Caminar

Obviedades que parecen no ser tan obvias

En febrero de este año, por primera vez en 30, descubrí el placer de caminar por una ciudad. Caminé en un mes por siete ciudades distintas. Caminé tal vez por muchas más ciudades distintas, pues uno las ve según su estado de ánimo, según el clima y según la compañía. Seguramente si volviera caminaría por distintas ciudades pasando por las mismas calles.

Al volver a Buenos Aires, seguí caminando y caminé por la ciudad que más conozco. Conocí otra ciudad. Buenos Aires es muy diferente cuando se la camina. No cuando uno se traslada, sino cuando la camina por caminarla. Me reencontré con Buenos Aires.

Hay, como era de esperarse, varias formas de mirarla y cada caminata le encuentra una nueva. Enumerarlas no tiene sentido, pues pueden imaginarlas.

Voy a detenerme en una: la desigual. Convivimos hombres y mujeres, chicos y grandes, altos y petisos, gordos y flacos, ricos y pobres. Esto es común en todas las ciudades. En mayor o menor medida en todas ocurre. Sin embargo en Buenos Aires ocurre, y me da la impresión de que no queremos hacernos cargo, lo que vemos que ocurre en Río de Janeiro, en San Pablo, en Bogotá, en Lima: los ricos son muy ricos y los pobres muy pobres. Ya no es la diferencia entre centro y periferia, entre Buenos Aires y el interior. Ocurre en las calles de esta ciudad. Pero seguimos como si nada, pedimos otro café y volvemos a comentar la película que vimos en el cine ayer.

Los porteños no nos detenemos a ver lo que todos los días pasa por nuestras narices, más allá de algún comentario obligado, superficial y sin ganas sobre la desigualdad. Hay enormes edificios, con grandes oficinas de seguridad, con enromes recepciones con sillones y mesas donde rara vez se sienta alguien, con gran cantidad de personal acomodando las plantas de los jardines y pileteros pasando barre fondo. Hay muy buenos autos, de esos que llaman la atención hasta en Paris. Y esto está ocurriendo en el mismo lugar donde no hay casa, no hay techo, no hay comida, no hay ropa y no hay absolutamente ninguna esperanza. Ya no es a 10 cuadras de acá, es acá. Conviven.

Todos lo sabemos, y estoy diciendo una obviedad que les sorprende por obvia. Ayer el INDEC dijo que la indigencia a nivel nacional estaba en el orden del 5,9 % de la población (más de 1.400.000 personas). Y es un dato de un Instituto oficial muy cuestionado por dar cifras favorables al gobierno. Dimos vuelta la página y seguimos como si nada. Los más optimistas comentaron que la cifra se redujo respecto de igual período anterior. Otros opinaron que era otra mentira más del gobierno. Todos siguieron conversando como si nada pasara.

Buenos Aires tiene 3 millones de habitantes. Al caminar por sus calles, podemos pensar y hacerlo en serio, que en el mejor de los casos, que si los datos del INDEC fueran ciertos y no reducidos, significaría que uno de cada dos personas que nos cruzamos es indigente. Uno de cada dos. Miren en su familia, piensen que la mitad es indigente.

Hace una semana escuché una frase que se ha repetido en la historia de este país más de una vez: ¿Por qué vienen a dividir a los argentinos? ¿Por qué generan rencor donde no lo había? Ahora les pido que hagan un ejercicio: piensen por un minuto que no tienen casa, que no tienen trabajo, que no tienen plata para darle de comer a sus hijos, que tienen hambre. Imaginen que están en la calle y ven esos edificios y esos autos y esa indiferencia. Vean que todo sigue como si nada mientras ustedes tienen hambre. Sus hijos tienen hambre. Ahora piensen de nuevo las dos preguntas.

Podemos cuestionar que el IVA, impuesto común a ricos y pobres, es muy alto. Todos los argentinos pagamos un 21% de impuestos por igual. Podemos cuestionar al gobierno por sostener que trabaja por la redistribución de la riqueza y no reduce el IVA. Pero ¿Podemos cuestionar lo alto que es el impuesto a las ganancias? ¿A los bienes personales? ¿A la exportación de alimentos? ¿Podemos?

Anuncios

2 comentarios en “Caminar

  1. La pregunta está bien planteada, y la respuesta creo que es obvia.
    El argumento de discusión es como se administra esa plata, lo que igual no sirve de excusa.
    “No pago porque se la roban” es un facilismo de auto convencimiento que libera de culpas a sus propias conciencias, pero explicar eso ya es mucho.

  2. ¿hay gente que sí puede cuestionar pagar lo que debe? Son los privilegiados y poderosos. Tendremos que seguir trabajando e imaginar maneras para que la desigualdad desaparezca de nuestra patria, abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s