Legislativas

Indalecio González BergezEste es un año electoral. Cada dos años nos ocurre que vemos a los conocidos y desconocidos de siempre criticando a quienes cortan el bacalao. Cuando hay elecciones los opositores tienen la discusión fácil. Gobernar un país como el nuestro deja inevitablemente blancos.

Las elecciones de este año son especiales. Como en 2005, el escenario está para un análisis. En aquel entonces los candidatos del oficialismo tenían que ver como hacían para estar a la altura de las circunstancias. El Gobierno había cambiado la agenda y llevaba la delantera, sin embargo, electoralmente veníamos de unas “presidenciales” complicadas, con un ganador que abandonó ante lo que hubiera sido una derrota abrumadora en segunda vuelta, con un presidente electo que ocupaba el sillón con el 22% de los votos siendo el candidato con más desconocimiento popular. Las legislativas del 2005 pusieron las barbas en remojo de oficialistas con responsabilidad de gobierno y, opositores con necesidad de evitar papelones. Para muestra basta con un botón: Chiche Duhalde no superó el 23% y la hasta entonces senadora por Santa Cruz, Cristina Kirchner, obtuvo más del 46% en el distrito más numeroso de la Argentina.

La administración de Cristina ha dado al Congreso un lugar de gran importancia en el manejo político y económico del país. Su renovación no es solo un examen para el gobierno, sino la posibilidad o no de continuar con el cambio. La fuerte crisis internacional puede ser más que un dolor de cabeza para los candidatos oficialistas y, un inimaginable trampolín para el resto.

Oficialismo y oposición hacen sus jugadas. Nosotros vemos el partido desde afuera tratando de entender para que lado patea cada uno. O analizamos en detalle cada movimiento o corremos el riesgo de ser maniqueos en nuestro análisis.

Dicho lo cual, veamos cómo estamos.

De un lado están los que, aun hoy, aun después de la pelea del gobierno contra un sector de nuestra economía que dividió aguas prehistóricas, siguen creyendo que este proyecto tiene un “norte”, con un plan que trazó objetivos y pasos a dar para cumplirlos. Del otro lado están los que no creen en este proyecto y encuentran en esa oposición argumentos tan atendibles como los mejores. El punto es que a este claro, esperable y, hasta me animo a decir, deseable grupo, se suman los que sin argumentos ni ideas, se oponen porque se enteraron que eran oposición y la definición de diccionario así lo indica: acción y efecto de oponer u oponerse. Las razones las van descubriendo o inventando con el andar. Están porque deben estar, porque esa es su misión en un año electoral. Por último, como pidiendo pista mediática, se agregan los que no encuentran espacio para sus propias aspiraciones, los que buscan pista para las presidenciales, los que ponen a las ideologías por debajo de los programas económicos, como si para pensar un modelo de país y como consecuencia un modelo económico, no fuera necesario tener previamente una ideología que hasta allí nos lleve. Estos últimos se escudan en la teoría del fin de las ideologías cuando intentan explicar fotos imposibles hace un año.

Todos los grupos se sientan a la mesa con igualdad de credenciales. Los vemos a todos desde un cero imaginario y los medios nos ayudan con esto. A ninguno se le presenta un archivo, para saber de dónde viene, qué hizo, qué pensó antes de ocupar la silla que ocupa o que pretende ocupar. Unos tienen sobre sus espaldas, con ventajas y desventajas, la gestión actual de gobierno, pero los otros nacieron de un repollo para los medios interrogantes. Los otros son carmelitas desclazas que se presentan como poseedores del deber ser. Señalan con acierto o no, poco importa, lo que debe hacerse y no se hace, ahora nadie les repregunta, nadie cuestiona la viabilidad o no de esas propuestas. Nadie se les para de frente y les dice: “Patricia, todo lo que decís parece muy lindo, pero cuando fuiste ministra de la Alianza firmaste el recorte del 13% en los ya bajísimos importes jubilatorios”.

Nadie dice una palabra. Los que defienden el programa de gobierno deben dar explicaciones de una desigualdad social que arrastra décadas. Los otros se acomodan en sus sillas disfrutando el lugar de fiscales de la República.

Sepamos, como humildes electores, quiénes son y qué hicieron los que nos pedirán el voto en octubre. Tengamos presente que solo es una puesta en escena de los que ya la pensaron y solo pretenden llevar agua para sus propios molinos dejando, una vez más, secos a quienes recién ahora, y después de 5 años y medio de yugarla, la empiezan a probar.

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