Obama no llama. Por Héctor Timerman

Lo que sigue son unas líneas extraídas del blog Ramble Tamble escritas por el actual embajador argentino en Estados Unidos, Héctor Timerman.

En el centro de Jerusalén, en la esquina de King George y Yaffo, había un café donde todas las tardes se reunía un grupo de mujeres mayores a tomar el té. Solía verlas en los últimos meses de 1978, luego del histórico viaje de Anwar el Sadat a Israel.
Esas damas -vestidas con una formalidad tan lejana del Israel moderno- dedicaban horas y entusiasmo a hablar sobre la moda, la música, los libros que leían. En fin, lo que cualquier grupo de amigas se dedica a hablar cuando se juntan en torno de una mesa.
Salvo que el mundo del que hablaban había desaparecido hacía 40 años. Estaban en un Israel apasionado por las posibilidades de paz, pero ellas seguían viviendo en la Berlín de la entreguerra.
A Joaquín Morales Solá lo imagino sentado junto a esas damas y, luego de un largo suspiro, lamentarse porque “Obama no llama”.
Todas las crisis que se vinieron sucediendo en los últimos años no sirvieron para predecir el momento que vive Estados Unidos, pero ver actuar a Barack Obama sirve para entender las decisiones de otros líderes a quienes tocó lidiar con situaciones similares, aunque con la debilidad y soledad de quien vive en las periferias.
Los lectores de Morales Solá sufrieron un soponcio del que no se reponen cuando Kirchner debió romper con el FMI para aplicar un plan que, sin duda, jamás hubiese sido aprobado por el FMI. El mismo organismo que hoy se llama a silencio cuando Obama baja las tasas de interés, endeuda al Estado, aumenta los beneficios sociales, salva las fuentes de trabajo e inyecta dinero para aumentar el consumo.
¿Aprobaría el FMI el plan de estímulo de Obama? A muchos de quienes siguen habitando en ese palacio del pasado que describe Morales Solá, les costará creer que el presidente de Estados Unidos suene tan similar a muchos a quienes siguen acusando de autoritarios. Uno de ellos, flaco y desprolijo, que genera el odio de la turba fascista-cibernética que pulula entre los lectores de La Nación.
Hace unos días, Obama declaró -ante la oposición republicana a su plan de estímulo- que “la inacción terminará convirtiendo una crisis en una catástrofe”, y que “la tarea de salvar y crear puestos de trabajo es más importante que cultivar el bipartidismo que había prometido traer a Washington”.
Y el Washington Post, en la voz de su columnista Eugene Robinson, en vez de espantarse lo apoyó de manera explícita: “Seiscientos mil estadounidenses perdieron el trabajo el mes pasado. Si la leal oposición decide obstruir el camino de la recuperación económica, quienes ostentan el poder tienen la obligación de aplicarlo”.
Obama no llama. Y sin embargo qué cerca está. No sólo de la Argentina sino de todos los países que, proscriptos por los organismos financieros internacionales y con los agravios de las derechas vernáculas, atravesamos el mismo camino.
Como el mundo de aquellas damas, el de Morales Solá también es una memoria y no un presente. Sigue viendo al sistema político de Washington como algo tan estático como el mundo de anteayer. Washington no olvida, suena la amenaza del columnista.
Y prefiere ignorar que, por lo menos cinco embajadores latinoamericanos, fuimos contactados por el Congreso para intercambiar ideas sobre cómo lograr un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Un intercambio que, por primera vez en mucho tiempo, puso al desarrollo social antes que a la “seguridad” como tema excluyente.
Hace unos días, dialogando en su oficina con un miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, coincidíamos en que Estados Unidos ya no podía diferenciar a los países por su afinidad con la libertad de mercado, ya que el propio Estados Unidos estaría en la lista que habitualmente era castigada en la década del Consenso de Washington.
Cuando nos despedimos, me mostró que en la misma pared donde colgaban las fotos suyas con Rabin, Merkel, Clinton, y otros líderes mundiales estaba su foto en la Casa Rosada con la presidenta Kirchner.
Y, mientras Obama no llama, Cristina Fernández de Kirchner dirige los equipos argentinos que están organizando las Cumbres que, entre marzo y abril próximos, concentrarán la atención de buena parte del mundo.
En Londres, la del G20; en Chile, la de Líderes Progresistas; y en Trinidad Tobago, la de las Américas.
A propósito de la Cumbre de Líderes Progresistas. En la llamada con Michelle Bachelet -anfitriona de la Cumbre Progresista-, Obama le dijo que estaba interesado en trabajar con el Grupo de Líderes Progresistas. Una decisión que al gobierno argentino le parece sumamente importante, y nos alegra que ese mensaje lo haya recibido una líder con la cual nos une una visión del mundo.
Recuerdo que un periodista muy famoso en las décadas del sesenta y del setenta solía decir que el problema de muchos columnistas es que dejan de buscar información y se emboban con sus propias interpretaciones.
Digo esto porque si el señor Morales Solá buscase información, en vez de mascullar su bronca, no habría escrito sobre el aislamiento del mundo en la semana en que Obama agradece a Cristina “su profundo mensaje”, Rodríguez Zapatero califica a la relación con la Argentina de “excelente” y “positiva”, el viceprimer ministro chino preside la delegación a la cumbre sino-argentina, y se anuncia una Reunión bilateral entre Estados Unidos y la Argentina.
Y, mientras las damas de antaño recuerdan en un café de Jerusalén los atrevidos paseos en busca de galanes, que solían realizar en el deslumbrante Schloss Charlottenburg berlinés, nuestro analista internacional vuelve a suspirar: Obama no llama y los Reyes de España no nos quieren.

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