Hora de salir al patio

Al presidente de los Estados Unidos no le queda mucho tiempo. El 4 de noviembre se votará y los días siguientes estarán destinados a la transición, que se caracterizó siempre por ser ordenada. Falta poco menos de dos meses para esas elecciones. Dos meses de campaña. Dos meses donde Republicanos y Demócratas tendrán que mover muchas fichas para captar más votantes, la comunidad latina entre otras.

Los últimos ocho años de gobierno republicano, con George W. Bush al frente, fueron muy duros para el país más poderoso de la tierra: el 11 de septiembre de 2001 dos aviones derrumbaron las Torres Gemelas en Nueva York, otro se estrelló contra el mismísimo Pentágono y sobre un cuarto avión se contaron muchas versiones.

En muy poco tiempo el mundo entero hablaba de la posibilidad de un auto atentado o un nuevo Pearl Harbor. Lo cierto es que el 9-11 fue la puerta de entrada de los Estados Unidos en una cruzada contra supuestos enemigos a los que llamó terroristas. Los países donde se les podría brindar protección se transformaron en blanco fácil y sus gobernantes soberanos, en dictadores feroces.

El mundo vio como GWB invadió y aniquiló países enteros amparado en la lucha contra el terrorismo. Ningún jede de Estado de Europa tuvo las agallas para sostener públicamente que las ideas del presidente norteamericano eran absurdas. Todos rindieron pleitesía al titular del imperio.

España e Inglaterra tuvieron sus propios ataques: una bomba explotó en el subterráneo londinense y la estación de trenes de Atocha en Madrid sufrió uno de los peores ataques a la sociedad civil occidental. Dos atentados que aseguraban el incondicional apoyo de Europa a la política bélica de los EEUU.

La guerra contra el terrorismo no fue solo militar: habilitó debates jurídicos sobre juicio preventivo, falta de respeto a las fronteras, permisividad de la violación a los derechos humanos de los supuestos terroristas, etcétera.

En los últimos ocho años el imperio comenzó una guerra que aún no se sabe cuándo terminará.

La economía norteamericana que al dejar Bill Clinton la presidencia era fuerte y sana, es hoy uno de los principales problemas del capitalismo. Otra bomba que curiosamente está explotando en Wall Street. La caída de las grandes compañías hipotecarias está en la tapa de todos los diarios del mundo y en las Bolsas de Comercio. Las miradas del capital financiero están sobre lo que hace o deja de hacer la Reserva Federal.

Con estos escenarios interno y externo y, con las elecciones a menos de dos meses, la administración Bush enfrenta un nuevo conflicto: Latinoamérica.

El diferendo entre Colombia y Ecuador de principios de año demostró, hasta ese momento desconocida, unidad latinoamericana. La invasión aérea del ejército colombiano con la excusa de perseguir al terrorismo puso en jaque a la región. Más allá de contar con el respaldo de Washington, Álvaro Uribe debió pedir disculpas a su par ecuatoriano ante la presión de sus colegas locales en la reunión de Santo Domingo. Sudamérica demostró ser independiente y soberana. Sus presidentes demostraron, con encendidos discursos, que estábamos en el comienzo del siglo XXI mucho más cerca de la unión que de la dominación.

Bolivia está dando el ejemplo de la soberanía que merece su pueblo. Por primera vez en su historia un presidente gobierna sin elegir a los prefectos (gobernadores). Por primera vez en su historia cada departamento elige por si a quien manejará sus destinos locales. Por primera vez en su historia un presidente tiene como prioridad a las mayorías numéricas y no a los grupos económicos.

Sin embargo, diferencias sociales pusieron en riesgo a la unidad nacional. Muchos prefectos desafiaron el poder del presidente y plantearon su separación. Las regiones ricas no quieren colaborar con las regiones más pobres. Evo Morales convocó a un referéndum revocatorio. Quien no obtuviera más del 50% de aprobación debería dejar su mandato. Él también se sometió a esto, aunque con una cláusula diferente: el presidente debería obtener más del 54% obtenido cuando asumió, de lo contrario dejaría su cargo. El triunfo fue abrumador. Morales ganó el referéndum con más del 67% de los votos.

Con el respaldo de su pueblo, con Hugo Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Cristina en Argentina, Lula en Brasil, Fernando Lugo en Paraguay, Tabaré Vázquez en Uruguay y Michel Bachelet en Chile, Evo Morales no está solo en América. No está solo ni actúa solo. No está solo y lo sabe. Lo sabe Evo y lo sabe Washington.

¿Podrá el Partido Republicano enfrentar las elecciones del 4 de noviembre con la economía en jaque, Medio Oriente en guerra y Latinoamérica en contra? Bolivia y Venezuela retiraron embajadores. Brasil y Argentina dispuestos a todo con tal de apoyar a Evo Morales. Correa en deuda y Lugo, aunque nuevo en el sillón presidencial paraguayo, aliado incondicional del socialismo latinoamericano.

El patio trasero necesitó siempre de la bondad del jefe, de la caridad del rico y de la paciencia del acreedor. Sin embargo, los últimos gobiernos latinoamericanos no reconocieron jefe, no esperan vivir de la caridad y cambiaron de acreedores.

América del Sur se acordó de su soberanía y marcó sus reglas de juego. Los electores norteamericanos deberán considerarla para definir a su futuro presidente. Ni la administración Bush, ni el Partido Republicano podrán desconocer esto.

Un comentario en “Hora de salir al patio

  1. Sin embargo no hay que dejar de tener en cuenta que:
    1) la IV Flota (sin motivo aparente) fue destinada al Atlántico Sur.
    2) históricamente el fin de los imperios ha sido con terribles derramamientos de sangre originados en los últimos manotazos para mantenerse.
    3) En todos los países latinoamericanos a los que hacés referencia está apareciendo una fuerza reaccionaria violenta que apenas ha empezado a mostrar su existencia.
    4) a pesar de lo que ha sido el gobierno de GWB y de que McCain (ya sea por papafrita o por hermano de McAbel) no resulta un tipo muy carismático, las encuestas dan un empate técnico. Esto puede deberse a que el candidato demócrata es negro, a que la mayoría de los yankis es de extrama derecha, o bien, a que ante el miedo que provoca la crisis, ellos se sienten más seguros con un gobierno más duro.

    La independencia latinoamericana siempre costó muchísima sangre, no hay nada que permita pensar que esta vez va a ser distinto.

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