Tacuarita Brandazza, presente

Gritos, Rosario, Brandazza, 24 años, un coronel Sarmiento, un relato, una historia que nos deja mudos, un hijo de re mil putas que tuvo una hija que es jueza, una jueza para el Juri, un ex militar que está viejo pero que merece el juicio de cuando fue joven, parte de la historia de los argentinos que no se puede callar ni ignorar.

“Soy Brandazza y me secuestran”

Por Jorge Giles para El Argentino

¿Lo escuchó su señoría?

¿En serio nunca oyó hablar de él?

Haga un esfuerzo, señora jueza.

Dicen los rosarinos que cuando cae la noche y penan las almas por las calles, es imposible cruzar la esquina de Córdoba y Boulevard Oroño sin escuchar los gritos de Brandazza.

Ahí lo llevan, en el baúl de un auto. Y le grita a su conciencia, señoría. A nuestras conciencias. A todos.

Ahora cumpliría sesenta años, Tacuarita. No le dejaron cumplir siquiera 24.

No le dieron oportunidad de ponerse viejo, como su padre, señora jueza.

Ni tener hijos ni esposas ni amantes ni nietos ni más amigos que los que tuvo.

El coronel Luís Sarmiento procedía con el manual de torturas de la “Escuela de las Américas” siempre a mano. Por si algo fallaba en el interrogatorio.

Lo llamaban “el mago de la picana” porque cuando se abría la puerta de la sala de tortura, aparecía con una valijita así de chiquita y larga. La abría en silencio, meticulosamente.

Temblaban las paredes cuando la abría. Nadie decía nada. El coronel hacía su faena sobre el cautivo. Desnudo, amarrado, vendado, con un trapo en la boca.

¿Lo escucha gritar a Tacuarita, su señoría?

Por si olvidó, en la página 7 del diario Clarín del 1 de diciembre de 1973, en la tercera columna, escrito está: “que Brandazza se escapó de la camioneta Chevrolet y fue introducido en el Ford azul celeste…que había un militar llamado Sarmiento que era muy bueno para aplicar la picana eléctrica. Que era un mago y usaba un aparato igual al que se ve en la película Estado de Sitio…”

Lo dicen los testigos de la policía, su señoría.

Ese coronel también está acusado por el genocidio de Videla, Massera, Agosti.

¿Recuerda esa dictadura, su señoría?

Con un pequeño esfuerzo, usted comprenderá que nadie fue ministro del terrorismo de estado, ni secretario, ni asesor, ni jefe ni subjefe, sino consentía al menos, que se torture hasta matar a los prisioneros.

Y que se tiren al mar las madres parturientas para robarle luego sus hijos recién nacidos.

Le damos otra ayuda, su señoría.

Graciela Franzen y su hermano Arturo, fueron torturados en Misiones cuando el coronel Sarmiento era un supremo torturador. Graciela lo denunció años después, por que sobrevivió.

Su hermano no pudo hacerlo. Fue asesinado en la Masacre de Margarita Belén, Chaco.

Por estas causas, la justicia anda buscando al coronel desde hace años.

“¿Y por qué no antes?”

Preguntan sin vergüenza los eunucos del monopolio mediático.

Miserables: Punto Final. Obediencia Debida. Indulto a los genocidas. ¿No les dice nada?

En la semana que hoy se inicia, la Memoria tendrá su día el 24.

Hay una mirada que no está, una melodía, una nostalgia, una risa, un grito.

“Soy Brandazza y me secuestran”

Cuando en la dictadura, ese coronel Sarmiento era ministro en Misiones y Elisa Carrió, funcionaria en el Chaco, Alicia Eguren, la compañera de Cooke, mujer comprometida hasta los huesos con su pueblo, desapareció en la Esma.

Alguien la recordaba así:

“Alicia Eguren mostraba la bombacha sin querer cuando se sentaba
Despatarrada. Desenvuelta como un cordel.
Hablaba y daba vuelta al mundo en un abrir y cerrar de ojos.
Cambiaba su eje de rotación y las estrellas bajaban a sus manos.
“El Bebe me decía” y recitaba a Cooke de arriba abajo, ida y vuelta, sin respiros.
No tenía pudor bajo la pollera. Y era libre de veras cuando sonreía.
Una vez fuimos al barrio en la Citroneta. No paraba de hablar.
Y recordaba al Che que era su amigo. Y citaba a Fidel que fue su jefe en Cuba.
Y cruzaba sus piernas graciosamente mientras aseguraba que Perón iba a volver.

A dos años vista del luche y vuelve.
Cuando volvimos ese día por la noche, Alicia estaba descalza.
Había regalado sus zapatos a una compañera que ya venía descalza del invierno anterior.
Me dio pudor mirarla, dijo entre bronca y dolor. Yo me puse a llorar disimulando.
Ella hizo como que no se daba cuenta. Pero al bajar me dijo suavemente:
Una lágrima derramada a tiempo, siempre te ayuda a crecer”.

Tacuarita era igual de solidario, su señoría.

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Un comentario en “Tacuarita Brandazza, presente

  1. tacuarita era amigo de mi mama en la universidad y ella siempr me cuenta aun oy esa historia. ella lo vio en el auto, todos gritaron, pero no los escucharon, intentaron pararlos, pero ya era muy tarde, tacuarita, decia mi mama, ya estaba desaparecido…

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