Ante la crisis, unidos o dominados. Por Cledis Candelares

El intercambio cayó más del 40 por ciento, por la menor demanda de ambos lados de la frontera. Argentina propondrá una estrategia común ante la competencia externa, antes que una disputa entre industriales de ambos países.

Los ministros de Economía, Carlos Fernández; de Producción, Débora Giorgi, y de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, integrarán una nutrida comitiva de más de veinte funcionarios que arribarán hoy en uno de los Tango a Brasilia para buscar una fórmula que permita rescatar al comercio bilateral del estrepitoso derrumbe. Fundamentalmente por la crisis internacional, que recorta la demanda a ambos lados de la frontera, el intercambio cayó más del 40 por ciento, derrape aún más acentuado para las ventas brasileñas. La estrategia argentina será demostrar que, al margen de los lobbies industriales de ambos países, urge articular una estrategia común ante los males de ambos: la recesión y la competencia china.

La multitudinaria cumbre de un día con sus pares de la administración de Luiz Inácio Lula da Silva podría allanar el terreno para la visita que, a mediados del mes próximo, hará Cristina Fernández de Kirchner junto a empresarios argentinos. Este viaje fue previsto en agosto pasado, cuando el presidente de Brasil visitó Buenos Aires y tuvo oportunidad de ser escuchado con interés indisimulable y aplaudido con ganas por una troupe de empresarios argentinos, muchos todavía ilusionados con prósperos negocios. Y debería haberse concretado antes de fin de año, pero la renuncia de los representantes de algunos sectores locales más vulnerables a la competencia brasileña (textiles, metalmecánicos, entre ellos) demoró el armado de esa misión.

Luego vinieron las públicas protestas de industriales de uno y otro lugar por las intenciones proteccionistas que mostraron ambas administraciones. Brasil, que amagó con imponer licencias no automáticas. Argentina, que está extendiendo la nómina de posiciones arancelarias que serán controladas con el sistema de precios de referencia o que pueden ser consideradas sensibles, con los consecuentes mecanismos protectivos implícitos en esa definición. “Habrá que buscar soluciones creativas”, comentaba ayer el canciller Celso Amorim, para quien lo más inquietante es “la constatación de que el comercio bilateral cayó fuertemente en enero”.

Según los registros del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio del país vecino, las ventas externas totales de Brasil cayeron un 22 por ciento en el primer mes del año. Pero ese notorio retroceso se profundiza drásticamente en el caso de las ventas a la Argentina, que llegó al 48,3 por ciento. Los números que figuran en las voluminosas carpetas que llevará la delegación argentina no coinciden exactamente en valores absolutos con esos registros, aunque reflejan el mismo fenómeno: las exportaciones brasileñas cayeron un 52 por ciento, en tanto que las importaciones desde esa nación encogieron un 43.

En un marco desgraciado, esa diferencia a favor de la Argentina no significa demasiado. Al menos eso tratarán de demostrar los funcionarios locales, que aspiran a contrarrestar cualquier planteo proteccionista brasileño señalando “la tendencia” histórica, poco ventajosa, de importar desde Brasil una proporción mayor de bienes con valor agregado.

Durante 2008, el comercio bilateral fue deficitario para la Argentina en 4500 millones de dólares. Pero, según los argumentos preparados por los visitantes argentinos, más preocupante es lo que ocurrió con la canasta de bienes desde 1995, inicio del Mercosur. Entonces, por cada 1,40 dólar que importaba de productos manufacturados, a Brasil le vendía por el equivalente a 1 dólar. Ahora esa relación se modificó, mostrando la primarización de las exportaciones al principal socio del bloque: Buenos Aires apenas logra vender el equivalente a la mitad del valor de los bienes industriales que compra made in Brazil.

Difícilmente la reunión de hoy tenga un carácter resolutivo. Pero servirá para abrir la discusión sobre una batería de medidas a consensuar, con el fin de amparar a las industrias de uno y otro país de la competencia asiática más que de la mutua. “Brasil tiene que entender que es China la que está agujereando el barco”, comentaba en riguroso off the record ayer un técnico local. Las estadísticas muestran que el precio de los bienes chinos cayeron un 6 por ciento promedio en la crisis.

Entre las ideas argentinas más osadas está la posibilidad de extender la fórmula del comercio administrado a otros sectores adicionales al automotor o buscar mecanismos financieros que permitan apuntalar el comercio bilateral con las millonarias reservas brasileñas.

Publicado en Página 12 del martes 17 de febrero de 2009.

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