Me acuerdo de…

Un recurso muy usado por los publicistas es apelar a la memoria como método de unificación de una población objetivo. Sentimos que nos hablan a nosotros cuando nos hacen acordar de nuestra infancia.

Me acuerdo de los golpes que había que darle al televisor de 14 pulgadas blanco y negro. Me acuerdo de los gritos al mover la antena para que apuntara a la ciudad más cercana por la tormenta que nos alejaba de Buenos Aires. Me acuerdo de los gritos por el uso del agua cuando otro se bañaba. Me acuerdo de la necesidad de calentar el falcón todas las mañanas, del cebador que olvidado aceleraba al límite al pobre auto. Me acuerdo de abrir los ojos despacio para ver si ya se habían ido los Reyes Magos. Me acuerdo del día que llegaron y se llevaron mis zapatillas. Me acuerdo de bajar la escalera decepcionado y encontrar un enorme camión con ellas arriba. Me acuerdo de sentarme en la punta del asiento del auto, por el espacio que ocupaba la mochila.

Me acuerdo de caminar hasta la unidad básica del PJ donde sonaba la marchita y papá siempre hablaba con alguien. Me acuerdo de cantar la marchita peronista saltando en la cama la noche de las elecciones del 83. Me acuerdo de pasar en auto con mis tíos por el Obelisco el domingo que ganó Alfonsín. Me acuerdo de la radio prendida, me acuerdo de mi viejo con la oreja en el parlante, me acuerdo de la guerra de Malvinas. Me acuerdo de los viajes en tren. Me acuerdo de la policía. Me acuerdo del miedo de los otros. Me acuerdo de los fascículos del Diario del Juicio que mamá juntaba prolijamente, me acuerdo del juicio a las Juntas. Me acuerdo de Semana Santa. Me acuerdo del 3 de diciembre de 1990, me acuerdo de los carapintadas. Me acuerdo del bombardeo sobre Bagdad, me acuerdo de esa primera guerra.

Me acuerdo del colegio. Me acuerdo del despertador. Me acuerdo de las puertas que tenían la manija muy alta. Me acuerdo de llegar tarde. Me acuerdo del timbre del recreo, de los olores del lunes. Me acuerdo de lo despiertos que estaban todos menos yo. Me acuerdo de olvidarme el papel glasé. Me acuerdo de la cartuchera, de nunca tener punta en el lápiz, de olvidarme el saca puntas. Me acuerdo de copiar apurado porque la batalla naval con el de atrás nos había atrasado. Me acuerdo de Rush, la maestra de segundo grado.

Me acuerdo de los dos pizarrones en altura. Me acuerdo de lo grande que era todo. Me acuerdo del salón de actos. Me acuerdo de la cantidad de apellidos inentendibles. Me acuerdo de los cuadernillos de colores. Me acuerdo de lo poco que me interesaba. Me acuerdo de preparar Historia el día antes. Me acuerdo del bochazo. Me acuerdo del ingreso al Nacional.

Me acuerdo de correr al colectivo en la terminal de trenes de Once. Me acuerdo de que cuando mamá venía con nosotros teníamos taxi. Me acuerdo de llegar a Pueyrredón, mi casa, con el tiempo justo para dormir antes de ir al colegio. Me acuerdo, otra vez me acuerdo, del despertador. Me acuerdo del cartel que una mañana dejó la vieja que empezaba diciendo: “Nació Juan Monteverde”, mi primer sobrino. Me acuerdo del sueño de todas las mañanas. Me acuerdo del día que mi viejo tocó bocina y bajamos a ver el falcón nuevo. Me acuerdo del televisor. Me acuerdo de cambiar los canales. Me acuerdo de quedarme en un lugar, porque servía de antena. Me acuerdo de la antena, apoyada en una ventana, con un alambre que salía al balcón, atado a la baranda. Me acuerdo de la televisión sin transmisión, de los carteles mostrando todos los colores, la hora y temperatura, con música de fondo. Me acuerdo de no ver nada, de ver algo. Me acuerdo del primer recital que vi, Michael Jackson. Me acuerdo de que mis viejos estaban en el campo. Me acuerdo de ir a la plaza. Me acuerdo de sacar la sortija y otra vuelta más.

Me acuerdo de mi primer caballo, la tobiana. Me acuerdo de la yegua en la mitad de los perales el día que me la regalaron. Me acuerdo de la ilusión. Me acuerdo de las lecturas del Martín Fierro, tenía 6 años y para mis viejos era la lectura para practicar. Me acuerdo del primer cassette de Les Luthiers. Me acuerdo del primer walkman. Me acuerdo de rebobinar los cassette con una birome. Me acuerdo del toca discos. Me acuerdo de los discos doblados de los Beatles. Me acuerdo de las vacas. Me acuerdo de los días de vacunación, de las pobres vacas a las que les clavaban unas agujas larguísimas. Me acuerdo de los ruidos del tambo, de los olores del tambo, del olor del alimento balanceado, del tarro de leche y de como se le sacaba la nata. Me acuerdo de Alfonso. Me acuerdo de la primera alazana. Me acuerdo del día que me la regalaron, del primer recado.

Me acuerdo de los cortes de luz por la tormenta. Me acuerdo de la inundación. Me acuerdo de las velas que se apagaban con el viento. Me acuerdo del andá a dormir. Me acuerdo de escuchar las conversaciones de los grandes, de horas en la escalera. Me acuerdo de la penitencia. Me acuerdo del monte oscuro. Me acuerdo de las casitas. Me acuerdo de mis primas. Me acuerdo de los escondites. Me acuerdo y guardo recuerdos.

Me acuerdo y no tengo buena memoria.

Me acuerdo del viejo cuando me dio a leer un cuento de él que empezaba diciendo, me acuerdo de…

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24 comentarios en “Me acuerdo de…

  1. a medida que iba leyendo la nota, me iba acor-
    dando de casi todas las mismas cosas que mencion’as ah’i, a excepcion de algunos detalles, ya que mi infan-
    cia fue en la misma época, pero en otro lugar, y me doy cuneta que esa fue la etapa más linda de mi vida,
    a la que lamentablemente hoy no puedo volver,pero gracias a los recuerdos, de vez en cuando me transporto otras vez a esos días en que todo era tan SIMPLE, simple y feliz, y lindo. asi de simple, era la vida en esa época. Cómo no querer quedarme eternamente ahí. Aunque reconozco que de vez en cuando, para volver, saco la niña que llevo dentro, y me encanta hacer locuras, como si fuera chiquita.

  2. ME ACUERDO DE …

    Me acuerdo del miedo. Nunca lo había imaginado así: las manos heladas, la lengua paralizada, la voluntad excluida, el corazón golpeándome en el pecho como esperaba que golpearan en la puerta por sólo haber oído, en el medio de la noche, que el ascensor paraba en mi palier. Era algo exclusivamente físico: yo sentado abruptamente en la cama, con el cuerpo sobresaltado y separado de la mente, mientras mi mujer dormía relajada a mi lado.

    Me acuerdo del llamado del teléfono. Me avisaban que le habían volado la casa a un amigo, que se había salvado por pocos minutos y que estaba en el departamento de M.. Llegué a verlo y lo encontré tranquilo, sin saber dónde iba a pasar la noche. Su mujer temblaba y abría aterrorizada sus ojos desmesurados. Mi departamento era grande y los llevé conmigo. Vivieron en casa, con mis hijos chicos y nosotros, durante un mes. Yo no podía evitar que él, que era fácilmente reconocible por su aspecto y la fama que tenía como director de cine, bajara a la calle por cualquier motivo y se hiciera ver, poniendo en riesgo la seguridad de todos. Por fin pudo salir clandestinamente del país, y se exilió en Paris hasta el 84.

    Me acuerdo de Lucía: el marido acababa de suicidarse después de estar seguro de que ella quedaba embarazada. En Ezeiza, el 20 de junio del 73, un balazo en la columna lo había dejado paralítico. No pudo cumplir sólo con su propósito y, a pesar de los esfuerzos de Lucía por disuadirlo, se hizo matar, en una vía abandonada, por sus propios compañeros. Dos años después la chuparon a Lucía. La llamó a su madre por teléfono para contarle que un grupo de tareas subía en ese momento a su departamento. Lloraba aterrorizada cuando la madre dejó de oir su voz. Tenía veinticinco años y había perdido el embarazo. Nunca más apareció.

    Me acuerdo de una noche de invierno en el campo. Gabriel y yo cavábamos la tierra en la mitad del monte, apenas iluminados por la luna. En ese pozo enterramos una docena de libros –Fanon, Hernández Arregui, Jauretche, Cooke y hasta los Evangelios- y dos armas, un revólver y una escopeta de las que hay en cualquier casa de campo. A pesar de que las envolvimos en bolsas de plástico untadas en vaselina, años después la humedad de la tierra había pulverizado las páginas y oxidado las armas.

    Me acuerdo de haber ido manejando por la calle Santa Fe, con mi mujer al lado y en el asiento de atrás el padre Carlos. Lo llevábamos a decir una conferencia sobre el deber de los cristianos ante la injusticia. Me acuerdo de su insistencia por saber si, mirando por el espejo retrovisor, yo no veía que alguien nos siguiera. Nos contó entonces que estaba amenazado de muerte por grupos de la derecha y de la izquierda. Yo lo sabía valiente pero, sin embargo, ese día le sospeché cierta paranoia. Con el tiempo nos hicimos amigos y escuché su oración póstuma: “Señor, tu que me has permitido vivir para los pobres, concédeme el privilegio de morir por ellos”. Lo asesinaron por la espalda cuando salía de decir misa en la Iglesia de San Francisco Solano.

    Me acuerdo del Flaco F., que desapareció para siempre por reclamar a gritos, en el Departamento Central de Policía, por el destino de Lucía, de la que estaba enamorado.

    Me acuerdo de los hermanos Vera, obreros metalúrgicos, asesinados por militar políticamente en su sindicato. Me acuerdo de Martiniano , que murió de tristeza, transplantado de su casita de González Catán, cerca de la curtiembre en la que trabajaba, al exilio en Roma. Me acuerdo de Jorge R. en aquella época. Hoy lo sigo viendo, parecido a Hemingway en su prematura vejez, con el ojo que le quedó después de que le vaciaran el otro en la tortura.

  3. Todo parece indicar que a esta altura ya soy una “abonada”…Estoy de guardia, y aparentemente voy a tener una noche tranquila, aprovecho el silencio nocturno y leo los últimos comentarios, entonces me entero que tengo la misma edad que el dueño de casa, y que un tal “Fatiga” reconoce y extraña parte del idealismo y compromiso de los ’70.
    Y si, seguro que se extraña pero, nobleza obliga, confieso que alguna vez en plena adolescencia me pregunte que hubiera pasado si en vez de luchar por un mundo mejor para todos, se hubiera concentrado en sus hijos; por cuidar a todos nos descuido a nosotros le recriminaba, si no se hubiera hecho el superhéroe hoy estaría acá, con nosotros…pero como dije en mis otros comentarios uno va decantando y ayudada por el tiempo y el afecto de mi gente fui entendiendo que fue su elección, y su compromiso lo que lo llevaron a sentir que no quería para los suyos (nosotros) un país de tibios como me cuentan que solía decir al defender su postura.
    Era abogado, con un muy buen pasar económico, con un fuerte compromiso social, se caso a los 21, nacieron mis hermanos, se recibió, nací yo; el militaba desde el secundario, empezaron a caer amigos y amigos de amigos, nadie daba la cara, el si… presentó habeas hábeas, golpeó puertas, y todo lo que se hacia en esa época, hasta que un día lo agarraron al salir del estudio, tenía 29 años, lo que vino después es fácil de imaginar. Mamá, que también es abogada y trabajaba con él, estaba con una licencia auto-otorgada por mi nacimiento, quizá por eso zafó. ¿Por qué cuento todo esto? Porque mil veces me pregunte que hubiese pasado si se hubiera dedicado por ejemplo, a hacer desalojos, sucesiones y todos esos temas que en principio, suenan mas inofensivos. Pues bien, se hubiera traicionado, no concebía la vida sin la solidaridad, la ayuda al que más lo necesita, no le era indiferente el dolor ajeno, no podía hacer la vista gorda ante el sufrimiento del otro.
    Y con esas premisas nos educaron a nosotros, entonces pese a ser mas chica que Fatiga, yo también me siento de otra época, yo tampoco soporto a Tinelli y no puedo creer como nos domina, cada vez más el individualismo. Yo también desentono en muchos ambientes en los que me desarrollo. Pareciera que si no te vestís con un sweter bariloche y usas morral no podes tener conciencia social. Para ser justo y solidario deberías vivir, veranear y estudiar en determinados lugares. La crisis de valores es cada vez más evidente, pero no logra desanimarme, desde mi humilde lugar sigo luchando por lo que creo justo y eso me permite ser coherente. Entonces es cuando entiendo que hicimos bien en rechazar la indemnización que dieron en los ’90 a los familiares de los desaparecidos. Mi viejo no claudicó jamás, cómo hacerlo nosotros por unos billetes que además nos los daba el mismo gobierno que indultó?
    Me acuerdo que el tiempo modificó el “aparición con vida” por “juicio y castigo” pero nada modifica la dignidad y la lucha inclaudicable, aún cuando mucha gente a modo de alago me decía y dice “pero vos no pareces hija de desaparecidos, no tenes ese aspecto hippie nena, que linda, que suerte, ni se te nota…” A ellos, se les notara la falta de corazón?

  4. El otro día un amigo me dijo que él se había salvado porque había hecho causa común con los echados de la empresa, y que eso sirvió para mantenerlo lejos del ruido en el peor momento.
    Traducido, lo que me dijo fue que había podido salvar el pellejo durante la dictadura, por haberse ido de la plaza el día que Perón echó a los Montoneros, en solidaridad con éstos.
    Me dijo que aunque él no era monto, en aquél momento habían sido muchos los que no entendían al viejo y que lo habían malinterpretado.
    Que su intervención se había limitado a dedicarle muchas horas por día al desarrollo social y a la participación política en las villas, colaborando no solo con los comedores infantiles, sino también con talleres, oficios y, sobre todo, con la organización de reuniones para discutir las distintas formas de modificar para bien la vida de sus habitantes.
    Decía que su enojo lo había alejado de todo, fundamentalmente por el shock que le había causado el reto del General y por lo difícil que le resultaba enfrentarse con los compañeros de la villa que no pensaban como él.
    Eso le salvó la vida cuando llegó el Proceso, porque no estaba teniendo en ese momento una participación activa y se ve que los informes de inteligencia ya no lo incluían. La gran mayoría de sus antiguos compañeros fueron desaparecidos o apenas si pudieron rajarse.

    Hay algo que siempre me impresionó y la nota de Lula y este comentario que les transcribí me lo ha devuelto al primer plano.
    Yo estaba en el colegio primario cuando se produjo el golpe, así que no viví activamente el último gobierno peronista.
    Desde el análisis posterior, nunca acepté lo que fueron los montoneros, y no compartí sus puntos de vista.
    Sin embargo, lo que me llama la atención -y diría que siempre eché de menos- es toda esa gente -no se si llamarla generación- que estaba dispuesta a jugársela a fondo, no por un interés propio, sino en defensa de los intereses de los demás.
    Todo lo contrario de lo que pasa en la actualidad, donde el individualismo se ha llevado al morbo, y la gente sólo piensa en sí misma.
    Esos tipos dedicaron sus vidas (muchos las perdieron ahí) a pelear por mejorar la situación de los que menos tienen. Participaban, discutían, actuaban y vivían, siempre en función de los otros.
    Y no eran unos pocos diferentes con condiciones especiales. Eran muchísimos.
    Había un interés general por la participación y la discusión política, tan grande como ahora lo hay en desacreditar la política y preocuparse por mejorar la situación personal sin el más mínimo reparo en los demás.
    Tinelli – ícono del individualismo-, resume todo lo malo que el individualismo representa. Propone reírse del otro. Ridiculizarlo. Menospreciarlo. Propone el entretenimiento sin contenido. No pensar. No ver. No reaccionar. Ganar de cualquier manera, aunque para ello haga falta pisotear los principios, la ética o la moral. Importa el mundo de los lindos. De los que se salvan porque están dispuestos a negarse a sí mismos, a prostituírse en cámara, a abandonar sus valores, a entregarse. El que no pueda mostrar sus vísceras, o su muerte sufrida y lenta para solaz de la tribuna, no tiene derecho a existir ni a ocupar nuestro tiempo. La Bestia sólo se conmueve si la sangre promete circo.
    Y yo no lo comparto. A veces creo que nací fuera de tiempo. Porque soy el raro. En la mayor parte de los ambientes en los que me muevo soy el que piensa distinto. ¿Cómo no voy a pensar antes que nada en la ganancia, en mi éxito personal? ¿Cómo puedo tener en cuenta a esos negros de mierda que lo único que quieren es cobrar el plan trabajar para poder vivir de arriba rascándose las pelotas? ¿Cómo me va a interesar la política si son todos una manga de chorros que lo único que quieren es afanar el país para llenarse de guita?
    Siempre dije que en este país el principal derecho era el derecho de propiedad, por encima del derecho a la vida, a la alimentación, a la vivienda, al trabajo, etc.
    Hoy, de la mano de Galasso descubrí que mucho antes que yo Perón sostenía exactamente lo mismo.
    ¿Será por eso que soy peronista?

  5. Gracias a Lula y a Socio, amigo, primo, hermano ¿qué más? por sus comentarios. Tenemos los tres la misma edad. Leer lo que cada uno de ustedes pone es muy interesante, desde la sinceridad de Socio, amigo… hasta la incorporación de una letra de una canción con la intención de mostrar lo que quieren decir, pero que ya ha dicho otro antes. Subí este post como ejercicio literario: escribir recuerdos. No esperaba esta reacción. Espero leerlos más adelante.

  6. Gracias a Flor y a “socio, amigo, primo…”, esta vez la que se emocionó fui yo. En verdad me tranquilizó mucho leer sus comentarios. Me pasó que después de escribir mi anterior tanda de recuerdos, temí que fueran mal interpretados o tomados como golpes bajos; ustedes me demostraron lo contrario. Cuando le comente a mamá y a mis hermanos lo que había escrito, primero lo leyeron y después se sorprendieron que justamente yo haya compartido mis tan preciados recuerdos. No tengo ni idea de cómo llegue hasta este blog, pero asumo que el artículo inicial de “Me acuerdo de…” me sirvió de disparador, repasé parte de mi historia y me hizo bien.
    Me resulta inevitable reflexionar sobre algo que leí en tu comentario, gracias a Videla y su banda yo jamás pude almacenar un recuerdo como el tuyo, ese que arranca “…con mamá y papá en casa me acuerdo de..”, pero también es verdad que por suerte y gracias a Dios, para los que en El creen, el plan no les resulto perfecto, y la facilidad e impunidad con la que contaron durante muchos años un día se acabo. Tuvieron un poder difícil de describir, un nivel de impunidad aterrador, un proceder negativo constante ,casi absoluto, y digo casi porque, como dije antes, el plan falló, a las claras hemos demostrado que pudieron desaparecer personas, pero no han podido desaparecer o borrar recuerdos, imágenes, sentimientos, abrazos y besos, todos esos que los que quedamos llevamos de por vida con nosotros.
    Nadie con una presencia tan permanente y constante en mi vida como mi papá, eso no lo han podido desaparecer…y confieso que lo empecé a entender o decodificar mucho tiempo después como por ejemplo cuando entre por primera vez al bar de mi facu, (UBA-Medicina)y leí una frase enorme escrita en la pared en homenaje a los estudiantes de esa carrera desaparecidos durante la última dictadura, “podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera” y yo les juro que es así…
    Otra vez, muchas gracias
    Lula

  7. Uy Lula!!! que buen lo que escribiste!!
    En realidad con mamá y papá en casa, me acuerdo de no entender que era un desaparecido, ni siquiera con la clara (¿?) explicación de Videla que vi repetida mil veces en la tele. leer lo que escribiste me acerca más a se tipo de historias. Quizás más de grande pude entender que era un desaparecido, y entender ese sufrimiento. pero tu historia me ayuda a entenderlo aún más.

  8. Gracias IGB, Fatiga y Lula. Me encantó y me hicieron llorar. Yo no sé escribir, por eso les paso un complemento del que también me acordé mientras los leía.

    “La memoria”

    Los viejos amores que no están,
    la ilusión de los que perdieron,
    todas las promesas que se van,
    y los que en cualquier guerra se cayeron.

    Todo está guardado en la memoria,
    sueño de la vida y de la historia.

    El engaño y la complicidad
    de los genocidas que están sueltos,
    el indulto y el punto final
    a las bestias de aquel infierno.

    Todo está guardado en la memoria,
    sueño de la vida y de la historia.

    La memoria despierta para herir
    a los pueblos dormidos
    que no la dejan vivir
    libre como el viento.

    Los desaparecidos que se buscan
    con el color de sus nacimientos,
    el hambre y la abundancia que se juntan,
    el mal trato con su mal recuerdo.

    Todo está clavado en la memoria,
    espina de la vida y de la historia.

    Dos mil comerían por un año
    con lo que cuesta un minuto militar
    Cuántos dejarían de ser esclavos
    por el precio de una bomba al mar.

    Todo está clavado en la memoria,
    espina de la vida y de la historia.

    La memoria pincha hasta sangrar,
    a los pueblos que la amarran
    y no la dejan andar
    libre como el viento.

    Todos los muertos de la A.M.I.A.
    y los de la Embajada de Israel,
    el poder secreto de las armas,
    la justicia que mira y no ve.

    Todo está escondido en la memoria,
    refugio de la vida y de la historia.

    Fue cuando se callaron las iglesias,
    fue cuando el fútbol se lo comió todo,
    que los padres palotinos y Angelelli
    dejaron su sangre en el lodo.

    Todo está escondido en la memoria,
    refugio de la vida y de la historia.

    La memoria estalla hasta vencer
    a los pueblos que la aplastan
    y que no la dejan ser
    libre como el viento.

    La bala a Chico Méndez en Brasil,
    150.000 guatemaltecos,
    los mineros que enfrentan al fusil,
    represión estudiantil en México.

    Todo está cargado en la memoria,
    arma de la vida y de la historia.

    América con almas destruidas,
    los chicos que mata el escuadrón,
    suplicio de Mugica por las villas,
    dignidad de Rodolfo Walsh.

    Todo está cargado en la memoria,
    arma de la vida y de la historia.

    La memoria apunta hasta matar
    a los pueblos que la callan
    y no la dejan volar
    libre como el viento.

    Letra y música: León Gieco

    Un beso a todos y gracias de nuevo.
    Flor

  9. Me acuerdo de mis hermanos enojados porque yo les robaba sus recuerdos, y me recuerdo discutiéndoles que yo también los había protagonizado…Me acuerdo que casi ni me acuerdo interactuando con papá, me acuerdo de reclamar fotos con él; me acuerdo de mamá, con esa paciencia típica de madre, explicándome que papá no estaba en el cielo ni tampoco había dejado de querernos, todo lo contrario, por querernos tanto y por luchar para que tuviéramos un mundo mejor estaba desaparecido, me acuerdo que no terminaba de entender ni asumir el término “desaparecidos” (me pasaba al revés que a Videla que los definía como si tal cosa).
    Me acuerdo que no entendía porque si era argentina no podía vivir en mi país, ni jugar con mis primos ni tener a mis abuelos cerca, me acuerdo que no entendía porque nadie hablaba “argentino”.
    Me acuerdo que viví hasta los 5 años un rato en Bruselas, un rato en París, pero de eso no me gusta acordarme…Y me acuerdo que recién sentí que estaba en casa, cuando volvimos y eso que yo era un bebe cuando nos tuvimos que ir, me acuerdo mi primer cumple acá, el de los 6, el mismo día que ganó Alfonsín.
    Me acuerdo que pude jugar con mis primos y estar con mis abuelos, y pude probar el dulce de leche y la chocotorta, me acuerdo de cómo me dolían los oídos al comerme un chicle jirafa entero, me acuerdo de las pelis de Olmedo y Porcel, me acuerdo que al fin pude ver el Obelisco en vivo y en directo, y me acuerdo de mi hermano festejando un Mundial en democracia. Me acuerdo del cachorrito que me regalaron y de cómo sufría el pobre perro cada vez que yo me acercaba.
    Me acuerdo que fui devolviendo recuerdos ajenos y acumulando propios, me acuerdo que seguía sin (querer) entender lo que era tener un papá desaparecido. Me acuerdo de mamá nerviosa por tener que ir a declarar en le juicio a las Juntas, me acuerdo de estar sentaditos escuchando la sentencia, los tres a upa de ella (nunca somos grandes para eso), mientras sostenía una foto de papá. me acuerdo del Nunca Más. Me acuerdo que en los ’90 éramos mala palabra y que ahora estamos casi tan de moda como el ipod…
    Me acuerdo que jamás deje de sentir a mi papá cerca, me acuerdo que nunca hubiera podido sin mamá y mis hermanos, me acuerdo que a pesar de todo pudimos crecer sin rencor, me acuerdo que a fuerza de mucho, mucho amor fuimos chicos felices, me acuerdo de la paciencia y el aguante de todos mis amigos en los días negros del indulto; me acuerdo de mi primer novio, me acuerdo del cole y de la facu, me acuerdo cuando Alejo me enseñó a manejar y me acuerdo cuando le usaba a escondidas el auto a mamá, me acuerdo de los eneros en la playa y de los julios en la nieve, me acuerdo cuando me recibí y me acuerdo cuando me fui a vivir sola, me acuerdo que el tiempo todo lo acomoda y que la justicia ayuda a eso. Me acuerdo de otro novio.
    Me acuerdo de su lucha y de sus ideales, me acuerdo de su ejemplo y su dignidad, me acuerdo que soy felíz porque lucho todos los días para eso, y me acuerdo que no me voy a olvidar nunca de mis recuerdos…

    Pido disculpas por el desahogo, hace un par de días leí este artículo y desde ese momento estoy juntando recuerdos…gracias por permitirme compartirlos.

  10. Delfina, ambos tenemos memoria, no muy buena en mi caso, pero si en el tuyo. Yo también me acuerdo mucho y de tanto, que ahí quedará. Pero no cambia el futuro. Contemos con esos abrazos siempre.

  11. Ya pasaron como dos horas de haber leido las cosas que vos recordabas, y me acuerdo que me hiciste lagrimear, y me acuerdo de haber pensado que lindo es recordar, y que lindo seria poder contar. Aclaro que NO se escribir pero lo voy a intentar:

    Como no acordarme de los desayunos de papá….y de las casitas en el montes, con poquerías del basural. Me acuerdo de los tan esperados asados del domingo, me acuerdo de La Chacra, cuando todos nos queríamos. Me acuerdo de mis abuelos, enamorados como chicos,y de sus consejos raariiisimos, que hoy me empiezan a cerrar. Me acuerdo de las inundaciones, de las idas al colegio en tractor. Me acuerdo de ese frio en pleno julio a las 6 de la mañana, cuando papá nos despertaba para ir al campo de concentración, el colegio…como no acordarme de las amorosas monjas del colegio, que si habia niebla o llovia la falta no nos pertenecia.Y las vueltas del colegio, cantando el himno con jorgito para practicar. Me acuerdo de los viajes a Tandil en el 4L de mamá, y como no olvidarme de la emocion de ella cuando papa por fin se lo cambio por el regatta. Me acuerdo cuando nació mi hermanito, cuando papá salio y grito con emoción es varon!!! habia nacido Benjamin, despues de haberlo esperado durante 11 años…me acuerdo de haber llorado porque esperaba una mujer, pero me acuerdo de esa angustia que sentia cada vez que lo veia por esos ventanales enormeeees, para mi en aquel momento, en donde habia muchisimos bebitos y Benja lloraba, lloraba y nadie nadie lo agarraba….corriendo y llorando iba al cuarto a decirle a mamá, y ella me miraba, se reía y me abrazaba! me acuerdo de la rabia que me daba.
    Me acuerdo de mis amores…que nunca pense que iba a poder olvidar….
    Y recorcando y recordando me acuerdo de vos….de como me gustaba hablar,de como me gustaba con vos viajar….me acuerdo de vos tío, que muchas veces extraño abrazar.

  12. Gracias a Fatiga; Socio, amigo, primo, hermano ¿qué más?; luchinop; C’est moi; Frestos y Barroso por sus comentarios. Buenos recuerdos, buenas reflexiones.

  13. Trataré de acordarme de los momentos registrados por la cámara de mi celular, trataré de acordarme de los colectivos de piso bajo, del Windows vista, del taxi a 3,80 la bajada de bandera, del Messenger, de la ampliación del subte B hasta Urquiza. Trataré de acordarme que alguna vez el campo paró muchos días, trataré de acordarme mi expresión cuando se le cayó el primer diente a mi hijo, su cara de miedo y mi único y solitario billete de 100 en la billetera para el ratón Pérez. Intentaré acordarme cuando las monedas valían más que su valor de cambio, de cuando usaba pantalones con botas arriba, de la cantidad de veces que puteaba contra las empresas Fibertel y Claro, de lo mucho que me gustaba ir a ver recitales a un lugar llamado La Trastienda, de lo nerviosa que me puse cuando me presentaron a mi próximo novio y del momento en que la letra K era un adjetivo en sí mismo.

  14. me acuerdo cuando a la mañana no había programación en la tv, me acuerdo cuando había 5 canales. me acuerdo de finalísima (es finalísima, hoy se lleva mil australes, finalísima…). me acuerdo de toby mi buen amigo, del primer celular que vi (lo tenía raquel mancini, me acuerdo que era linda!), me acuerdo de la Z 95. y tomá, me acuerdo del terremoto de méxico. pero la posta: me re acuerdo del italpark!!! mis hermanos menores sólo saben que ahí hay una escultura horrible de botero.

  15. Siempre me acuerdo que mientras veía por T.V. algunos saqueos del 80 y pico, lo hacía plácidamente recostados sobre las tetas de la joven misionera que me cuidaba.
    Me acuerdo que cuando fueron los saqueos del 2001, los vi despechado y descreido.
    * el recuerdo más sabroso de mi infancia es el sandwich de salame y queso que vendían en el recreo en el kiosko de Lina.

  16. Y si de recuerdos hablamos me acuerdo de recuerdos que otros no recuerdan, y esos recuerdos me enferman por que me los acuerdo como si fueran ayer, y me los discuten y me parece inverosimil que ellos no.
    Me acuerdo del mundial ’86, de Maradona y de cada uno de los autores de cada uno de los goles de ese mundial. Me acuerdo de ir a la cancha, a la popu, de gritar, de sufrir, de alentar. me acuerdo de los autitos y del Mercedez benz color verde que le reglaron (te regalaron) a mi primo, y que cuando lo hacíamos andar las ruedas parecía qe fueran para atrás, como la de los autos de verdad. me acuerdo de los soldaditos, y de Fatiga entrando de golpe y con un certero disparo de una bolita destruía todo un ejercito como Hitler hubiera soñado. Y me acuerdo de Judo, y del ayudante del Sensei al que le deciamos Videla, por que su método era un tanto desgastante. Y me acuerdo de llamar desde la Cristiana y que atendiera Fatiga y nos dijera que se estaban mudando enfrente a casa, y era mentira, pero compramos como dos giles, y nos fascinó la idea de que fuéramos a vivir tan cerca. Me acuerdo de llegar a lo de Mami y ver el Falcon blanco estacionado y ponerme contento por que significaba que estabas y entonces iba a tener con quien jugar. Entonces me acuerdo de Malabia, de Leonidas, el Tulpo, de las clavas de Tata, del cuarto con un mapa, del balcón.
    Me acuerdo de la Yegua del tambo, y de subirnos desde la tranquera para ir hasta el fondo de la calle vieja, mítica calle a partir de la cual recién podíamos hablar, antes de cruzar esa calle estaba TERMINANTEMENTE prohibido, que Enrique no se despertara por que se pudría todo. Y me acuerdo del farol que quemó el estante del baño y nos hicimos los boludos para que no nos retaran. Me acuerdo de las ranas que supimos sacrificar, y que María nos mando en cana. Me acuerdo que te dejaban prender el falcon para que calentara y eso te acercaba a tu sueño de manejar. Me acuerdo de la mochila con revistas pornográfica, el hecho de mirarla ya era adrenalínico, abrirla era toda una aventura, y luego ver lo que esa mochila contenía era realmente perturbador, pero ¡¡qué linda perturbación!!
    Me acuerdo de la IBM, y las noches enteras jugando al futbol. Me acuerdo de grabar La Banda del Golden Rocket y verla juntos hasta tarde.
    me acuerdo de Ugarte, de pegar mina, de tener miedo que se enteraran en el campo.
    Me acuerdo de la semana a base de Criollitas con paté y atún, y termos de café.
    Me sigo acordando de cosas y me olvidé que me tengo que ir.

  17. Yo que nunca me acuerdo, me acuerdo de las mismas cosas. De esa recopilación de datos, sensaciones, olores, creencias que forman el nido. Eso que va con uno a donde vaya, pero nunca está donde se lo busca. Eso que uno quiere sentir cuando se necesita, cuando quiere estar en un lugar seguro y que trata de encontrar en lugares donde nunca ha estado.
    El tiempo pasa y ahora me veo muchas veces haciendo el nido de mis hijas seleccionándoles los mismos recuerdos que les permitan tener a ellas también su nido. Cuando las acuesto, les estiro bien la sábana sobre el cuello para que se sientan protegidas y les paso la mano entera por la frente, para grabarles la presencia. Igual que está en mi memoria.

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