…proveer a la defensa común…

Segunda parte de tres del cuento “Para los otros la libertad” de Enrique González Bergez, publicado en la revista UNIDOS en diciembre de 1987.

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…proveer a la defensa común…

El sufre del corazón, no puede trabajar. El doctor le dice que está bien, pero si yo lo oigo cómo se ahoga a la noche… Y con la calor, cuando toma mucha agua, le viene como un chucho. Lo que pasa es que para jubilarse le faltan siete años, pero… yo digo, con lo que este hombre ha trabajado en la bolsa ya tendría que poder jubilarse. Y lo peor son los disgustos. Cuando se murió la nena del Grabriel era como si hubiera sido su nieta, pero la nena ya venía enferma cuando el Grabriel se juntó.
Como él le decía, por qué no la internan porque la pobrecita era falta de nacimiento ya, y usted sabe lo que es ocho años en ese cajoncito sin poder moverse… El peligro era en verano por la mosca ¡Lo que ha sufrido esa criatura cuando se agusanaba!… ¡Pero si ni par fluido tenía a veces el Grabriel!…
Por eso cuando se murió, paz descanse, en medio de todo fue un alivio. Pero mi marido la sintió como una nieta. Y ahí le venía el sofoco y no podía de dolor de espalda. ¡Y cuando se estaba pasando todo eso viene que la Eva, la menor, queda embarazada. Y usted sabe, cómo están las cosas! El año pasado el Grabriel nutriaba, pero ahora no se pueden poner tramperas porque en todos los cuadros hay hacienda y el Doctor no quiere por los terneros. Y entonces la convencimos de que la tenía que dar. La señora nos dijo que a lo mejor un amigo de ellos, que la esposa no puede tener familia, se la podía quedar… que era gente muy rica que vivía en Francia y que ella le iba a avisar. Pero cuando le nació la nena el señor no apareció.
Y la Eva se empezó a encariñar con la nena, ¿usted sabe? Tres kilos y medio pesó la nena y es rubia… y linda. Mí marido se puso como loco y ya no quería darla. Pero nosotros ¿cómo la íbamos a criar? Y le empezó de nuevo la fatiga y los vómitos. Por suerte ayer vino el Grabriel con su señora y dicen que, si la Eva quiere, ellos se la quedan ya que se les murió la otra. Usted sabe ¡qué alegría! ¡qué se yo!… en alguna forma nos vamos a arreglar y la Eva, quién le dice, a lo mejor puede entrar de sirvienta en la estancia. Cuando vuelvan los patrones por ahí la toman… Pero si usted sabe de alguien que necesite una chica para todo trabajo, en Buenos Aires o donde sea, la Eva es fuerte y no le va a andar sacando el cuerpo.

…promover el bienestar general…

Señor Intendente del Partido de Coronel Céspedes, Señores Concejales y autoridades municipales y eclesiásticas, Señor Doctor don Guillermo Arroyo Zavala y familia, señoras y señores, pueblo de Estación Delfina:
Enorme emoción embarga mi espíritu, como Delegado Municipal de nuestro querido pueblo, al tener el honor de pronunciar estas palabras de agradecimiento en el solemne acto que nos convoca. No estará de más hacer una breve reseña de la trayectoria que nos trajo, desde aquel caserío inicial de principios de siglo, a este orgulloso presente que nos proyecta a un futuro mejor.
En el recodo que hace el camino que va a la fábrica de cerámica, lamentablemente ahora abandonada, estaba el monte de Moras, llamado así por el almacén de ramos generales de dicha familia, la más antigua de estos pagos. A dos cuadras de allí la pica del Progreso Inglés construiría, en 1904, la Estación de Ferrocarril y los enormes galpones que durante años almacenaron la riqueza de esta fértil llanura antes de que se trasladara al puerto desde donde, allende los mares, iría a alimentar al occidente civilizado.
Ya entonces las estancias El Retiro y Abril rodeaban estos predios. Empresa rural pujante, propiedad del aquel pionero que fue don Jorge Arroyo Pereira, cuyo hijo, el doctor Arroyo Zabala y sus nietos nos honran hoy con su presencia generosa. Heredó el hijo las virtudes del padre: abogado joven, perfeccionó sus estudios en colegios de Europa, a donde lo vuelven a llevar frecuentes viajes que alimentan su insaciable sed de cultura. Hombre de alcurnia, sabe lucir su señorío en los salones de Buenos Aires, pero también su trato afable con la gente modesta y su mano firme para manejar sus intereses, muestran al caballero de raza que supo incrementar el patrimonio de sus ancestros con la adquisición de otras dos estancias: La Lejana y El Cencerro, donde nacieron esos ejemplares de Aberdeen Angus galardoneados varias veces en Palermo.
Los hijos de este pueblo aprendieron de su ejemplo, trabajando codo a codo a su lado por esa grandeza. En alta medida a él le corresponde el mérito de haber forjado las virtudes que nos caracterizan: dedicación al trabajo, modestia, respeto, y obediencia.
El ha sido el primero en entenderlo y por eso estamos aquí a agradecerle el acto desinteresado de una donación que tomamos por los que es: inmerecida pero generosa, desde que pretende devolver al pueblo lo que él considera que merece por su tesón, premiando el sudor de sus esforzados hijos.
Doctor Arroyo Zabala reciba usted y su distinguida familia, por mi intermedio, la emocionada gratitud del los vecinos de Estación Delfina, que nunca olvidarán su gesto ante la grandeza de la nueva obra que desde hoy prestigia sus modestas calles, junto al edificio de la vieja escuela Lainez, al destacamento de policía y a la promesa de la próxima construcción, por el gobierno de la Provincia, de una sala de Primeros Auxilios.
Señor Cura Párroco de Coronel Céspedes, tenga usted a bien bendecir la Capilla San Jorge, donada por el doctor Arroyo Zabala.
Nada más.

(Continua)

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Publicado en UNIDOS, año V, N° 17, diciembre de 1987. La versión en Internet está en la página de Croqueta y la pueden consultar acá.

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4 comentarios en “…proveer a la defensa común…

  1. Gabriel: no es promover -que el preámbulo la usa cuando se refiere a la paz interior- sino proveer a la defensa común.
    Proveer es suministrar lo necesario para un fin. En el preámbulo se hace referencia a la necesidad de la defensa del país, una vez organizado y unido, a través de la constitución nacional. Hasta ese momento había luchas internas, a las que se le ponía fin.

    • Es un objetivo fundamental del Estado. Se propone otorgar al poder federal las fuerzas suficientes para la defensa del propio Estado, de las provincias y de la población. Significa también la defensa de la Constitución, de la comunidad y, con ella, de la persona humana.
      La defensa común que debe proveerse está por encima de intereses individuales y grupales, de banderías o sectores.

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