria. Asegurada la estabilidad institucional, política y económica, el pueblo argentino consideró que era éste el momento indicado para dividir el poder en la Argentina. De esta forma puso en el sillón de Rivadavia al más serio y tal vez más aburrido de los políticos argentinos, pero también a quien les aseguraba transparencia y “tranquilidad”. No fue electo quien propuso un programa audaz y progresista, sino quien propuso solo un cambio de actitud. Tampoco el pueblo le dijo al presidente electo, Fernando De la Rua, “estamos con vos en todo lo que digas” como habían hecho en 1983 con Raúl Alfonsin y en 1989 con Carlos Menem. Al Presidente electo le dijeron “te queremos a vos, pero solo a vos”, en las provincias la gente lo votó masivamente para que gobernara el país, pero no eligieron sus candidatos provinciales. Cuando pensaron quien sería el mejor para cada provincia, no pensaron en lo que decía De la Rua (Fernando), sino en el mejor, en el que más le convenga a la provincia. Lo mismo volvieron a hacer con el municipio, eligieron autoridades municipales según su parecer, independientemente del resto, y ni que hablar del Poder Legislativo, en este orden el pueblo pidió que todo se discutiera y que nada saliera entre gallos y media noches. Dando una magistral clase sobre política y demostrando que el pueblo sí sabe votar, los argentinos dividimos el poder de la más variada forma y exigimos que la clase política esté a la altura de las circunstancias.

Los años que siguen no serán fáciles ni mucho menos. La situación económica, la distribución de la riqueza, la crisis del Mercosur, las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), el desempleo, la inseguridad, etc., etc., ponen a Fernando De la Rua en una complicada situación.

El hecho de que el presidente electo no sea quien más poder tenga en el país es muy bueno por un lado, pero por demás complicado por otro. A los problemas socio- económicos se suma una difícil agenda política. Carlos “Chacho” Alvarez tiene una de las situaciones más difíciles desde que se formó la Alianza. La derrota de Graciela Fernandez Meijide en la provincia lo dejó casi solo frente a un entusiasmado radicalismo que quiere volver a gobernar y limpiar su prestigio muy venido a menos después del último gobierno de Rául Alfonsin. Este entra en escena queriendo volver al ’83 y con un discurso acorde a sus deseos. Con lo que De la Rua tiene que negociar con el alfonsinismo que quiere reivindicarse, y al mismo tiempo tiene que cederle espacios al vicepresidente electo, Carlos “Chacho” Alvarez, para que su alianza interna no se quiebre y los muchachos del ’83 no lo pasen por encima. Claro que de cederle demasiados espacios al chachismo quedaría con demasiada poca autoridad y mal parado ante el radicalismo tradicional. A la complicada mesa de negociación se suman los Justicialistas, que conocen el paño más que nadie y tienen muchisimo poder. Pero no es fácil para De la Rua saber con quién negociar de la oposición ya que estos también viven una terrible interna. Por un lado está el presidente saliente, Carlos Menem, que ni lerdo ni perezoso salió a dejar bien en claro que él nada tenía que ver con la derrota y que supieran oficialistas y opositores, él era el presidente del partido. Menem no es alguien para subestimar políticamente ni mucho menos, el próximo presidente de la Nación no va a poder dejarlo de lado a la hora de negociar con la oposición. En la otra vereda Justicialísta se encuentra Eduardo Duhalde, actual gobernador de Buenos Aires y derrotado candidato a presidente. Duhalde se ubicó rápidamente como la renovación peronista, y aseguró a De la Rua una sería y eficaz oposición. Como presidente del Congreso del Partido Justicialista y asegurando una retirada de la política en lo que se refiere a ocupar cargos ejecutivos, Duhalde les allana el camino tanto a De la Sota y a Reutemman, como a Ruckauf, actitud que no toma Menem que aspira a la presidencia en el 2003. Esto sumado al Pacto de Gobernadores firmado por Duhalde poco antes del acto del 17 de octubre ubica al actual gobernador bonaerense como líder del Movimiento Nacional Justicialista aunque no sea su presidente. De todos modos Carlos Menem sigue teniendo demasiado poder y lo seguirá teniendo después del 10 de diciembre. No se puede pensar desde ahora en una retirada del actual presidente, no podemos ser tan ilusos de pensar que la persona con más ansias de poder de la última década se va a instalar en una quinta perdida de La Rioja para no aparecer nunca más. Y siguiendo con el país que no miramos podemos pensar en el FMI, que no piensa ni por un momento en la posibilidad de que en la Argentina se aplique un plan tan solo algo diferente del que ellos proponen, y seguramente tengan razón. Con lo que también reclaman un sillón en la mesa de negociación. De la Rua no los deja afuera y ya les envió un emisario para que lo instruyan. Sin importar su pasado económico, José L. Machinea partió para recibir instrucciones. Son claras las señales que el próximo titular del ejecutivo tiene que dar a los mercados internacionales, y esto parece haberlo entendido bien.

Hay algo que no conocemos de De la Rua, es a él. Sabemos algunos datos: cómo está formada su familia, que es abogado, que pasado tiene en la política argentina, que es aburrido, pero nadie sabe que país espera, que ideas tiene respecto del futuro, cuales son los sueños que lo llevaron a querer ser presidente de la República. Sabemos o pensamos que tiene un marcado perfil conservador, sin embargo mostró orgulloso un fax que le anunciaba ser uno de los tres oradores en la próxima reunión de la Internacional Socialista.

La política del país después del 24 de octubre se puso muy interesante, nada sabemos de lo que va a pasar, nada sabemos de quienes serán los responsables de las distintas áreas, el pueblo solo eligió, ahora esperanzado aguarda. En dos años el pueblo sentencia, y en cuatro años elige.

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