¿Qué le pasó?

“El desafío histórico que tiene la Argentina por delante es el mismo que lo persigue como una sombra desde su propia constitución como Nación y el que con frecuencia pone en riesgo su propia existencia y dinamita cada esfuerzo por salir adelante. Me refiero a la necesidad de construir un proyecto de país capaz de contenernos a todos, no con una mirada ingenua y romántica, sino con la convicción de que aun con tensiones y disidencias, es posible diseñar un proyecto estratégico común que deje atrás los antagonismos que hasta hoy alimentan un dramático juego de suma cero.” Las palabras pertenecen a Felipe Solá. El diputado nacional publicó ayer una nota de opinión en el diario Clarín que fue colgada en este blog. El que antecede y dos más, son los párrafos que me gustaría compartir en detalle con ustedes. En primer lugar, al terminar la lectura de este, vi con entusiasmo como en parte de su contenido volvía a ser Felipe, el mismo tipo al que vi trabajar por los más pobres, otorgar becas universitarias, construir casas y escuelas, mejorar hospitales y hablar del problema de la inseguridad no desde la mano dura, sino por el contrario, como consecuencia de la injusta repartición de la riqueza: “Me refiero a la necesidad de construir un proyecto de país capaz de contenernos a todos”. Después se mete con dejar “atrás los antagonismos”, como si estos no existieran de antemano en la composición social de nuestro país y me confunde de nuevo.

Sigue su nota de opinión diciendo: “Así, hay comprensión en relación a los piquetes de beneficiarios de planes sociales pero se cuestiona a lo que protagonizan los hombres de campo; se toleran los bloqueos con camiones de las plantas de los diarios, pero se encarcelan productores rurales que encabezan un tractorazo. Esa idea, obsoleta, vetusta, es la que subyace en los hombres del Gobierno, muchos de los cuales incluso honestamente siguen pensando de acuerdo a ese código binario rudimentario, que no hace más que empujarnos hacia el abismo. Una matriz de análisis de la realidad que hace imposible, lamentablemente, soñar con un cambio de políticas.” y se fue al carajo. La idea obsoleta y vetusta de comprender “a los piquetes de beneficiarios de planes sociales” frente a los que “protagonizan los hombres de campo”, o “los bloqueos con camiones de las plantas de los diarios” frente a los tractorazos, parece ser lógica y atendible, más allá del tiempo que lleve en vigencia. Tanto que releí el párrafo. Y sí, es Felipe el que reclama igual trato a los que hacen un piquete por hambre o cortan el acceso a una fábrica por despidos masivos, frente a los que lo hacen por mejores condiciones económicas para su sector.

Ya entregado al resto de la nota leí: “Cuando las instituciones crujen, cuando desde el poder se impone una lógica de confrontación, cuando abundan experimentos oficiales para silenciar a medios de comunicación a través de la manipulación de la pauta oficial, de la compra hostil o de iniciativas que apuntan a debilitar económicamente a los medios no adictos, claramente no existen condiciones para un debate serio, tranquilo y responsable de una nueva norma que rija los destinos de la mayor estructura de simbolización de la sociedad contemporánea. No aparece entonces clara la intención oficial, tan declamada por algunos de sus miembros, de ampliar las voces y opiniones, sino más bien otra: amordazar las voces independientes que sobreviven. Ocurre que no hay una sola señal que permita presumir que este Gobierno pretende abrir el debate sobre la radiodifusión para fortalecer un sistema de medios de comunicación privados y públicos independientes del poder político, que es en definitiva el único sentido que tendría la modificación de la ley vigente.” y con desgano, releí. Dice Felipe que la intención del oficialismo de modificar la ley de radiodifusión no es otra que la de “amordazar las voces independientes”. Agrega, aunque ya creo que para poder desconocer la autoría de esta nota, que “no hay una sola señal que permita presumir que este Gobierno pretende abrir el debate sobre la radiodifusión para fortalecer un sistema de medios de comunicación privados y públicos independientes del poder político, que es en definitiva el único sentido que tendría la modificación de la ley vigente. Felipe sostiene que la prensa es independiente, que tiene que ser completamente independiente del poder político, pero no del poder económico, claro, y por último que es esta la única razón para modificar una ley que, entre otras cosas, obliga a tener intervenido el COMFER para evitar que las Fuerzas Armadas manejen la radiodifusión nacional.

Felipe no cree esto, la pregunta es: ¿Qué le pasa?

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Un comentario en “¿Qué le pasó?

  1. Lo de Felipe parece una crítica de señora gorda. Cada vez más cerca de Savater y más lejos de Jauretche. Cambió recitar el Martín Fierro por El Matadero.
    Habría que preguntarle por qué no se le ocurrió hacer el comentario inverso, cuando los del campo usan como bandera, la bandera argentina. Usan como himno, el himno nacional. Cuando se ponen escarapelas para demostrar que ELLOS son el país. Achicar el Estado es agrandar la nación (la de ellos). El campo somos todos (sólo que lo usufructúan ellos, porque cuando pedimos nuestra parte, desabastecen a las ciudades).
    Que le pasa a Felipe que se pone del lado de la SIP? No se acuerda de que lejos de defender la libertad de prensa defiende la de empresa? No se acuerda como apoyaba la SIP al proceso?
    Cómo puede repetir la pelotudez de la falta de libertad de prensa, cuando es lo único que oímos sin parar por todos los medios?

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