Autos locos. Por Fatiga

Artemio López, a partir de su caricaturización de Kirchner como Pierre Nodoyuna en su blog Ramble Tamble, tuvo la idea de asociar la campaña electoral a una carrera de los Autos Locos. Hoy, viendo los programas políticos del domingo, por los que desfilaron varios de los candidatos principales, tuve la sensación de que la idea de Artemio no es más que la mera realidad.
En una maratón interminable de candidatos, podía verse que todos habían tenido un pasado que preferirían que no fuera tenido en cuenta y que lo único que tenían para decir era observaciones sobre lo que hacían los demás. No hubo uno solo que dijera que tenía la idea de hacer algo; que tuviera algo para proponer; que sostuviera una posición política claramente diferenciada por sus objetivos. Todo se reducía a tratar de desacreditar a los rivales, en la seguridad de que la forma de ganar no es llegar primero, sino evitar que el otro lo haga.
En los Autos Locos, el inefable Pierre cuenta, además de con su compañero Patán, con un auto excelente, que le permitiría ganar cómodamente la carrera si se dedicara a correrla. Sin embargo no logra ganar nunca porque pone todo su esfuerzo en tratar de eliminar a sus competidores.
El gobierno largó las candidaturas testimoniales, como forma de ocultar que no ha formado cuadros dirigentes que pudiera presentar ya con nombre propio, tendiendo así una trampa a la oposición, al presentar listas con candidatos de un gran renombre (que después no asumirán y dejarán el lugar a los ignotos).
La oposición, venga de donde venga, se limita a agraviar al gobierno, tildándolo de dictadura, de locura extrema, de mesianismo, de soberbia, de descuidar las formas, de ausencia, de fraude y otros epítetos por el estilo. Pero ninguna referencia hace al contenido. Tampoco ningún reconocimiento. Mucho menos, entonces, puede proponer una idea superadora, ya que no le reconoce éxitos.
Todos quieren llegar. Nadie sabe para qué. Como si se tratara de algo que conocerían recién una vez que alcanzaran la meta.
Todos muestran un fuerte desprecio por el electorado, porque en lugar de presentarle propuestas para poder ser elegidos, se limitan a contarle por qué no deberían elegir a los otros.
Nadie resiste un archivo, pero como la mejor defensa es un buen ataque, todos entran a los gritos señalando con los dedos los errores y contradicciones que tienen los de la otra lista. Y esos errores pueden ser ciertos o inventados, que para el caso no hay diferencia. Todo vale.
Pierre sabe lo que quiere y aunque lo haga mal, con intermitencias y con errores, es el único que ya ha demostrado que le interesa la misma gente que a mi. Por eso yo, antes de comprar cualquiera de esas trampas ACME que activa la oposición, tengo claro que hay un enemigo mucho más grande a vencer y, como Patán, voy a sentarme en el asiento del acompañante y tapándome la boca diré: Jijiji.

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