Contradicciones en los piquetes

El 11 de marzo último, el entonces ministro de Economía de la Nación, Martín Lousteau, lanzó un plan de recaudación basado en una modificación a la política de impuestos a las exportaciones (conocido como retenciones). Los granos de Soja y Girasol tendrían una alicuota mayor y los de Maiz y Trigo, menor. El nuevo sistema sería movil atado al precio internacional. Esto implicó ese día un aumento a las retenciones de 9 puntos a la soja (del 35% fijo al 44,1% movil según el precio del cereal de esa fecha).

El sector alcanzado por la medida no aceptó el cambio en la política impositiva del gobierno y salió a las rutas. Día a día el conflicto se hizo más duro. El gobierno no aceptaba dar marcha atrás y el sector no cedía en su corte total.

Los productores rurales cortaron las rutas cercanas a sus campos. Hubicaron al costado de la ruta, con tono amenazante, grandes maquinarias obsoletas en su mayoría (los riesgos que implicaba exponer las nuevas por sus altos costos gracias a su alta tecnología necesaria para sembrar y la necesidad mediática de no mostrar a un sector pudiente y exitoso), se veían grandes y modernas camionetas 4×4 (si bien por razones mediaticas hubiera surtido efecto dejarlas en los campos, son su medio de transporte y trabajo) y mezclados entre sus piqueteros señores con elegantes sombreros golfistas y chacareros con manos de trabajo, calor en la frente y preocupación en el gesto.

El escenario no era uniforme. Todos productores rurales. Sus familias, sus vecinos, sus empleados. Los fines de semana se sumaban sus hijos, que llegados desde los centros universitarios del país acompañaban con orgullo a sus padres en un reclamo que consideraban justo.

No estaban de acuerdo con su metodología. Se encontraban años antes reclamando el derecho constitucional a transitar libremente por los caminos. Eran ellos los que hoy estaban violandolo. No estaban comodos con tener que hacerlo y esto ayudaba a su bronca con el gobierno que los había obligado a esto.

Es el campo uno de los sectores más machistas que quedan en el mundo moderno, solo comparable con las Fuerzas Armadas (que por imposición civil están aceptando al genero femenino) y la Iglesia Católica que sigue igual que siempre. Las mujeres del campo, mate en mano y dispuestas a dar todo por sus maridos y sus hijos, acompañaron día a día en el piquete. Se las escuchó: no somos piqueteros, no nos confundan!; no estamos mal, no somos pobres, pero esto es demasiado!; yo también quiero una cartera como la de ella (en clara alusión a la presidenta de la Nación), pero no la tengo, porque no nos alcanza!; nuestra 4×4 cuesta lo mismo que dos carteras de Cristina; y apelando a la creatividad de sus hijos universitarios aparecieron pancartas con leyendas de más llegada y concreto mensaje: No crie pinguinos, le cagarán todo el campo; no te vayas con Chavez, andate con Chuda; Reteneme esta!; etcetera.

Contradicciones propias de una argentina contradictoria. Producimos alimentos para 300 millones de personas y el 30% de nuestra población tiene hambre.

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