Mano derecha

La discusión es vieja: mano dura o mano blanda, los jueces deben ser garantistas o no, etcétera. Lo cierto es que cada vez que la prensa se ocupa de los casos que muestran inseguridad, los opinólogos ganan espacios y el debate parece ser el primero y último. Primero porque se repiten las mismas discusiones con los mismos argumentos. Último porque la resolución del tema es urgente, inevitable y definitiva. La mano dura encuentra por lo general aceptación en la derecha ideológica. La discusión sobre lo garantista o no en la función de un juez está unida a cierta ignorancia del Derecho o mal planteada la disyuntiva. Si se quisiera plantear la posibilidad de que un juez sea o no garantista (dé garantías) deberían plantearse las ventajas de que existan o no los jueces. No nos olvidemos de que los que lo reclaman son los que serían muy beneficiados si se aplicara la ley de la selva, sin jueces molestando en el medio. No es casual esto.

La inseguridad como tal existe y existió siempre. Debemos suponer, solo por mirar nuestra historia y, me refiero a la historia de la humanidad, que seguirá existiendo. Y no es esto una excusa para sostener que no debería ser tema de discusión, en absoluto. Solo sostengo que no debe plantearse como el problema de un gobierno determinado o el efecto no deseado de determinado plan. Lo que debe observarse es la modalidad y la cantidad. El hecho de que el robo de un par de zapatillas termine en asesinato es un dato a tener en cuenta. Que a la salida de los countries se secuestren personas y se pidan rescates suculentos, es otro dato de la realidad para analizar. Que las pruebas de vida ya no sean una foto con la tapa del diario del día, sino un dedo, también es para analizar. Sobre todo porque un dedo solo muestra y, a la perfección, que el secuestrado es quien dicen que es, pero muy lejos está de asegurar que aun se encuentra con vida.

Las razones por las que aumenta o disminuye pueden ser atribuibles a miles de factores. Desde la necesidad electoral al mostrarlo en los medios, hasta la desigualdad social y, siempre presente, el consumo de drogas y sus consecuencias directas e indirectas. En el medio puede haber tantas razones como personas.

Presentado el tema todos tenemos una opinión al respecto y la damos en cuanta mesa de café nos sentemos. El tema es inevitable y se habla. Cada uno con su libro la cuenta. Siempre uno de la mesa vivió o conoce a uno que la vivió en carne propia. El cuento varía, desde el “y creí que me iban a afanar” hasta el “y lo mataron cuando lo tenían secuestrado”. Terminamos el café y hablamos de otra cosa. En esas tardes soportamos frases como “hay que matarlos a todos”, “meterle bala a los delincuentes”, “pena de muerte y no queda uno”, etcétera.

En el año 1999 asumió la gobernación de Buenos Aires uno de los tantos que, buscando el aplauso de vaya uno a saber quien, despotricaba ante cuanto micrófono se le acercara con la inmediata necesidad de endurecer la ley y el trato a los delincuentes. ¿Se imaginan ustedes diciéndole a la policía de esa provincia, justo a esa policía, que tenga tolerancia cero? Por suerte para los delincuentes que, según slogan de campaña debían tenerle miedo, Carlos Ruckauf pasó breve tiempo al frente de la gobernación. La inseguridad se complicó aun más después de la crisis de 2001. Los debates volvieron y se llegó a titular: “Mataron a dos personas y a un delincuente”. Eduardo Feinmann, alias “el Feinmann malo”, tuvo su apogeo en el periodismo cuando se lo oía como al oráculo dando cátedra sobre lo que se debía hacer en materia de seguridad.

Bien, ahora es el actual gobernador el que muestra la hilacha. Finalmente se le vio la cara y con el tema seguridad, mientras el ministro de Justicia y Seguridad de la Nación habla en foros internacionales de la necesidad de no criminalizar el consumo de marihuana y quitarnos la careta como sociedad, Daniel Scioli reclama, una vez más, bajar la edad de imputabilidad. Los menores de 18 parece que serán tratados como adultos si lo que el amigo gobernador pide tiene éxito en el Poder Legislativo. Ya sabíamos quién era Daniel Scioli, solo que lo veíamos calladito y a un costado. Incluso lo pusieron de vicepresidente del partido Justicialista. Sin embargo el “compañero” gobernador se va a Colombia a firmar acuerdos para luchar contra la delincuencia. Mientras se trabaja por reducir las diferencias sociales, redistribuir la riqueza de este país, con timidez y muy despacio, mientras se dan dos pasos para adelante y uno para atrás, Daniel Scioli viaja a Colombia para buscar capacitación, armas, ejercicios conjuntos, tecnología. ¿Tendremos en breve a milicias colombianas -esto es igual a decir militares de los Estados Unidos- en el conurbano?

Por aquello del dime con quién andas y te diré quién eres y entonces el dime quién te crítica y lo mismo, yo estoy en líneas generales de acuerdo con este gobierno. Cada vez que propone algo estoy de acuerdo hasta que se demuestre lo contrario. Pagado el peaje cuestiono:

¿Era necesario que un tipo como Julio Cesar Cleto Cobos ocupara la vicepresidencia de la Nación? Es fácil jugar al Prode con los resultados del lunes -estoy con todas las frases juntas-, pero ya vimos el altísimo costo que se pagó por tener a un foráneo ni más ni menos que en la vicepresidencia.

Y ahora agrego: ¿Era necesario que un tipo como Daniel Scioli fuera el candidato a la gobernación de Buenos Aires?

Las preguntas siguen, pero como dijo alguien por ahí: No les voy a dar de comer a los giles.

Por último agregaría, casi como comentario de color, que no me parece correcto que se titule “La mano dura de Scioli” o “Scioli reclama mano dura para todos…”. Busquemos un poco más allá de lo obvio.

6 comentarios en “Mano derecha

  1. Fatiga, creo que es un buen análisis el último párrafo de su comentario. Me parece que nos metimos en un debate sobre las razones del delito en donde la justificación está en que es nuestra culpa que ellos quieran lo que no pueden tener por nuestras políticas y tal.
    Vea mi amigo, la delincuencia tiene en sus razones un alto grado, creo, de deseo lo que solo tengo quitándoselo a quien lo tiene, no por esfuerzo mayor sino por oportunidades diferentes. Pero a ese análisis, con el que concuerdo, hay que sumarle la droga, como medio y como fin. Esa que se consume por y para delinquir.
    Vuelvo al eje. ¿Cómo se combate esto? Y me refiero a sus causas y no a sus efectos.
    Durante años fuimos cómplices y observadores silenciosos de un fenómeno que decía mucho más de lo evidente: los countries. Ese interés de unos por buscar la casa más grande con jardín y campo de golf, junto a las rejas colectivas y la seguridad como premisa. Surgió el nombre de “barrio cerrado”, lo que sería una contradicción imposible de entender para un pibe de barrio de los 50.
    En Cuba durante muchos años Fidel Castro prohibió el uso de dólares por parte de los cubanos. La razón que la administración Castro ponía era la imposibilidad económica de acceder a productos internacionales a precios internacionales por parte de cubanos que cobraban sus salarios en cubanos y para ser usados en la economía cubana. Por la misma razón prohibió la publicidad que incentivara el consumo y la televisión internacional. No desees aquello que no se puede tener. En eso coincido con Usted, don Fatiga. La publicidad y el hecho de que el del “barrio” de al lado los tenga genera la necesidad de tenerlos, de lo contrario no se “es”. Y lo cito: “Si no tengo, no existo. Entonces, ¿qué importa si muero yo o muere el otro? Si muere el otro, yo tengo. Si el otro no muere, yo no tengo y por lo tanto no existo (estoy muerto)”.

  2. Ricardo, es cierto que hilar fino en el tema de la inseguridad y sus armas para resolverla nos complica a todos y nos pone muchas veces frente a opiniones que jamás tendríamos en frio.
    Pero permítame don Ricardo las líneas siguientes.
    Con respecto a la imputabilidad de los menores y dónde correr esa línea etaria, creo que tratar el tema es como correr una vaca de atrás para atraparla. Me parece que debería plantearse la resolución al problema de fondo y no la solución momentánea a consecuencias dadas por la ley vigente, pues siempre correríamos a la vaca de atrás.
    El problema de la inseguridad tiene su origen en la desigualdad y Usted y yo compartimos ese principio básico. Luego tiene su intensidad dada entre otras razones por la ya obscena desigualdad. Trabajando a largo plazo es fácil resolverlo. El punto es el hoy. Concuerdo con Usted en que no debe llevarse a una escuela de post grado a los niños luego de un delito menor para que al salir sean expertos en delitos mayores. Concuerdo con Usted en eso.
    Luego agrego que mucho menos debe tratárselos por igual. Mucho menos. Creo que en el ideal la Argentina tendría que tener instituciones para que en tiempo record reinserten a chicos que no tuvieron igualdad de oportunidades en su formación inicial. Creo que esas instituciones vendrán. No están hoy. Pues entonces concluyo. Los prefiero en la calle cometiendo delitos como menores que capacitándose en penales mayores para cometerlos al salir.
    Gracias por sus reflexiones.

  3. Es cierto lo que dice Ricardo. Pero me parece que ahí está el error. En el país ha desaparecido la cultura del trabajo como forma de reducir la marginalidad y la delincuencia. Estos chicos no conocen otro medio de vida y reciben la misma publicidad de consumo que el resto de la sociedad, donde para ser algo en la vida, parece necesario tener las mejores marcas. Por eso son capaces de matar por un par de zapatillas.
    El error no creo que esté en ellos sino en la sociedad. El día en que nos avivemos de que es justo allí donde hay que hacer una buena inversión, para prevenir por un lado, pero también para corregir, vamos a bajar la delincuencia significativamente.
    Pero mientras sigamos mostrando toda la publicidad consumista de bienes a los que ellos no pueden aspirar, mientras sigamos aceptando y premiando el acceso a la riqueza, sin interesarnos en como se obtiene, vamos a fomentar la delincuencia cada vez más.
    La relación sería algo así como que el valor de los bienes (o riqueza) es el más alto y preciado al que se puede aspirar.
    En cambio, el valor vida es insignificante. Si no tengo, no existo. Entonces, ¿que importa si muero yo o muere el otro? Si muere el otro, yo tengo. Si el otro no muere, yo no tengo y por lo tanto no existo (estoy muerto).

  4. Muy buen post, Indalecio, concuerdo plenamente.

    Peero… El tema de la inimputabilidad de los menores siempre me pone en “dudas metafísicas”. Por una ldo, no creo que la minoridad deba traducirse n “licencia para matar”, y que un pibe de 14 o 15 años sabe perfectamente lo que hace cuando asalta y mata (o debería). Por el otro, NO es solución mandarlo a una cárcel a que de aprendiz pase a criminal profesional… ¿Que vayan a la cárcel pero éstas se conviertan en verdaderos “correccionales” en vez de depósitos y escuelas de delincuentes? “Sueños guajiros”, dirían mis amigos mexicanos. Complicado, digo…

  5. elpisosucio, gracias por comentar. Creo que matar una mosca con una 9 milímetros es una exageración peligrosa. Si la Argentina tuvo un crimen ligado al narcotráfico me parece que no es solución buscar militarizar el conurbano con los métodos de los que luchan con los cárteles más grandes y peligrosos del mundo.
    Vamos a seguir de cerca los pasos del compañero Scioli, solo me parece que tenemos que estar alertas. No me parece prioritaria la lucha contra los delitos del narcotráfico, no me parece que estemos con la situación de Colombia ni mucho menos. Pero lo seguiremos.

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