Confusiones electorales

Ayer conversaba con mi viejo. Su pregunta casi impaciente: ¿Cuál es tu ideología política? Y me quedé pensando: ¿Cuál es?

Desde 2003 que miro con simpatía al kirchnerismo. Lo voté en cada una de las elecciones siguientes. Lo defendí cada vez que fue atacado. Cada vez con más entusiasmo, aunque ya no por sus pasos, sino por sus contras. El 2008 fue muy fácil para eso. Los que empezaban a dudar de sus resoluciones y los que aun sosteníamos que era el proyecto que el país necesitaba, nos juntamos espalda contra espalda a defender la presidencia de Cristina. Incluso cuando empezó la pelea con los representantes del agro, algunos de los más lejanos, defendían pero con reservas. Con el paso del tiempo, mientras el conflicto avanzaba, se iban sumando a la defensa incondicional. En julio era ya total la defensa de unos y las criticas de otros. El país se había dividido perfectamente en dos y todos sabíamos con certeza cuál era nuestro grupo de pertenencia. Insisto, más por ver quienes lo criticaban que por las actitudes oficiales.

Pasado el conflicto y, sobre todo después del voto no positivo, quedaron los resabios de apoyo. Y la seguimos. Seguimos bancando con los ojos cerrados sus resoluciones para no dar el mínimo espacio a los otros a un “viste” o similares. La necesidad de encontrarnos justo en la vereda opositora a lo que la oposición representaba, facilitaba todo.

Los meses pasaron y el oficialismo logró fortalecerse. Pasó el tiempo y pudimos volver a tomar distancia y a analizar cada paso oficialista y cada paso opositor.

Ya no era necesario el apoyo incondicional. Nuevamente nos encontrábamos apoyando lo que considerábamos aprobable y criticando lo criticable. Aunque aun con resabios del golpe de julio, ante críticas pelotudas que nunca faltan, volvíamos a ponernos la camiseta y a poner los tantos en su lugar. Que nadie confundiera las cosas. Las críticas son desde adentro. Y desde adentro este gobierno es muy criticable.

Empezó el 2009 y se acercó la campaña. Empezó la campaña y oficialistas y opositores empezaron a opinar ya de cara a octubre.

Oportunistas con elecciones locales seguras y nacionales dudosas, resolvieron dentro de sus leyes electorales, desdoblarlas. Rápido de reflejos, el Gobierno Nacional, modificación de ley electoral de por medio, unificó el cronograma.

Se aceleró todo muchísimo y ya no es tan claro dónde estamos parados. Ya no es tan fácil sostener nuestra defensa a cualquier costa. Podemos decir con seguridad con quién no queremos estar. Con quien no estaremos. Perdónenme los kirchneristas duros, pero creo que ya pasó el conflicto que marcó la cancha y, si sirve como atenuante en mi juicio, siempre me encontrarán de vuestro lado cuando sea necesario.

El punto es que hoy ya no estoy tan seguro de ser kirchnerista. No como antes. Si bien el proyecto en líneas generales me parece el mejor de todos, sus actuales referentes y algunos de sus actos, ya no me tienen como fiel adepto.

Daniel Scioli fue elegido por el proyecto para gobernar Buenos Aires y lo entendí. No me gustó, pero lo entendí. Tener que soportarlo a Scioli como vicepresidente del Partido Justicialista ya es mucho. Ahora que sea una de las figuritas más relevantes me parece demasiado y no lo defiendo. Scioli es perfectamente el aliado incondicional de Mauricio Macri en las elecciones de 2011. Lo único que puede enfrentarlos, aunque no sabría decir si no será un enfrentamiento en internas, es que ambos lucharán por la presidencia. Eso lo saben Néstor y Cristina. Entonces por qué tenemos que soportarlo los demás. Por qué se lo levanta como un referente del “verdadero peronismo”.

El conurbano está repleto de intendentes que se cargan el municipio al hombro y todos los días salen a la calle a enfrentar los problemas. Esos intendentes fueron cafieristas, menemistas, duhaldistas, ruckaufistas y felipistas. Kirchner llegó a ellos desde la crítica. Entiendo sus necesidades, entiendo que luego los abrazara, entiendo a Cristina cuando abraza a Mario Ishi. Porque banco a Ishi. Políticamente es un cuadro increíble que gobierna José C. Paz desde su formación. Tiene el apoyo del pueblo de su municipio, uno de los más pobres del gran Buenos Aires. Respeto por don Mario. Pero si llegamos a abrazarlo a Ishi no salgamos a criticar esa forma de hacer política por la otra puerta. Seamos honestos. Intelectualmente honestos.

En San Miguel el kirchnerismo apoyó, con idas y vueltas, con internas en la propia Rosada, pero apoyó a Joaquín de la Torre. La otra línea política fuerte es el ex intendente Aldo Rico. No puede ser que se le dé luz verde a Carlos Kunkel para que coquetee con Rico. Y todo vale. Hay que sumar votos. De la Torre no puede gobernar San Miguel con Rico soplándole en la nuca. Muchachos, también me lo tengo que tragar a Rico?

Si el vasco Othacehe, intendente de Merlo, es un aliado y Cacho Álvarez otro, desde dónde podemos criticar a Osvaldo Mércuri.

Todo tiene un límite. Estamos hablando de política y para eso hay que entender las reglas del juego. Una vez que las aceptamos, desde el lugar desde donde las aceptemos y con los reparos que cada uno quiera poner, juzguemos a todos los que se presentan a elecciones con la misma escala.

Carlos Heller, los de Solidaridad e Igualdad, Miguel Bonasso, Claudio Lozano y hasta Felipe Solá son defendibles. Son defendibles y apoyábles. Claro, con límites. Pero los mismos límites que se les ponen al kirchnerismo. Por qué no me digan que lo aceptan con los ojos cerrados. Ya no.

Puedo decir que no estoy con: los hermanos Rodriguez Saá, los Romero, la Coalición Cívica, el radicalismo, el cobismo, el PRO, los Menem. No estoy con ellos y con muchos otros que no están en la lista por olvido más que por respeto.
Puedo decir que estoy con el proyecto kirchnerista, pero con salvedades, que estoy con Solá, pero con salvedades (la alianza con Macri, aunque no creo que llegue lejos), con Carlos Heller, con el SI.

Nunca me subiré a la crítica pelotuda contra D’Elía, Moreno o De Vido. Son terriblemente útiles y los banco. Tampoco me encontraré en la crítica deshonesta a los que fueron dando un paso al costado, pues entiendo sus razones.

No nos pongamos extremistas. Ni uno es todo ni el otro es traidor. Todos son políticos que se mueven defendiendo intereses. Intereses mezquinos en el medio e intereses loables en el fin. Pero todos tienen intereses de los dos tipos.

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10 comentarios en “Confusiones electorales

  1. ¿Este es el momento de plantarse? ¿Justo frente a unas elecciones decisivas?
    Perdón, pero eso me suena a lo de las ratas que dijeron más arriba. En el momento de tener que arremangarse para salvar el barco, se van por diferencias con el capitán.

  2. Yo tampoco estoy de acuerdo con vos, IGB. No sólo con lo que decís de los cambios de partidos y perdones a los que se acomodan -me parece que así se puede justificar cualquier cosa-, sino que tampoco con que ya haya pasado el conflicto que marcó la cancha.
    Estas elecciones son muy importantes. Son fundamentales. Acá lo que se pone en juego es la continuidad o no del sistema. Si el gobierno no gana esta elección (manteniendo la mayor parte de las cámaras), todo lo que se hizo desde 2003 hasta ahora, no habrá servido para nada. Para quienes bancamos al proyecto porque pese a sus errores le vemos un gran contenido de peronismo explícito, estas elecciones serán la bisagra entre la profundización del cambio -con muchas más medidas que apunten a la redistribución de la riqueza y a la integración regional del país como actor con voz y voto en el mundo-, y el regreso a la ocupación alternada del gobierno por parte de quienes añoran las políticas de los ’90 y un radicalismo moderado.
    La polarización es fundamental, porque el enemigo es un monstruo grande y pisa fuerte.
    Cuando seamos un país desarrollado, con pleno empleo y sin excluídos, podremos darnos el lujo -tal vez-, de elegir libremente por los totalmente puros. Mientras tanto, tenemos problemas muy básicos como para detenernos en nimiedades.

  3. La política es el andamiaje de la ideología. El andamiaje es contradictorio y sucio, debe construírse desde una realidad previa, escandalosamente injusta e inmoral, que, por eso. justifica la idea de que el fin justifica los medios. El deber del político de construir poder, como supuesto previo para cambiar esa realidad, habilita la discusión de si la ética individual debe, o no, estar al servicio de la ética que atiende el interés general. Apoyarse desde la conducción del proceso en la zona menos repudiable de las corporaciones donde reside el verdadero poder ( partidos políticos, empresarios, iglesia, sindicatos, paises extrangeros, medios de comunicación, etc.), negociar con esa zona de ellas alianzas circunstanciales, es, dentro de ciertos límites, explicable. Pactar con el adversario, con el que tiene la mirada contraria, con el que defiende los intereses que uno ataca, con el sólo fin de buscar votos es, o un fraude injustificable que proyecta una traición futura o, con menos ingenuidad y más probablemente, la creencia de que se puede proponer al zorro para cuidar el gallinero. Hay una pregunta que divide aguas: ¿está usted de acuerdo con que la prioridad es hoy la redistribución de la renta? y, en caso afirmativo ¿Cómo se hace? La respuesta K es sacándole a los que les sobra para atender a los que les falta. La respuesta PRO es aumentando la riqueza. Toda elección es una opción y ya vimos dónde se ubicó cada uno cuando se planteó el tema (125, AFJP, Aerolíneas, etc.). En cuanto a Luis Zamora, Miguel Bonasso, Claudio Lozano, Sabatella, Pino y otros, no son políticos que busquen gobernar sino dar un necesario testimonio idealógico desde la platea de observadores.

    • Vea Poirot, vea Fatiga, es cierto que el deber de un político es juntar poder. Ese poder tiene un fin inmediato y es la transformación de la realidad. El actual gobierno fue, en manos de Néstor Kirchner, un excelente alumno de esta teoría. Lo fue por necesidad imperiosa al asumir, con sus 22 % de los votos, y lo mantuvo como premisa durante sus 4 años y medio de mandato. Tanta importancia dio a esto, que una de sus últimas medidas como presidente fue permitir la fusión de Cablevisión y Multicanal. En claro beneficio al Grupo. Néstor entendió esto. El gobierno de Cristina planteó más a fondo, con el camino allanado por su antecesor, una pelea por la redistribución del ingreso más clara, más evidente. Fue la pelea por la 125. En esos días y meses que duró el planteo, estuve firme junto a la presidenta. Me parecía fundamental ganar esa batalla. No entendía los errores políticos cometidos, no entendía como no habían medido fuerzas previamente, no entendía porque razón se permitía desde la Rosada, o se facilitaba, la unión de la FAA y la SRA. Pero igual estuve firme junto a la medida, por considerarla justa.
      Sin embargo, creo que los errores se pagan y se pagan caros. No los paga Cristina ni Néstor, los paga el pueblo más carenciado. Siempre paga el pueblo los errores de los presidentes. La pregunta es: ¿Es gratis para Cristina ese costo? Creo que estamos en un momento donde se puede decir lo que se piensa, repito, desde adentro y aclarando mi apoyo al proyecto. Pero muchachos, es hora de hacer autocriticas y no ser necios con el opositor. Aprendamos a encontrar razones en el oponente que hasta ayer nos acompañaba y desde ahí sabremos corregir errores. No es acaso responsable Néstor del alejamiento de los Lozano, Bonasso y Solá. Les pregunto más directamente: ¿No creen ustedes que se podrían haber evitado esos distanciamientos?

  4. No creo que a Miguel Bonasso o a Claudio Lozano les quede la calificacion de ratas. Creo que tuvieron sus razones. Por otro lado, tampoco compro la teoria del hundimiento.

  5. IGB,
    LA discusión sería larga de mantener por este medio y el tiempo apremia a estas horas del mediodia. Acuerdo con BArroso, las contradicciones son parte de la historia y son parte de uno pero hay algunas que parecen trazos insalvables. Ser un K duro o no duro pareciera ser na entelequia argumentativa para cosntruir un puentesito en el que acostumbrarse a hamacar una ideología en post de otra, en este caso, más iracunda e inefable. LAs ideologías no se desglosan con la tersedad que expone tu post, un K no duro se enfrenta en la cima del conflicto más duro, en el juego político límite a su propia contradicción. En el juego político límite se abrochan los cinturones, de lo contrario lo que surge es la contradicción no de la historia sino de la clase. Un tema mucho más complejo que la exposición sistemática de los apoyo pero ahora la política impone el juego, no ya de los grises – discusión maniquea de la política que lo que hace es construir argumentaciones posibles para las pelotudeces de turno- sino de los opuestos.
    IGB, te conozco, no te entiendo, te banco, y te quiero, pero en este caso hermano, habrá que desasnar un poco más el tiempo de la respuestas para poder darnos un poco más de silencio entre tanta cnclusi
    ón.

  6. IGB, qué estás pretendiendo justificar? La política es y sirve en la medida en que es capaz de cambiar la realidad o de defender los intereses de quienes eligen a sus representantes. Pero no los intereses de los representantes en sí mismo.
    Como la situación de los electores no es toda igual, necesitan que los gestores (elegidos), privilegien algunas medidas sobre otras y enfoquen las distintas políticas de gobierno de manera que sus intereses se vean favorecidos.
    Por eso, no toda idea política es igual. No es lo mismo Negri que Schiaretti, no es lo mismo desCarrió que Cristina. No es lo mismo un estado fuerte que se ocupe de los débiles que un estado débil y ausente. No es lo mismo Menem que Kirchner. No es lo mismo aplicar las retenciones, que no hecerlo.
    Quien accede a un cargo representando al gobierno, no puede pasarse a la oposición de Macri sin traicionar a aquellos que lo apoyaron. No se trata de un partido afin con diferencias menores. Se trata justo de todo lo contrario a lo que propone el gobierno.
    Vos mismo estás diciendo que no estás con el PRO, por lo tanto no podés justificar a alguien que pasó del gobierno al PRO. Tampoco estás con Romero o Rodríguez Saa, que son justo los que están apoyando ese paso. Algo, mi amigo, no está teniendo coherencia.
    Se puede estar en desacuerdo con el gobierno después de haberlo apoyado como decís que te pasa, lo que no se puede, sin entrar en una fuerte contradicción, es pasarse a la oposición más reaccionaria.
    De lo contrario, vamos a ver a Talleres y que gobierne cualquiera, si total sería todo lo mismo.

    • Don Barroso, ya se le extrañaba, aunque sabía que iba a contar con usted en esta. Pero mire, mi amigo, no he dicho en el post que esté con el PRO ni con nadie que de ese partido. Solo tuve la intención de contar mis razones para no ser ya un kirchnerista duro. Dentro de esas razones, justifiqué el alejamiento de varios. Cada uno de los que se fue tendrá en su conciencia su destino. Solo pido que critiquemos a los díscolos con las mismas reglas que al kirchnerísmo o viceversa.
      El convite del futbol nos encontrará en bandejas opuestas en el Monumental ni bien vuelvan a Primera.

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