Señores, de pie

El jefe de Gabinete de Ministros de la Nación convocó, por indicación del Ejecutivo, a los medios de prensa nacionales e internacionales. Televisión, radio y gráfica. Ciento cincuenta periodistas acreditados, 40 de medios extranjeros. Desde el New York Times hasta Crónica TV. La presidenta daría su primera conferencia de prensa desde la Quinta de Olivos. Se anunció que sería a agenda abierta, lo que significa que se puede preguntar sobre lo que sea, sin limitaciones. Señores: La presidenta responde. El vocero presidencial puso dos condiciones: duraría una hora y media (fueron casi dos) y se permitiría una pregunta por medio (léase dos en la mayoría de los casos).

Cristina Fernández de Kirchner llegó de visible buen humor y tranquila. Se paró ante un atril de cara a los periodistas y con los jardines de la quinta como fondo. Dos plasmas a sus costados. Orden y profesionalismo nuevos para este gobierno. Fue la primera conferencia de prensa dada por el Poder Ejecutivo en casi 10 años.

Al empezar se supo que no existiría la menor probabilidad de que todos preguntaran. Ni los periodistas tenían capacidad de síntesis y ni la presidenta era breve en sus respuestas. Solo los primeros de la lista de 150 anotados tendrían la posibilidad de preguntar. Cobraba importancia entonces el orden en el que fueron anotados los medios: quienes preguntarían, quienes no.

Podemos leer en detalle en cuanto medio se nos ocurra lo que sucedió en esa conferencia. Cuáles fueron las preguntas y cuáles las respuestas. Qué fue lo que no se llegó a preguntar. Qué fue lo que contestó y generó títulos. Qué fue lo obvio. Me limitaré a hacer solo algunas observaciones:

Una pregunta por medio. Ahora bien, Clarin es un medio y Canal 13 otro.

Si bien se podía preguntar sobre cualquier tema, hubo medios que desperdiciaron su pregunta a la presidenta con temas puntuales y que solo tendrían como respuesta la opinión de una ciudadana: el lamentable crimen de Campana, por ejemplo.

Medios que enviaron a periodistas inexpertos que, aunque tuvieran anotada la pregunta clave, fueron vencidos por los nervios y desaprovecharon la oportunidad con largas y confusas aclaraciones a preguntas que hubieran surtido efectos y generado tapas.

Se le preguntó por el INDEC, el conflicto diplomatico con los EEUU después del caso de la valija, Guillermo Moreno y los cambios a futuro (sic), el Cogobierno, la relación con el vicepresidente Julio Cobos, el reciente conflicto con el sector agropecuario, sin embargo no hubo casi ninguna repregunta.

CFK midió y preparó cada gesto y cada respuesta de la conferencia. Se dirigió a los periodistas por su nombre, los miró a los ojos, fue amable y estuvo distendida. Desmostró conocer cada uno de los ejes de trabajo de su gobierno. Supo como dejar en claro que es ella la que está al mando. Respondió con claridad sobre el cogobierno.

¿Qué faltó?

Hay un viejo dicho que dice que es fácil jugar al Prode con los resultados del lunes. Ayer tenía la posibilidad de manotear ese dicho para hacer una autocrítica de su breve gobierno.

Se puede decir que hizo lo que hizo convencida de cada paso. No se puede decir que hoy, conociendo los resultados, daría los mismos pasos. No cuando una resolución, aunque justa y más que muy justificada en su intención, fue el motivo de 4 meses de pelea que desgastó su imagen, debilitó su gobierno y demoró el crecimiento de la economía.

La presidenta aceptó dar una conferencia de prensa. Aceptó los consejos de un asesor de imagen. Aceptó modificar parte de su forma de comunicar para llegar a más hogares. Si bien no tiene que aceptar cambiar su plan económico, pues fue votado y a ese voto se debe, debería haber aceptado que cometió un error. Debería haber dicho más sobre su ingenuidad política al lanzar la 125 sin llegar a acuerdos previos con los muchos pequeños productores. Debió reconocer con más fuerza que el INDEC debería ser parte de la renovación de imagen de su gobierno.

Con el diario del lunes cualquiera corrige, también ella.

Para terminar una observación de forma sobre la prensa acreditada. Al llegar la jefa del Estado a la Sala de Convenciones de Olivos donde se haría la conferencia, por los parlantes se la anunció y los 150 periodistas se quedaron sentados en sus sillas como si pararse significara parcialidad. Señores, más allá de la opinión que se tenga del gobierno, la presidenta o las conferencias de prensa dadas un sábado, corresponde, ante la entrada de la presidenta de la Nación, ponerse de pie y aplaudir. No a la persona, no al político, sino al Presidente de la República elegido democráticamente, votada por el pueblo argentino. Eso no los hace ni más oficialistas ni más obsecuentes. Es el respeto que merece el pueblo. Ese respeto que se tiene por las mayorías. A ver si la próxima se ubican.

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