Volver a subirlo

El gobierno ha dado pasos importantes buscando su reposicionamiento. Y vaya si lo ha conseguido.

Luego de unos cuantos días con el monotema campo, la presidenta resolvió jugar fuerte y se sacó el sayo para entregárselo a los legisladores: “Que sean ellos los que paguen los costos”, dicen que dijo con todavía optimismo al enviar el proyecto de ley sobre las retenciones móviles. Superado el esquive parlamentario a pagar esos costos que consideraron les eran ajenos, donde muchos legisladores hicieron la gran Poncio Pilatos, el Ejecutivo tuvo, esta vez por la fuerza, que barajar y dar de nuevo.

Los primeros pasos fueron un recambio del vocero, espadachín, interlocutor y demás tareas: Alberto Fernández por Sergio Massa. El nuevo jefe de Gabinete, joven y locuaz, se mostró abierto al dialogo con todos los sectores políticos y empresariales, insistiendo siempre en que las directivas se las había dado directamente la presidenta, que a partir de ese momento se reunió con Raúl Alfonsín, con los gobernadores disidentes (algunos propios como el cordobés Juan Schiaretti y otros ajenos aunque con un dejo ideológico de propios, como el santafesino Hermes Binner), la mesa de desenlace, los periodistas reunidos en conferencia de prensa (ver Señores de pie), pidió o aceptó el silencio de radio del ex presidente, entre otras medidas de imagen aun menos importantes.

Como cuando al caerse del caballo lo más importante es subirlo nuevamente, Cristina Fernández envió al Congreso, para mantenerlo ocupado, un nuevo proyecto de ley, esta vez sobre las jubilaciones móviles, uno, y la re estatización de Aerolíneas Argentinas, otro. La primera está aún en debate mientras que la segunda fue sancionada hace un par de días por ambas Cámaras.

Si los cambios debían ser más profundos o sólo tomó envión para seguir con su plan de gobierno, es una incógnita que ni ella debe saber responder. Lo cierto es que ya con la mirada puesta en las relaciones exteriores y la economía, dio por superado el traspié local y anunció: “Argentina cancelará la totalidad de su deuda con el Club de Paris”. El Club dista mucho de lo que los comunes entendemos por tal. Está formado por diecisiete países del primer mundo, que incluyen a los siete más industrializados del planeta. No es necesario explayarse sobre los alcances de un anuncio de esta naturaleza. El país tenía cortado el crédito internacional luego de la declaración del default en 2001 y el Club era el principal grupo económico que bloqueaba las chances de cambiar esto. Por otro lado su cancelación parcial o una renegociación sobre capital e intereses estaba sujeta a consideración del Fondo Monetario Internacional por exigencia de los países acreedores. La única salida soberana era cancelar la totalidad de la deuda cercana a los siete mil millones de dólares y el Banco Central tenía la posibilidad de prestar esa suma sin poner en riesgo la economía doméstica.

Las presiones internacionales sobre los organismos de crédito no eran solo del Club de Paris, sino también de Wall Street y su conglomerado de bonistas, así llamados por ser propietarios de bonos argentinos en default no canjeados en 2005. Si bien no fue la presidenta directamente la que les acercó una soga, funcionarios del gobierno dejaron trascender que la administración Fernández de Kirchner estaría dispuesta a cancelar esa deuda con dos condiciones: la primera era que fuera a propuesta de los bonistas, la segunda era que debían aceptar una quita mayor a la que aceptaron los que apoyaron hace tres años el canje.

Cambió al jefe de Gabinete, cambió su relación con los de adentro, propuso una relación diferente con los de afuera y siguió. Aun sin haber recuperado completamente la aceptación que tenía al asumir, la presidenta dio instrucciones para que se enviara al Congreso, los quiere realmente ocupados, y en el menor tiempo posible el proyecto de ley sobre radiodifusión. Conflictivo por proponer una serie de modificaciones a la relación de fuerzas actual entre los medios de comunicación. Como todo cambio en la relación de fuerzas, el que actualmente es fuerte corre serios riesgos de dejar de serlo. Todos sabemos que el Grupo Clarín sería el primer damnificado si esa ley se sancionara. Todos conocemos la fuerza actual del Grupo y lo dañino que puede ser si se lo enfrenta sin fuerzas suficientes. Sin embargo Cristina cree en que lo primero que hay que hacer cuando uno se cae del caballo es volver a subirlo.

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