Cam

Aunque no lo aceptáramos te fuiste
De nosotros te fuiste, así lo entiendo.
El estado de gracia en que moriste
Nos dejó en soledad, sólo existiendo.

La mirada celeste y algo triste,
la sonrisa perenne, la estoy viendo,
El cuerpo malherido por el daño
Ya son humo y ceniza, son engaño
Que llenará el recuerdo de tu risa.

Pero morirte el alma, no lo creo.
Ese faro ejemplar, ese bagaje,
Hecho de eternidad y de coraje
de aceptación, de luz y de consuelo.

No le cabe a tu muerte ningún luto:
Hemos quedado solos con el duelo,
Pero tu ejemplo ha sido un absoluto
Testimonio de vida en otro cielo.

_
Por Enrique González Bergez

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