Al Congreso, salud

Son diputados de la Nación. Fueron elegidos por el pueblo de las provincias. Pertenecieron al momento de la elección a un partido político. Todos.

Hace tres semanas, el Poder Ejecutivo envió un proyecto de ley al Congreso de la Nación. Era lo que la “sociedad” pedía. Más institucionalidad. Que se aprobara o rechazara, pero desde el Congreso.

La oposición criticó el envío por considerarlo una mentira más. Por suponer que el proyecto se aprobaría a “libro cerrado” (expresión que alude a la no modificación ni tratamiento en particular de un proyecto de ley). Con absoluta libertad de expresión, leímos en los diarios serios y respetables de este país, escuchamos en los programas políticos de televisión a los periodistas más reconocidos, asegurar como verdad revelada que la Cámara de Diputados de la Nación solo sería una escribanía. Que vergüenza teníamos que tener los argentinos en esos días. La presidenta es una soberbia dictadora y el Congreso una escribanía lamentable. En vano se declaró a cuanto micrófono pasara que la única ley en la historia de este país que se aprobó a libro cerrado fue la número 340, sancionada el 25 de septiembre de 1869, el Código Civil de la Nación.

Nadie ahora aclara, ningún periodista de los que se dicen serios reconoce absolutamente nada. Todos critican lo nuevo. Algo hay para criticar. Lo cierto es que el proyecto se trató en Comisión. Como todo proyecto de ley. Se recibió a cuanta Cámara de productores pidiera entrevista. Se permitió la televisación de cada paso. Ojo, no como todo proyecto. Hacer lobby está penado por la ley en Argentina. Claro que se hace. Claro que los interesados en que se sancione o no una ley visitan el Congreso a diario. Pero no está permitido. No debería ser así. Imaginemos sino, que el Congreso está tratando una ley sobre regulación de los encajes bancarios para la banca privada. Imaginemos que una cámara oculta de un programa de denuncias descubre visitas de los presidentes de los bancos City y Santander a diputados del oficialismo. Supongamos que esa ley, que perjudicaría a esos bancos quedara demorada o se denegara. ¿Estaría bien hecho el trabajo de esos legisladores? Estaría sospechado al menos. Sin embargo, este proyecto de ley se trató con la permanente visita de los representantes de las Cámaras empresarias del agro y a todos nos pareció perfecto. Los legisladores legislan para el pueblo y el “pueblo” estaba en el Congreso. Un disparate por donde se lo mire. Pero lo vemos y seguimos como si estuviera bien.

La oposición, en las voces de Lilita Carrió y Patricia Bullrich como sobresalientes de la madurez y seriedad de la Argentina, acompañados por los Alfredo que pasaron hasta el cansancio por las pantallas, avisaron a quienes no sabíamos de civismo que los legisladores eran legisladores de sus provincias. Más que aviso para desasnar ignorantes, era una amenaza para aterrorizar a mortales. Lo cierto es que no podrían volver a sus pueblos si votaban contra los intereses del sector agropecuario interpretado por las Cámaras que visitaban el Congreso. “Los Diputados de la Nación son legisladores de sus provincias”, una afirmación poco seria. Nadie salía a aclarar este disparate, porque era claro el mensaje. Claro que la abogada Carrió sabe perfectamente que los legisladores de las provincias trabajan en las legislaturas provinciales y los diputados de la Nación son los representantes del pueblo de las provincias y legislan desde el Congreso para la Nación. Claro que Carrió sabe que son los senadores los representantes de las provincias. El mensaje era otro. La amenaza lisa y llana. “Vamos a ir a buscar uno por uno a los diputados”, decían por televisión.

Empezó el debate, oficialismo y oposición hacían cuentas. No importaba la ley, sino el número. La oposición tenía que rechazarla, el oficialismo aprobarla. Para esto se plantearon estrategias. La oposición corriendo la línea todos los días. Había que asegurarse que el oficialismo no se acercara. Las propuestas tenían que ser disparatadas porque los legisladores del Frente estaban dispuestos a mucho más de lo que se pensaba con tal de aprobarla. ¿Se acuerdan de los reclamos por las 750 toneladas? ¿Observaron que al poco tiempo empezaron a hablar de las 1500? Bueno, vamos por todo. Estos no van a animarse a tanto. Pedimos 3000 toneladas o nada. Argumento serio y fundado. Para tener 3000 toneladas de soja hay que producir en un mínimo de 1800 hectáreas. Saben cuánto valen 1800 hectáreas sojeras, aproximadamente, unos 15 millones de dólares. Tomando valores bajos. Claro que se consiguen por 20 millones. Difícilmente por 10 millones. El “pueblo” defendía sus intereses en los pasillos del Congreso. Todos tenemos un capital que ronda los 15 millones de dólares, no?

Nadie sabía mucho de nada. Lo que ocurrió en el ejecutivo ocurría en el legislativo. Los diputados corrían con argumentos refutables por un chico de segundo grado. Lo importante era ganar. Oposición y oficialismo debían conseguir lo suyo. Claro que el oficialismo para asegurarse sus votos necesitaba ceder muchos puntos del proyecto. Había muchos legisladores que reclamaban más para los pequeños productores. Había otros que decían que debía acercarse a “las partes”.

Las miradas giraron entonces al diputado por Buenos Aires, Felipe Solá. No solo es ingeniero agrónomo, lo que poco importa -recordemos que Carrió es abogada-, sino que fue 8 años secretario de Agricultura. Dicen que entiende de esto. Como toda persona de la que se espera, Solá salió a empaparse de un tema del que ya no manejaba los detalles. Fue gobernador y como tal tuvo un ministro de Asuntos Agrarios y este un equipo. Lo primero era un informe de ellos. Tenía que salir con un proyecto que no fuera salomónico sino serio, pensado, fundado. Solá hizo su trabajo. Reclamó un lugar en la comisión cuando ya era tarde. Finalmente, como diputado raso ofreció su proyecto. Se comprobó que sabía. Las Cámaras del agro lo aprobaron. Para el Estado significaba los mismos ingresos. Para los grandes pules de siembra nada, para los chicos más de lo que pedían. Pero Solá también tenía que negociar su proyecto. Igual que el oficialismo al que ya miraba de costado, debía acordar. La ley Solá, como se la hubiera conocido, dormiría en los cajones de algunos despachos.

Finalmente, llegó el día para tratar el tema en el recinto. Había que tratar la ley. Cada vez que el oficialismo planteaba otros temas a tratar dentro de una ley más integral para el agro, la oposición pedía que se tratara el tema central: las retenciones a la soja. La presión de los medios de comunicación, el hartazgo de la “sociedad” y la necesidad de trabajar en otros temas que hacen al gobierno, hizo que Diputados tratara una ley especial. Ley hasta el 31 de octubre. Los legisladores de las provincias tendrían que tener muy claro que no podrían mirar la cara de sus vecinos si votaban “mal”, decían mientras tanto. Se votó y se aprobó un proyecto que muy lejos había quedado de lo que proponía el Poder Ejecutivo con su “ratifique”.

La oposición había perdido, por poco, pero perdido. La Cámara de Diputados había dejado sorprendido a todos los que no sabían ni para que estaba ni como trabajaba.

Inocentemente creí que iban a aceptar el triunfo de la mayoría con grandeza. Pero no. Parece que la abogada Carrió aprovechó su tiempo libre para darle otra leída a la Constitución Nacional y descubrió que dice “Diputados de la Nación”. Los beneficios que cada legislador consiguió en las negociaciones para sus provincias eran dadivas cuestionables. Un diputado por la provincia de Neuquén -no ven una planta de soja ni en foto-, como diputado de la Nación debía votar para legislar con una ley nacional. Ese diputado planteó, que si bien estaba de acuerdo con el proyecto oficial -un refrito entre la propuesta de la Comisión de Agricultura y el proyecto Solá-, le parecía importante que el Congreso legislara sobre los productos de su provincia, consiguió que los legisladores que son mayoría (Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, por población) se comprometieran a hacerlo. Esos diputados de la Nación, al volver a sus provincias serán llevados en andas. Sin embargo, actuaron mal por votar contra lo que la oposición planteaba. Ahora el reclamo de Carrió era que son diputados de la Nación. Ahora si.

La Argentina tiene un sistema de representación perfectible. Un sistema de elección de representantes aún más perfectible. Pero tiene el que tiene y hasta que se cambie está vigente. Los legisladores no se eligen por su nombre, sino por el partido político al que pertenecen. Independientemente de su popularidad. Aunque criticable, eso significa que esos legisladores coinciden en un proyecto de país. Con sus diferencias, como las de Felipe Solá con Carlos Kunkel, coinciden en la forma de trabajar por un país más justo. Cuando votan en el Congreso se espera que voten lo mismo. No por obediencia debida, sino por convicciones. Esas que los llevaron a compartir la lista.

Tenemos que tener más práctica democrática. Somos jóvenes aún como país. Lo que ocurrió la semana pasada fue lo que debía ocurrir. Ahora será tratado por el Senado. Nuevamente el lobby. Nuevamente las presiones y amenazas. Los senadores si son de las provincias. Con lo que me adelanto a decirles: ojo con las ventajas que puedan conseguir para ellas. En el Senado el proyecto puede aprobarse o modificarse. Si se aprueba, tendrán las Cámaras del agro la posibilidad de hacer lobby ante el Ejecutivo, para que lo vete. Lo cual sería muy divertido. Si se modifica, volverá a la Cámara de Diputados.

No perdamos las esperanzas. Antes del 31 de octubre tendrá que aprobarse otra ley referida al agro. Antes del 31 de octubre nos pondremos a debatir sobre salto con garrocha, 100 metros con obstáculos y si las leonas jugaron bien o muy bien.

Las retenciones a la soja es un tema que en lo puntual nos aburre y nos agotó. Pero, desde el interés por la política, desde el aprendizaje cívico y democrático, desde horas quitadas a si baila o no baila el enano travesti casado con el cantante centro americano, ha sumado y mucho.

3 comentarios en “Al Congreso, salud

  1. A ver si hacemos una diferencia.
    La posición de las cabezas del campo (no las de ganado sino la de los 4 jinetes del apocalipsis -pagina12 dixit- más De Diabli), pasó a la historia de este conflicto como irreductible. Es decir, los muchachos no aceptan un no por respuesta y no tienen tampoco una postura de mínima. De Diabli sostenía anoche que el oficialismo del congreso los había recibido, pero no los había escuchado, porque hicieron todo lo contrario, como si oírlos y hacer lo que ellos querían hubiera sido una misma cosa. Acá no aceptan que haya segunda postura. O se está con el campo, o se… ¿roba?
    Bien, a lo que iba. Se ha demostrado aquí que existe un palmario desconocimiento de lo que es la negociación. En una negociación las posturas iniciales son flexibles en pos de alcanzar un acuerdo que implica ceder en algunas cosas para conseguir un mejor resultado. Pues bien, el campo no estaba para una negociación. ¿Y el país? Contrariamente a lo que sostuvieron los medios, el país flexibilizó muchísimo su postura inicial. No cedió en la derogación de la 125, pero la modificó notablemente. Basta con pensar que de los 80 mil productores a los que abarcaba inicialmente, se dejó fuera de su alcance a 70 mil. Es decir, el país flexibilizó su posición en, digamos, 70 mil. Si eso no es ceder…
    Para cerrar. Producida la votación, la oposición y los medios salieron a señalar a quienes, suponiéndose que votarían en un sentido, votaron en uno diferente. Claro que sólo a los que terminaron votando con el país. Los que se dieron vuelta y votaron por el campo no cayeron en ninguna sospecha. Y ahora vuelvo a la idea de negociación. En el congreso los representantes del pueblo de las provincias y de las provincias (en ambos casos con la Capital Federal incluída), NEGOCIAN. Y no está mal. Negocian apoyos a una u otra posición, a cambio de apoyos para los intereses que ellos mismos defienden. Yo te apoyo en esta ley si vos me apoyás en aquella. Así funciona el sistema. No se puede pretender que 255 diputados sean expertos en los temas más variados. Sin embargo, todos votan en todas las leyes. Y los apoyos se negocian.
    Lo que sí está mal, es cuando lo hacen por beneficios personales.
    Cierro. La ley BANELCO, fue la ley de Contrato de Trabajo que se promulgó durante el gobierno de De La Rua. Por ella tuvo que renunciar el Ministro de Trabajo. Por ella hay varios ex senadores procesados, el ex ministro y hasta el propio De La Rua. Pero hay un detalle que los medios pasaron por alto. Tras la renuncia del ministro de trabajo, se hizo cargo de ese ministerio la hoy diputada y mano derecha de Lilita Carrió: Patricia Bullrich. Ella. La misma que al hacerse cargo del ministerio, en un gobierno que había comprado la ley que regía su área, NUNCA DIJO NADA. Ahora, en cambio, con las manos cortajeadas por la lata, aparece denunciando supuestos cambios en los votos mientras la rodean todos los micrófonos de los medios.
    Y vos Lilita, ¿que decís?

  2. Lo de los beneficios que se dice (siempre la prensa “independiente”) que consiguieron algunos diputados, a cambio de cambiar su voto, me parece moralmente muy discutible. En principio no lo veo mal: me acuerdo cuando me contaron que en EE.UU. los congresales de estados del sur en una época se hicieron famosos por canjear a cara descubierta votos en leyes que no les interesaban por obra pública en infraestructura para sus estados, gracias a la cual esos estados consiguieron un desarrollo económico notable. Y me pareció totalmente legítimo.
    Claro que también es cierto que, como los diputados representan al pueblo de la nación, tal vez deberían tener una mirada más amplia y votar en cada ocasión lo que se les pregunta.
    Atiendo argumentos, porque no lo tengo demasiado pensado.
    Y algún ruido moral me hace… pero confieso que poco. De cualquier manera comparto que los cambios de postura de la oposición para exigir conductas fueron lamentables. Por último, los que son acusados de haber cambiado su voto a último momento, tampoco es que se pasaron a apoyar lo que les parecía inviable, pasaron de la propuesta Solá a la propuesta oficial, que, objetivamente, estuvieron técnicamente muy cerca una de la otra.
    Por otro lado, en cuanto a la ley medio-sancionada, creo que tiene unos cuantos agujeros todavía. El emparchado quedó bastante incompleto, dejando varios flancos abiertos para críticas razonables. Y después de que pasara tanta agua bajo el puente, me parecía importante aprobar un cuerpo sólido que terminara de callar las críticas técnicas.
    De todas maneras, con todos sus agujeros, creo que hubiera sido bueno que todos los que tenían proyectos cercanos al ejecutivo se abstuvieran en la votación ( esperando tal vez que en el fracaso del proyecto oficial hubiera más tiempo para convencer a los semejantes y armar una propuesta mejoradora), para dar mayores señales de unidad y para no quedar en la misma vereda de una oposición obtusa empeñada en suspender la resolución, con tanta mala fe. Y además para, en el peor de los casos, quedar en mejores condiciones para seguir aportando desde adentro a la mejora de la ley que finalmente salga sancionada.

  3. No se si es una sensacion, pero me parece que estamos peor que antes. Despues de aprobarse la ley en la camara de diputados lo que me dejo confundido fue precisamente que que se aprobo una ley que no regulariza a los fideicomisos agrarios, se compensa a enormes cantidades de estancieros -y no ya solo a peueños y medianos productores- y lo mas grave es que finalmente no podamos debatir una politica agropecuario a 20, 15 o 10 años inclusive. ¿Sera que nos esforzamos todo el timepo por ver el ahora, el problema momentaneo, el percance, esa rueda que se pincho y que preferimos emparchar antes que comprar una nueva que nos dure por un tiempo determinado? Por cierto, nuestro pais es una de esas camaras viejas, en las cuales ya no se distingue el caucho original entre tanto emparchado.
    Hoy por hoy el contexto mundial es favorable para la Argentina, y tambien lo ha sido en momentos anteriores a lo largo de la historia. En definitiva, el momento favorable simepre va a estar, ¿pero nosotros estamso preparados para afrontarlo?¿estamos preparados para crecer a tasas “chinas” como la india, brasil, etc?¿queremos verdaderamente cambiar? Lamentablemente no. Y estamos en un pais que evidementemente no se pudo sustentar, que con un crecimiento sostenido del 9%(despues de haber decrecido el 300% masomenos en 2001), ocn la apertura de fabricas dia a dia y con un recupero importante del salario; no supo o no quiso crear nuevas plantas electricas para soportar le desarrollo, que creo un plan energetico tarde y este lo enfoco principalmente sobre el petroleo( argentina hace años que no busca nuevos pozos) y no supo controlar la inflacion.
    Es una pena que todavia no podamos hablar a futuro. Es una pena que seamos el unico pais en un contexto favorable ue se genera una autocrisis. Por lo tanto la Argentina siempre va a tener un contexti favorable para crecer, pero realmente vamos a crecer cuando su poblacion se encuentre preparado para ello.

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