¡¿Qué nos pasa a los Santafesinos, eh?! Por Fatiga

¡¿Qué nos pasa a los Santafesinos, eh?!

Senador Carlos Reutemann

Senador Carlos Reutemann

Cuando yo era chico, el Lole Carlos Alberto Reutemann era mi ídolo. El tipo se esforzaba, se rompía el alma y siempre andaba ahí. Como buen subdesarrollado, no estaba para campeón, que moralmente lo merecía, pero se las arreglaba con su capacidad como argentino, para conseguir destacarse y tener buenos resultados. Gracias a eso pasó de Brabham a segundo piloto de Ferrari. Y otra vez estuvo ahí. Gloriosos segundos puestos que siempre fueron altamente reconocidos por nosotros, sus seguidores. En mis juegos, sus autos sacaban notables diferencias gracias a apoyarse en la estirada doble n del final del nombre que aumentaba el rugido del motor.
Pero eso fue cuando yo era chico. Después crecí. Reutemann dejó de ser el Lole y pasó a conocerse sólo por el apellido, largó el automovilismo, a él lo largó Mimicha (su mujer) y, merced a la persistencia en la memoria de algunos, llegó a ocupar cargos políticos de la mano del peronismo. Y digo gracias a la memoria de algunos, porque el tipo casi no habla y cuando lo hace balbucea tímidamente sobre autos, sobre soja o directamente no dice nada, aunque mueva la boca.
A los primeros planos de la política llegó de la mano del Carlo, al que también le gustaban los fierros, lo cual le abrió no pocas puertas. Así, llegó a ser gobernador de Santa Fe sin casi pronunciar palabra (o por lo menos, palabra rescatable).
De su gobierno se destacan tres hechos. Una terrible inundación que lo encuentra como culpable o sufriente según quien dé la opinión, la renuncia a ser candidato presidencial (bajo la sospecha de haber conocido algo terrible que nunca confió), y el asesinato, a manos de la policía que él manejaba, del Pocho Lepratti (el Ángel de la Bicicleta) mientras trataba de impedir que abrieran fuego contra el comedor en el que colaboraba, porque adentro sólo había chicos comiendo.

Sin embargo, pasado el tiempo nada de esto parece haberlo afectado. No creo que lo rescate su pasado de corredor, porque la mayoría de la gente no lo conoció. Si conocieron, en cambio, su vuelco hacia la derecha del peronismo y su afinidad con Menem y la política de los ’90. Su vicegobernador fue el Presidente de la Sociedad Rural (Marcelo Muniagurria), quien todavía lo asesora y lo acompaña.
Y ahora, de cara a las próximas elecciones, parece que Reutemann será número puesto. Y esto no por haber contado con el apoyo de Kirchner en algún momento. Es más, el no quiere ir con el Frente para la Victoria, porque le resulta una mochila demasiado pesada.
Ahora, este tipo se olvida de que cuando él renunció a ser el candidato presidencial, el país era otro. Por la desocupación, por la deuda, por el FMI, por las AFJP, por la vigencia de la Ley Banelco, por la crisis, por el olvido de los jubilados, por la falta de estímulo a la producción, por la distribución de la riqueza, por la ausencia del Estado, por la composición de la Corte Suprema, por la ausencia de reservas, por la falta de reconocimiento internacional del país y por muchísimas cosas más que se le deben a Néstor y a Cristina, en primer lugar, y a una enorme cantidad de gente que les hizo el aguante.
Por eso me pregunto: ¿Qué nos pasa a los santafesinos?

Diputado Agustín Rossi

Diputado Agustín Rossi

Del otro lado aparece Agustín Rossi (con quien departimos ayer en el Congreso). Un tipo que se la jugó entero en defensa del proyecto. Que se bancó la pelea en la Cámara por la 125. Que aseguró el éxito para el gobierno en la mayoría de las decisiones determinantes. Que ha sido y es partícipe necesario y fundamental de la transformación que los Kirchner le dieron al país. Que no pataleó ni puso el grito en el cielo (como hicieron tantos) cuando Néstor lo ninguneaba a la hora de elegir sus candidatos en Santa Fe.
¿Qué nos pasa a los santafesinos -Kirchner incluído tal vez-, que teniendo que elegir entre un tipo como Rossi, que ha probado su capacidad, su utilidad y su servicio a favor de la causa de una Argentina más justa, más abarcadora y en vías de desarrollo que, por primera vez en muchos años, aparece como una posibilidad cierta, terminamos inclinándonos por un tipo que si bien se dice peronista, cada vez que las papas quemaron no dudó en ponerse a salvo?
¿Es que acaso preferimos los ’90?
Cuando Néstor dice que si el gobierno pierde las elecciones volvemos al 2001, tiene razón. El 2001 fue la culminación de los ’90. Con Kirchner, y ahora con Cristina, tomamos distancia a pasos agigantados de aquella debacle, agarrando justamente para el lado contrario de lo que el FMI y la ortodoxia cipaya nos impusieron como “de manual”. De casi un 50% de problemas de empleo, pasamos a un desempleo del 8%. Recuperamos la decisión y el manejo sobre nuestra economía. Por eso, votar a Reutemann, como votar a la oposición, significa optar por el regreso a las políticas neoliberales que precisamente están fracasando estruendosamente en el mundo (y todo mientras casualmente acá, por primera vez en la historia, casi ni sentimos la estampida). Debilitar al gobierno en estas elecciones importa impedirle continuar transformando al país en un país independiente. Los mismos jefes de la oposición confirman que quieren volver a pedir créditos al Fondo Monetario. Reutemann, por caso, votó en contra de la Resolución 125, que no sólo hubiera significado –como se vio después-, una mejora para los productores, sino que implicaba el acceso a fondos que ellos quieren deberle al FMI.
Y ahora vienen las elecciones… ¿Vamos a optar por Reutemann? ¿Qué nos pasa a los santafesinos?
Para cerrar, quiero aclarar que no soy santafesino, soy porteño y voto en Buenos Aires. Pero estas elecciones ponen en juego las mayorías dentro del Congreso de la Nación. Las leyes que allí se dicten, nos aprovechan a todos los argentinos sin preguntarnos de qué provincia somos. Por eso, en la defensa de Agustín Rossi me va también la defensa del gobierno, la necesidad de allanar el camino para profundizar el modelo. Que falta muchísimo por hacer. Que este gobierno tiene muchísimas falencias y aristas criticables. Pero que cuando la pelea es por el título, todos queremos que quede en la Argentina.
Después de todo, nadie -y digo NADIE-, ha demostrado tener la intención y ha apuntado todo el esfuerzo para llevar el país a una transformación tan grande en dirección a una mayor justicia social, una orgullosa soberanía política y una verdadera independencia económica en los últimos 50 años. Por cierto, Agustín Rossi es pieza fundamental en todo eso.

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