No todo está perdido

Si nos despertamos en la mitad de la noche y vemos que las ratas corren todas y en un mismo sentido, lo más probable es que el barco se esté hundiendo y lo mejor será seguirlas.

Esta idea me parece muy simpática, aunque como en todo habría que ver cómo reaccionaría en ese momento. Los roedores no me gustan y las ratas son del grupo, las peores. Sin embargo no me gusta nada cuando se la usa para referirse al comportamiento de los políticos. No por la aceptación que implicaría del hundimiento del país, sino porque llamar a los políticos ratas me parece una idea al menos complicada.

La política es una actividad bastante loable en su teoría. Es la forma en la que se llega a ocupar los cargos gubernamentales desde los que se puede, según las prioridades del político elegido, solucionar los problemas de la población. No es otra cosa que la actividad que tiene como meta el bien público, el bien del prójimo. Más respeto por nuestros políticos.

Para acceder a esos cargos y luego lograr objetivos, es necesario juntar poder. Un político debe casi exclusivamente juntar poder.

Todos los políticos tienen o tuvieron y se resignaron, una sola ambición: ser presidentes.

Hay dos opciones para llegar a la Presidencia de la Nación: desde el oficialismo o desde la oposición.

Lo nuestro

Los que están en el primer grupo la tienen complicada. Si a este gobierno le fuera bien, superada la crisis, lo más probable es que Néstor o Cristina sean los candidatos, pero ningún otro, con lo que muchachos del oficialismo, lo de ustedes es patriótico.

Los que desde un comienzo o recientemente están en el otro grupo, la tienen más interesante. En primer lugar llegó una crisis internacional como mandada del cielo. Es bastante probable que el gobierno tenga problemas serios que minen su continuidad más allá del 11, con lo que chances hay y bastantes. Solo queda ubicarse en ese gran grupo de muchos caciques y pocos indios.

En el grupo de la oposición con chances para las presidenciales hay dos grandes sub grupos: los que gobiernan (Binner y Macri, por ejemplo) y los que no gobiernan (Solá y Carrió). Los que gobiernan tienen un problema adicional: si al gobierno nacional le va mal, es muy probable que a ellos también, pues caja hay una sola.

Van quedando pocos candidatos para llegar a la Presidencia de la Nación: Cobos, Carrió, Reutemann, Solá, Juez, Morales, Rodriguez Saá (el Adolfo, porque el otro gobierna). Son siete los contados al voleo y con un Duhalde o un Lavagna que aparezcan sobre el final llegamos a nueve, diez si quieren y once también. No más.

Depurando la lista, podemos decir que Cobos es el vicepresidente de este gobierno y, aunque logre despegarse un poco, habrá sido siempre el vicepresidente. El Adolfo no tendrá mucho para mostrar si su hermano como gobernador no es muy exitoso por la ligadísima suerte que los que gobiernan comparten con el Ejecutivo Nacional. Gerardo Morales lo incluí en la lista más por respeto al Partido que otra cosa. Juez puede ser un buen gobernador de Córdoba. Carrió es una de las grandes candidatas, chistes incluidos, y los PJ hacen el resto (Duhalde, Solá, Lavagna y el Lole).

Cómo se preparan

Dentro de la gran bolsa que es hoy la oposición se tejen y destejen, cual Penélope, todos los días alianzas de las que se dice de ante mano “solo son circunstanciales”. La foto de ayer sirve como ejemplo: Solá – Macri – De Narváez.

Veamos. Macri necesita empezar a jugar a que es jefe de Gobierno, una mezcla entre gobernador e intendente, y como tal la política debería ser una de sus ocupaciones. Las alianzas para octubre son su primera opción. De Narváez reclama que no lo dejen afuera y muestra medios de comunicación y billetera. Dos cartas que le aseguran un lugar en la carrera. Felipe necesita pelearse con alguien fuerte en octubre. No puede enfrentar al kirchnerismo como uno más entre muchos porque dispersos, la oposición pierde como en la guerra, hasta con Borocoto. Dos veces gobernador de Buenos Aires no puede darse ese lujo. Está obligado a juntar detrás de él a la mayor cantidad de gente posible y conseguir que la figurita del oficialismo sea la de mayor peso posible. Nada importa para esto que tenga que sentarse con los tipos más despreciables de la política bonaerense -Osvaldo Mercuri- ni con lo más obvio de la derecha argentina –Macri-. Lo importante es “sumar” y evitar la atomización del electorado. El objetivo: que las encuestas lo ubiquen molestando a los posibles candidatos de la Rosada (Randazzo, Massa, Fernández, etcétera) y de esa manera “obligarlo” a Néstor Kirchner a presentarse como candidato. Perder es una opción, pero contra Kirchner solo necesita hacer una elección respetable. Con el interior de su lado y algunos elefantes del segundo y tercer cordón que, por indicación de Duhalde lo sigan, está hecho.

El cabezón la mira desde afuera y se divierte viendo como sus pollos pelean espacios que solo ante él dejarían. Lavagna está incluso detrás de él esperando que el Jefe lo mande a jugar.

¿Se puede poner por encima de todo la campaña propia? Sí y mil veces sí. Solo hay que tener en claro que el fin es siempre el mismo: el Poder, el poder hacer para mejorar la vida de los que necesitan mejoras inmediatas.

Si este gobierno llegara a sortear la crisis internacional y saliera bien parado, su continuidad no pareciera estar amenazada. Si le llegara a ir mal, esperemos ver en frente a quienes más garantías nos den de trabajar en el menor tiempo posible por repartir una torta que hoy solo prueban unos pocos.

Una foto es solo eso. No todo está perdido.



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