Belle Époque

Nos parecía difícil que pudieran hacer un buen gobierno. La vara estaba alta: una desocupación cercana al 6 por ciento; jubilado todo aquel en edad de serlo; asignación universal a la niñez; derechos civiles, sociales, sindicales y todo otro que se les ocurra a la orden del día; la educación como prioridad desde el jardín hasta la universidad, con netbooks en cada estudiante, con nuevas universidades; la cultura en su belle époque, con teatros y cines a salas llenas, con publicaciones que colmaban librerías y con ventas records en todos los órdenes; porque se veía al consumo interno como el principal motor de la economía, y desde la venta de autos (ni que hablar del millón de autos de fabricación nacional anual) hasta la venta de ropa o electrodomésticos, el consumo en restaurantes, o negocios de varieté, las escapadas los fines de semana largo y larguísimos con la incorporación del feriado puente, el turismo como motor adicional de una nave que en todos los órdenes se movía, con obra pública como pocas veces en la historia, con satélites en el espacio y otros en fabricación, con represas como Yacyretá terminadas y plantas de energía nuclear como Atucha y Atuchas terminadas y nuevas en construcción, con más de 1000 científicos argentinos repartidos por el mundo nuevamente en casa con trabajo y fondos para investigar, porque todo esto pasaba en una Argentina que no se endeudaba sino que pagaba sus deudas, como al Fondo Monetario o el Club de Paris, que renegociaba su deuda privada con una quita histórica a nivel mundial y con el 93 por ciento de sus acreedores aceptándolo, porque para esa Argentina no se vendieron las joyas de la abuela, sino que al contrario, se recompraron, como YPF, Aerolíneas o el Agua, porque esa Argentina se incorporó al mundo del que era parte como nunca, con el fortalecimiento del Mercosur, sumando países al bloque regional, o la creación de la UNASUR, o el comercio bilateral en moneda propia con Brasil, o la alianza histórica con el gigante de Asia, China, o el comercio histórico con Europa. Porque el país creció a tasas nunca vistas durante más de 12 años. Estaba la vara alta decía y vaya si estaba alta. Porque al mismo tiempo se enjuició a los represores de la última dictadura y Videla, murió en una cárcel común, mientras todos los demás presos asisten a tribunales de todo el país escuchando alegatos y sentencias. Porque la Argentina durante 12 años se paró sobre sus pies y dijo ‘acá estamos, somos un país soberano que reclama pacíficamente la restitución de las Islas Malvinas aún ocupadas por ingleses, que homenajea a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en la Asamblea de las Naciones Unidas y que mantiene estrecha relación con el Papa’, que también es argentino. La vara por las nubes y otros venían con ideas de cambio. Cambiar todo esto y salir bien parado sí que era una tarea más que difícil, imposible. Y lo es. La única opción era decir que en esos 12 años todo lo que pasó en realidad no pasó, porque no era cierto, porque los argentinos no teníamos real derecho a irnos de vacaciones o comprar un teléfono móvil, porque ese país de fantasía fue eso, una ilusión pintada por quienes en realidad nos quisieron distraer con un solo objetivo: robar. Porque en el país real que ellos ahora nos enseñan no todos pueden tener un empleo, y quienes lo conserven no podrán consumir como lo hacían, porque eso está reservado para las clases más altas, ni mucho menos salir de vacaciones, porque eso pertenecía a la mentira del pasado, donde todos eran en realidad malos, locos y adictos. Porque antes nos hacían creer en papeles de colores que no eran ciertos. Pero ahora sí nos cuentan el país real, ahora sí tenemos que estar contentos con la alegría propia de quien vive como tiene que vivir en función de sus posibilidades reales, porque nada de pretender más de lo que se tiene, porque se nace donde se nace. Es que no entendíamos. Por suerte ahora estamos gobernados por los que saben, o al menos están aprendiendo, pero tienen buenas intenciones, y son dueños de las empresas que contratan para proveernos a todos, pero lo hacen porque esas empresas no roban y son buenas. Porque Aerolíneas no tiene que volar si no gana plata, mejor es que deje a otros ese trabajo, a los que sí ganan. Porque YPF tiene que entender que Shell es mejor. Porque los servicios no son para todos y todas, sino solo para quienes los pueden pagar. Por suerte ahora vivimos en un país real. El tema no era que la vara estaba alta, sino que era de fantasía. Un cuento que nos hizo felices, pero que fue solo eso, un cuento.

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