Jugate conmigo

Algunos sostienen que la nueva política del Ejecutivo de cara a las legislativas 2009 es dar al Congreso una participación mayor a la esperada. Si bien las razones podrían ser nobles: dar la posibilidad a los legisladores de obtener prensa, aumentar su peso político, que sean más conocidos por los electores, aunque no en todos los casos esto pueda ayudar, la verdadera intención sería algo más maquiavélica.

Imaginan en la Casa Rosada que de esta forma los legisladores no se quedarán solo con apoyar o criticar, según sean oficialismo u oposición, sino que darán a conocer sus sinceras opiniones sobre el país que proponen, el poder político que respalda sus decisiones, y pagar sus costos, sus propios costos por sus declaraciones y posicionamiento frente a cada tema planteado. Un ejemplo de esto es la reestatización de Aerolíneas Argentinas, donde los legisladores tuvieron que votar a favor o en contra de lo que el Poder Ejecutivo proponía y así fijar su posición frente a la política económica, social, sectorial y sindical del país. No están dispuestos, según parece, a cargar con todos los costos políticos y dejar la libertad de crítica en lo criticable, de cuestionamiento en lo aceptable y de aceptación en lo perfecto. No están dispuestos en Balcarce 50 a regalar el enorme caudal de votos que da ser opositor y quita ser oficialismo, tan solo por la exposición y la responsabilidad en cada acto.

Si conseguimos que se hable de lo que el Congreso hace o deja de hacer, si conseguimos que las cámaras de televisión los enfoquen durmiendo o defendiendo lo públicamente indefendible, si conseguimos que cada legislador mire a su pueblo y diga lo que está haciendo con su cargo y luego de eso viaje a pedir su voto, habremos conseguido que los candidatos a legisladores de la oposición corran en igualdad con los del oficialismo, es al argumento k.

Las peleas desgastan a quienes las libran y esto es una verdad absoluta. Claro que pueden fortalecer a quienes las ganan y debilitar hasta la muerte a quienes las pierden y ahí está la razón de su existencia. Sin embargo en política no librar una batalla es perderla, pero librarla es perder. La política es un díficil arte.

Si pensamos en quiénes son los que manejan este arte en las primeras ligas, nos acordamos del último presidente, Néstor Kirchner, de su antecesor Eduardo Duhalde, y de la actual presidenta. Podemos sumar a ese grupo aunque algunos escalones más abajo a la Pitonisa de Delfos, doña Lilita Carrió, al también ex presidente Adolfo Rodríguez Saa, al actual vice presidente, gracias a su no es positivo, y tal vez a Mauricio Macri. El resto de los políticos argentinos está jugando, o intentando jugar, en una segunda línea. Incluso algunos que supieron estar al frente de la primera hoy son de cuarta.

Ahora volvamos a las consideraciones políticas de los Kirchner, a sus intenciones y a su experiencia en el manejo político. Rapidez para barajar y dar de nuevo, aun mayor rapidez para entender la situación política no positiva que dejó el conflicto con el agro y capacidad de lectura electoral, son cualidades del matrimonio. Fueron hábiles cuando enfrentaron a la Corte enquistada, a la Justicia Federal, a los organismos internacionales de crédito, a los poderosos de la política interna. Son hábiles al hacer jugar al Congreso.

Será posible que esté en la agenda de los K el dar a los legisladores de la Nación la potestad para tomar decisiones que competerían al Ejecutivo, darles la que nunca le fue dada para reformas muy demoradas en la historia de nuestro país, como la redistribución del ingreso o la ley de radiodifusión. Obligaron a cada uno a opinar sobre temas donde lo mejor era el silencio. Los obligaron a pensar y estudiar a muchos que solo habían llegado por no quedar en sus casas y sin empleo. Hoy los legisladores tienen que estar al tanto de su voto como primera medida y de las razones como segunda. Todos los legisladores del macrismo tienen que saber por qué no están de acuerdo con la cancelación de la deuda al Club de Paris, obligándolos a apoyar y aplaudir la medida o someterse a un archivo reciente, a los legisladores de la izquierda argentina los obligó a justificar ideológicamente su oposición a la estatización de la aerolínea de bandera, contradiciendo toda la biblioteca que los respaldaba, y fundamentalmente sus propios legisladores, los que llegaron a la Cámara de Diputados y al Senado defendiendo el plan económico del que habían sido parte de alguna u otra manera, levantando el brazo de la presidenta, abrazando a Néstor y rogando cinco minutos a su lado, tendrán que explicar a sus votantes por qué se alejaron en solo 4 meses, por qué dieron la espalda.

Los Kirchner son hábiles y eso quedó claro. En un par de meses el peronismo se enfrentará a una interna entre su actual presidente y los que desafían su liderazgo. Si bien el que gana conduce y el que pierde acompaña, las internas del partido son duras y los costos altos. Hay que preparar el terreno y fundamentalmente saber quién es quién.

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