La preocupación por las presiones y las presiones que preocupan. Por Claudia Bernazza

Claudia Bernazza es Diputada Nacional por la Provincia de Buenos Aires FpV-PJ. Coordina los Equipos para la Victoria, un espacio político que convoca al debate y la formación política a grupos militantes y dirigentes de organismos públicos, organizaciones políticas y sociales y ciudadanos con vocación de militancia.

La preocupación por las presiones

Estamos asistiendo a un momento que revaloriza la institución parlamentaria, que vuelve a poner el foco sobre su capacidad de configurar el país en que vivimos. En el palacio de las leyes, un puñado de representantes del pueblo debate y decide sobre el marco legal que va a regular la vida en sociedad. Aún cuando el sentido común indique que lo mejor es que lo hagan en un ambiente aséptico, sin tensiones ni conflictos, este no es el ambiente natural de la vida en sociedad, en ningún caso.

Como representantes de un pueblo, estamos alcanzados por las opiniones que emanan de ese pueblo, de sus sectores económicos y sociales. También nos importa la opinión de los conductores del espacio del que participamos. Esto sucede tanto en organizaciones políticas como en entidades sociales, religiosas o gremiales. El conductor de la Federación Agraria de Entre Ríos remarca siempre que acata las decisiones de la conducción nacional de esa Federación, y nadie se escandaliza.

En este escenario ¿qué presión nos preocupa? ¿la presión de los jefes del oficialismo sobre sus legisladores? ¿la presión de las entidades agrarias, de los militantes, de los medios de comunicación? ¿O será que lo que realmente nos preocupa es que la decisión que se tome no sea la que esperamos?

Las presiones que preocupan

En este momento, los medios de comunicación están preocupados por la presión que pueda ejercer el Poder Ejecutivo en relación con el proyecto de ley que llevó la discusión de las retenciones al Congreso. En el mejor de los casos, también se preocupan por la presión de los productores agropecuarios. Yo les diría que se queden más que tranquilos. Tanto en un caso como en el otro, los diálogos con los diputados han logrado, luego de algún exabrupto o episodio de violencia innecesaria, ser racionales y respetuosos, sin perder por ello la pasión y el compromiso que los sustenta. Por el lado del Poder Ejecutivo, la posición asumida es clara, y resulta explícita a partir del proyecto enviado ¿qué esfuerzo de adivinación se necesita hacer para saber lo que este Poder pretende? Por su parte, la Mesa de Enlace ha tenido todos los micrófonos a disposición para repetir una y otra vez sus posiciones, incluso las que no son homogéneas entre sus integrantes. Estas entidades han pedido entrevistas con legisladores oficialistas y opositores, y estos encuentros están ocurriendo a lo largo y a lo ancho del país.

Simultáneamente, hay un fenómeno novedoso sobre el que conviene poner la lupa. A través de mensajes de texto, entrevistas, llamados telefónicos y correos, una ciudadanía activa expresa su opinión sobre este conflicto y la propuesta legal para superarlo.

Un primer párrafo lo merecen los mensajes cuyo contenido resulta una lección de civismo y compromiso político. Estos mensajes definen posiciones, acercan información útil, invitan a defender, modificar o rechazar el proyecto. Se nos acompaña y apoya, se nos solicita que pensemos en el futuro, en la distribución de la riqueza, en los pobres, en el campo, en los productores, en la Patria, lo que nos recuerda la enorme responsabilidad y la jerarquía de nuestra función legislativa. Estos mensajes revitalizan la representación y recuperan la democracia real.

En otros casos, los mensajes dejan un sabor amargo. Hablan desde el centro de un mundo que no perdona. En ellos, se nos invita a votar por miedo a las represalias que sobrevendrán. Estos son los enemigos del pueblo, reza un mensaje difundido a través de internet. A continuación de este título, aparece la lista de los diputados bonaerenses del oficialismo, la que encabezo por la sencilla razón de que mi apellido empieza con be larga.

Estamos tomando debida cuenta de su actuación, para determinar nuestro trato futuro hacia usted en las urnas y en la vida civil, cuando retorne a su lugar de origen, dice otro mensaje, similar a otros que nos hacen saber que conocen nuestros domicilios particulares, la actividad de nuestras familias, nuestros horarios y rutinas.

Esta es la lista completa de los Diputados de la Nación (…) Hagámosle a cada
uno un cacerolazo particular y pacífico para que se cuiden muy bien de lo que van a hacer (…) Vayamos a donde deberían estar, en sus pueblos y sus ciudades para advertirles que tengan mucho cuidado con lo que van a hacer. Si no están allí y se esconden, hagámosle saber a sus familias el mismo mensaje (…).
El subrayado es mío y creo que huelgan los comentarios.

La sociedad necesita su voto nominal para conocer fielmente su pensamiento, dice un correo. No me defraude, me dijo un conocido periodista en estos días. Me eximo de reproducir los mensajes cargados de exabruptos, reveladores de una apuesta a la confrontación lisa y llana.

Los medios de comunicación pueden colaborar con esta intolerancia que se enorgullece de sí misma. Expresar lo que se piensa no siempre supone madurez cívica, a veces revela falta de práctica en este tipo de debates, así como una ausencia preocupante de ámbitos que funcionen como escuelas de ciudadanía.

Creo que se nos puede y debe exigir libertad interior, coherencia con nuestras opciones vitales y capacidad de diálogo y análisis de la realidad. Nadie nos puede exigir que pensemos lo que se nos indica a través de un mensaje, desconociendo que nuestra representación abarca a millones de personas.

Finalmente: la votación nominal fortalece al Congreso y jerarquiza a sus integrantes. Me hice cargo y me seguiré haciendo cargo de cada uno de mis votos en el recinto. La conformidad o disconformidad con esos votos se salda a través de una ciudadanía que revalidará o revocará mi representación en futuras elecciones ¿O hay algo que debo temer?

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Un comentario en “La preocupación por las presiones y las presiones que preocupan. Por Claudia Bernazza

  1. Dentro del nivel que cuenta la diputada Bernazza, muchos hemos visto una propuesta de ejercer la democracia directa. Con ella se pretendería inducir a los legisladores a votar directamente por lo que la gente propone.
    Caben varios análisis. En primer lugar: ¿qué gente? ¿La que manda los mails?, ¿la que aprieta en el congreso?, ¿la que corta las rutas? ¿o la que votó a los legisladores?
    Es importante destacar que el mandato que tienen los legisladores no nacen de un acto en particular por más masivo que éste sea, sino del voto en las urnas realizado en tiempo oportuno. Ese voto tiene una duración de 4 años para cada legislador.
    Se ve que esta gente es tan poco afecta al sistema democrático que lo desconoce absolutamente. De lo contrario sabrían que nuestra constitución dice que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. Estos representantes son los que reciben el mandato al que hice referencia más arriba.
    En la Argentina NO EXISTE LA DEMOCRACIA DIRECTA, aunque ellos estén acostumbrados a la dictadura directa.
    Por la vigencia de las instituciones, es imprescindible que los legisladores no se dejen intimidar por esta deleznable extorsión.

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